ENVEJECER
Envejecer también es
cruzar untar de humillaciones cada día;
es mirar a la víctima
de lejos, con una perspectiva
que en lugar de
disminuir los detalles los agranda.
Envejecer es no poder
olvidar lo que se olvida.
Envejecer transforma
a una víctima en victimario.
Siempre pensé que las
edades son todas crueles,
y que se compensan o
tendrían que compensarse
las unas con las
otras. ¿De qué me sirvió pensar de este modo?
Espero una revelación.
¿Por qué será que un árbol
embellece
envejeciendo? Y un hombre espera redimirse
sólo con los despojos
de la juventud.
Nunca pensé que envejecer fuera el más arduo de los
ejercicios,
una suerte de
acrobacia que es un peligro para el corazón.
Todo disfraz repugna
al que lo lleva. La vejez
es un disfraz con
aditamentos inútiles.
Si los viejos parecen
disfrazados, los niños también.
Esas edades carecen
de naturalidad. Nadie acepta
ser viejo porque nade
sabe serlo,
como un árbol o como
una piedra preciosa.
Soñaba con ser vieja
para tener tiempo para muchas cosas.
No quería ser joven,
porque perdía el tiempo en amar solamente.
Ahora pierdo más
tiempo que nunca en amar,
porque todo lo que
hago lo hago doblemente.
El tiempo
transcurrido nos arrincona; nos parece
que lo que quedó atrás
tiene más realidad
para reducir el
presente a un interesante precipicio.
Silvina Ocampo
28 de julio de 1903
Buenos Aires –
Argentina
















