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domingo, 5 de octubre de 2025

SALVACIÓN EN EL TIEMPO

 


SALVACIÓN EN EL TIEMPO

 

No quiero retrasar por más que el tiempo retrase

y mienta en números lo que en verdad confiesa.

No quiero quedarme al margen como caña sin dueño

mientras el río canta su eterna maravilla.

 

¿El río muere, el río vive, el río llora, el río ríe?

Yo quiero ser mi río y mis dos orillas.

Irme quedándome.

Agua y cauce,

pez y sauce.

Y melodía y risa y brisa.

 

Pero retraso no. Mi andante justo.

Desde el alba al ocaso

marcando el paso siempre paso a paso.

No hay que hacer caso al tiempo sino al tempo.

 

Oh tempo, en ti me salvo. Te soy fiel.

 

Gerardo Diego

3 de octubre de 1896

Santander

jueves, 3 de octubre de 2024

OTOÑO

 

 


OTOÑO

 

Mujer densa de horas

y amarilla de frutos

como el sol del ayer.

 

El reloj de los vientos te vio florecer

cuando en su jaula antigua

se arrancaba las plumas el terco atardecer.

 

El reloj de los vientos

despertador de pájaros pascuales

que ha dado la vuelta al mundo

y hace juegos de agua en los advientos.

 

De tus ojos la arena fluye en un río estéril.

 

Y tantas mariposas distraídas

han fallecido en tu mirada

que las estrellas ya no alumbran nada

 

Mujer cultivadora

de semillas y auroras.

 

Mujer en donde nacen las abejas

que fabrican las horas.

 

Mujer puntual como la luna llena

 

Abre tu cabellera

                            origen de los vientos

que vacía y sin muebles

mi colmena te espera.


Gerardo Diego

3 de octubre de 1896

Santander


NO ESTÁ EL AIRE PROPICIO PARA ESTAMPAR MEJILLAS...

 


NO ESTÁ EL AIRE PROPICIO PARA ESTAMPAR MEJILLAS…

 

 

No está el aire propicio para estampar mejillas.

Se borraron la flechas que indicaban la ruta

más copiosa de pájaros para los que agonizan.

Se arrastran por los suelos nubes sin corazón

y a la garganta trepa la impostura del mundo.

 

No está el aire propicio para cantar tus labios,

tu nuca en descuerdo con las leyes de física

ni tu pecho de interna geografía afectuosa.

Las tijeras gorjean mejor que las calandrias

y no vuelven ya nunca si remontan el vuelo

y aquí en mi cercanía tres libros se aproximan,

abiertos en la página donde muere una reina.

 

Qué dulce despertar el del amor que existe

y qué existencia clara la del ojo que duerme,

velado por las alas remotas de los párpados.

 

Pétalos de difuntas miradas, llueven, llueven

y llueven, llueven, llueven. Me sepultan los pies,

las rodillas, el vientre, la cintura, los hombros.

Van a enterrarme vivo; van a enterrarme vivo;

 

No está el aire propicio para soñar contigo.

 

Gerardo Diego

3 de octubre de 1896

Santander