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lunes, 23 de marzo de 2026

NO SOY MAGA NI SIRENA...

 


NO SOY MAGA NI SIRENA…

 

No soy maga ni sirena,

ni querub ni pitonisa,

como en tus versos galanos

me llamas hoy, bella niñas.

Gertrudis tengo por nombre,

cual recibido en la pila;

Me dice Tula mi madre,

y mis amigos la imitan.

Prescinde, pues, te lo ruego,

de las Safos y Corinas,

y simplemente me nombra

Gertrudis, Tula o amiga.

Amiga, sí; que aunque tanto

contra tu sexo te indignas,

y de maligno lo acusas

y de envidioso lo tildas,

en mí pretendo probarte

que hay en almas femeninas,

para lo hermoso entusiasmo,

para lo bueno justicia.

Naturaleza madrastra

no fue (lo ves en ti misma)

con la mitad de la especie

que la razón ilumina.

No son las fuerzas corpóreas

de las del alma medida,

no se encumbra el pensamiento

por el vigor de las fibras.

Perdona, pues, si no acato

aquel fallo que me intimas;

como no acepto el elogio

en que lo envuelves benigna.

No, no aliento ambición noble,

como engañada imaginas,

de que en páginas de gloria

mi humilde nombre se escriba.

Canto como canta el ave,

como las ramas se agitan,

como las fuentes murmuran,

como las auras suspiran.

Canto porque al cielo plugo

darme el estro que me anima;

como dio brillo a los astros,

como dio al orbe armonías.

Canto porque hay en mi pecho

secretas cuerdas que vibran

a cada efecto del alma

a cada azar de la vida.

Canto porque hay luz y sombras,

porque hay pesar y alegría,

porque hay temor y esperanza,

porque hay amor y hay perfidia.

Canto porque existo y siento,

porque lo bello me admira,

porque lo bello me encanta,

porque lo malo me irrita.

Canto porque ve mi mente

concordancias infinitas,

y placeres misteriosos,

y verdades escondidas.

Canto porque hay en los seres

sus condiciones precisas:

corre el agua, vuela el ave,

silba el viento, y el sol brilla.

Canto sin saber yo propia

lo que el canto significa.

Y si al mundo, que lo escucha,

asombro o lástima inspira.

El ruiseñor no ambiciona

que lo aplaudan cuando trina

latidos son de su seno

sus nocturnas melodías.

Modera, pues, tu alabanza,

y de mi frente retira

la inmarchitable corona

que tu amor me pronostica.

Premiando nobles esfuerzos,

sienes más heroicas ciña;

que yo al cantar solo cumplo

la condición de mi vida.

 

Gertrudis Gómez de Avellaneda

23 de marzo de 1914

Puerto Príncipe – Cuba

 

lunes, 24 de marzo de 2025

AL DESTINO

 

AL DESTINO

 

Escrito estaba, sí: se rompe en vano

una vez y otra la fatal cadena,

y mi vigor por recobrar me afano.

Escrito estaba: el cielo me condena

a tomar siempre el cautiverio rudo,

y yo obediente acudo,

restaurando eslabones

que cada vez más rígidos me oprimen;

pues del yugo fatal no me redimen

de mi altivez postreras convulsiones.

 

¡Heme aquí! ¡Tuya soy! ¡Dispón, destino,

de tu víctima dócil! Yo me entrego

cual hoja seca al raudo torbellino

que la arrebata ciego.

¡Tuya soy! ¡Heme aquí! ¡Todo lo puedes!

Tu capricho es mi ley; sacia tu saña…

pero sabe, ¡oh cruel!, que no me engaña

la sonrisa falaz que hoy me concedes.

 

Gertrudis Gómez de Avellaneda

23 de marzo de 1914

Puerto Príncipe – Cuba

sábado, 23 de marzo de 2024

NO ENCUENTRO PAZ, NI ME PERMITEN GUERRA...

 

NO ENCUENTRO PAZ, NI ME PERMITEN GUERRA…

 

 

No encuentro paz, ni me permiten guerra;

de fuego devorado, sufro el frío;

abrazo un mundo, y quédome vacío;

me lanzo al cielo, y préndeme la tierra.

 

Ni libre soy, ni la prisión me encierra;

veo sin luz, sin voz hablar ansío;

temo sin esperar, sin placer río;

nada me da valor, nada me aterra.

 

Busco el peligro cuando auxilio imploro;

al sentirme morir me encuentro fuerte;

valiente pienso ser, y débil lloro.

 

Cúmplese así mi extraordinaria suerte;

siempre a los pies de la beldad que adoro,

y no quiere mi vida ni mi muerte.

 

Gertrudis Gómez de Avellaneda

23 de marzo de 1914

Puerto Príncipe (Cuba)

viernes, 22 de marzo de 2024

CONTRA MI SEXO TE ENSAÑAS...

 

CONTRA MI SEXO TE ENSAÑAS…

 

Contra mi sexo te ensañas

y de inconstante lo acusas;

quizá porque así te excusas

de recibir cargo igual.

Mejor obrará si emprendes

analizar en ti mismo

del alma humana el abismo,

buscando el foco del mal.

 

Proclamas que las mujeres

(cual dijo no sé quién antes),

piensan amar sus amantes

cuando aman sólo al amor;

que el vago ardor del deseo

se agita constante en ellas;

mas pasa sin dejar huellas

su preferencia mayor.

 

¡Ay, amigo! No te niego

verdad que tan sólo prueba

que son las hijas de Eva

como los hijos de Adán.

A entrambos el daño vino

de la funesta manzana,

y a toda la raza humana

sus tristes efectos van.

 

¡Misera raza!... su mengua

Sufre, pero no la entiende;

y aún sueña y hallar pretende

bienes que torpe perdió.

Tras ellos ciega se lanza,

girando en vértigo insano…

mas nunca su empeño vano

ni aun en sombra los gozó.

 

Amor pide, dicha busca,

y a esperar loca se atreve

que en vaso corrupto y breve

apague el alma se sed;

pero ella su afán inmenso

siente perenne, profundo,

y rompe lazos del mundo

como el águila la red.

 

En balde en la extraña lucha

de su cansancio y su anhelo

le agrada tomar el velo

que la presenta el error,

y en los pálidos fantasmas

-Que agranda ilusa ella sola

se finge ver la aureola

de la dicha y del amor.  

 

¡Resbala pronto la venda!

¡Resbala y ve –con despecho-

que vuela, en humo deshecho,

el fulgor de su ilusión!

Pues no cabe en ser que piensa

que eterno el engaño sea

aunque inmortal es la idea

que seduce al corazón.

 

No es, no, flaqueza en nosotros,

si indicio de altos destinos,

que aquellos bienes divinos

nos sirvan de eterno imán,

y que el alma no los halle,

-Por más que activa se mueva

ni tú en las hijas de Eva,

ni yo en los hijos de Adán-.

 

Unas y otros nos quedamos

de los ideal a distancia

y en todos es la inconstancia

constante anhelo del bien.

¡De amor y dicha tenemos

sólo un recuerdo nublado;

pues su goce fue enterrado

bajo el árbol del edén!

 

Jamás ¡oh amigo! Ventura

ni amor eterno hallaremos…

Pero ¿qué importa? ¡esperemos!

Porque es vivir esperar;

y aquí –do todo nos habla

de pequeñez y mudanza

sólo es grande la esperanza

y perenne el desear-.

 

Gertrudis Gómez de Avellaneda

23 de marzo de 1914

Puerto Príncipe (Cuba)