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miércoles, 4 de marzo de 2026

TODOS VIENEN A DARME CONSEJO...

 

TODOS VIENEN A DARME CONSEJO…

 

Todos vienen a darme consejo.

Yo estoy dormido junto a un pozo.

 

Todos se acercan y me dicen:

-La vida se te va,

y tú e tiendes en la yerba,

bajo la luz más tenue del crepúsculo,

atento solamente

a mira cómo nace

el temblor del lucero

o el pequeño rumor

del agua, entre los árboles.

 

Y tú te tiendes sobre la yerba:

cuando ya tus cabellos

comienzan a sentir

más cerca y fríos que nunca,

la caricia y el beso

de la mano constante

y sueño de la luna.

 

Y tú te tiendes sobre la yerba:

cuando apenas si puedes

sentir en tu costado

el húmedo calor

del grano que germina

y el amargo crujir

de la rosa muerta.

 

Y tú te tiendes sobre la yerba:

cuando apenas si el viento

contiene su rigor,

al mirar en ruina

los muros de tu espalda,

y, el sol, ni se detiene

a levantar tu sangre del silencio.

 

Todos se acercan y me dicen:

-Tú duermes en la tierra

y tu corazón sangra

y sangra, gota a gota

ya sin dolor, encima de tu sueño,

como en lo más oscuro del jardín, en la noche,

ya sin olor, se muere la violeta-.

Todos vienen a darme consejo.

Yo estoy dormido junto a un pozo.

 

Sólo, si algún amigo mío

se acerca, y, sin pregunta

me da un abrazo entre las sombras:

lo llevo hasta asomarnos

al borde, juntos, del abismo,

y, en sus profundas aguas,

ver llorar a la luna y su reflejo,

que más tarde ha de hundirse

como piedra de oro,

bajo el otoño frío de la muerte.

 

Emilio Prados

4 de marzo de 1899

Málaga

martes, 4 de marzo de 2025

POSESIÓN LUMINOSA

 


POSESIÓN LUMINOSA

 

Igual que este viento, quiero

figura de mi calor

ser y, despacio, entrar

donde descanse tu cuerpo

del verano; irme acercando

hasta él sin que me vea;

llegar, como un pulso abierto

latiendo en el aire; ser

figura del pensamiento

mío de ti, en su presencia;

abierta carne del viento,

estancia de amor en alma.

 

Tú –blando marfil de sueño,

nieve de carne, quietud

de palma, luna en silencio--,

sentada, dormida en medio

de tu cuarto. Y yo ir entrando

igual que un agua serena,

inundarte todo el cuerpo

hasta cubrirte y, entero

quedarme ya así por dentro,

como el aire en un farol,

viéndote temblar, luciendo,

brillar en medio de mi,

encendiéndote en mi cuerpo,

iluminando mi carne

toda ya carne de viento.

 

Emilio Prados

4 de marzo de 1899

Málaga

miércoles, 6 de marzo de 2024

PRIMAVERA

 


PRIMAVERA

 

 

Cuando era primavera en España:

frente al mar, los espejos

rompían sus barandillas

y el jazmín agrandaba

su diminuta estrella,

hasta cumplir el límite

de su aroma en la noche.

 

Cuando era primavera.

 

Cuando era primavera en España:

junto a la orilla de los ríos,

las grandes mariposas de la luna

fecundaban los cuerpos desnudos

de las muchachas

y los nardos crecían silencios

dentro del corazón

hasta taparnos la garganta.

Cuando era primavera.

 

Cuando era primavera en España:

todas las playas convergían en un anillo

y el mar sonaba entonces,

como el ojo de un pez sobre la arena,

frente a un cielo más limpio

que la paz de una nave, sin viento, en su pupila.

Cuando era primavera.

 

Cuando era primavera en España:

los olivos temblaban

adormecidos bajo la sangre azul del día,

mientras que el sol rodaba

desde la piel tan limpia de los toros,

al terrón en barbecho

recién movido por la lengua caliente de la azada.

Cuando era primavera.

 

Cuando era primavera en España:

los cerezos en flor

se clavaban de un golpe contra el sueño

y los labios crecían

como la espuma en celo de una aurora,

hasta dejarse nuestro cuerpo a su espalda,

igual que el agua humilde

de un arroyo que empieza.

Cuando era primavera.

 

Cuando era primavera en España:

todos los hombres olvidaban su muerte

y se tendían confiados, juntos, sobre la tierra

hasta olvidarse el tiempo

y el corazón tan débil por el que ardían.

Cuando era primavera.

 

Cuando era primavera en España:

yo buscaba en el cielo,

yo buscaba

las huellas tan antiguas

de mis primeras lágrimas

y todas las estrellas levantaban mi cuerpo

siempre tendido en una misma arena,

al igual que el perfume, tan lento,

nocturno, de las magnolias.

Cuando era primavera.

 

Pero, ¡ay!, tan sólo

cuando era primavera en España.

Solamente en España,

antes, cuando era primavera.

 

Emilio Prados

4 de marzo de 1899

Málaga

 

 

lunes, 4 de marzo de 2024

NUEVO AMOR

 


NUEVO AMOR

 

 

Este cuerpo que Dios pone en mis brazos

para enseñarme a andar por el olvido,

no sé ni de quién es.

 

Al encontrarlo,

un ángel negro, una gigante sombra,

se me acercó a los ojos, y entró en ellos

silencioso y tenaz igual que un río.

 

Todo lo destruyó con su corriente.

Los íntimos lugares más ocultos

visitó, alborotó; fue levantado,

violento, dulce, atropellado y roto,

a otro mundo en los bordes de mi beso:

única flor aún viva en el espacio,

que en más fecundo ardor cambió la ausencia.

Luego en mi carne abrió sus amplias alas,

clavándome sus plumas bajo el pecho

todo temblor y anuncio de otras dudas…

 

No sé qué vida, así, podrá encenderme

la entrada de este ángel.

Soy un templo

arruinado, desde que vino a mí:

farol vacío;

como puerta cerrada de lo eterno…

 

Y lo que fui no sé: quizás lo sepa,

cuando este cuerpo vuelva a abandonarme

y yo vuelva a nacer desde mis labios

despegado al calor que los concibe…

 

Mas hoy, por fin, he detenido al día

le he destrozado el corazón al tiempo,

aunque dentro de mí como una daga,

siento al ángel crecer, que me atormenta.

 

 

Emilio Prados

4 de marzo de 1899

Málaga