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martes, 23 de diciembre de 2025

¡OH TRISTE COCHE VIEJO, QUE EN MI MEMORIA RUEDAS!

 


¡OH TRISTE COCHE VIEJO, QUE EN MI MEMORIA RUEDAS!

 

¡Oh triste coche viejo, que en mi memoria ruedas!

¡Pueblo, que en un recodo de mi alma te pierdes!

¡Lágrima grande y pura, lucero que te quedas,

temblando en la colina, sobre los campos verdes!

 

Verde el cielo profundo, despertaba el camino,

fresco y fragante del encanto de la hora;

cantaba un ruiseñor despierto, y el molino

rumiaba un son eterno, rosa frente a la aurora.

 

-Y en el alma, un recuerdo, una lágrima, una

mano alzando un visillo blanco al pasar un coche…

la calle de la víspera, azul bajo la luna

solitaria,  los besos de la última noche

 

¡Oh triste coche viejo, que en mi memoria ruedas!

¡Pueblo, que en un recodo de mi alma te pierdes!

¡Lágrima grande y pura, lucero que te quedas,

temblando, en la colina, sobre los campos verdes!

 

Juan Ramón Jiménez

23 de diciembre de 1881

Moguer (Huelva)

 

miércoles, 25 de diciembre de 2024

ÁRBOLES HOMBRES


ÁRBOLES HOMBRES

 

Ayer tarde,

volvía yo con las nubes

que entraban bajo rosales

(grande ternura redonda)

entre los troncos constantes.

 

La soledad era eterna

y el silencio inacabable.

Me detuve como un árbol

y oí hablar a los árboles.

 

El pájaro solo huía

de tan secreto paraje,

sólo yo podía estar

entre las rosas finales.

 

Yo no quería volver

en mí, por miedo de darles

disgusto de árbol distinto

a los árboles iguales.

 

Los árboles se olvidaron,

de mi forma de hombre errante,

y, con mi forma olvidada,

oía hablar a los árboles.

 

Me retardé hasta la estrella.

En un vuelo de luz suave,

fui saliéndome a la orilla,

con la luna ya en el aire.

 

Cuando yo ya me salía,

ví a los árboles mirarme.

Se daban cuenta de todo

y me apenaba dejarles.

 

Y yo los oía hablar,

entre el nublado de nácares,

con el blando rumor, de mí.

Y ¿cómo desengañarles?

 

¿Cómo decirles que no,

que ya era sólo el pasante,

que no me hablaran a mí?

No quería traicionarles.

 

Y ya muy tarde, ayer tarde,

oí hablarme a los árboles.

 

Juan Ramón Jiménez

23 de diciembre de 1881

Moguer (Huelva)

 



viernes, 22 de diciembre de 2023

¡QUÉ GOCE TRISTE ÉSTE...!

 

¡QUÉ GOCE TRISTE ÉSTE…

 

 

¡Qué goce triste éste

de hacer todas las cosas como ella las hacía!

 

Se me torna celeste

la mano, me contagio de otra poesía.

 

Y las rosas de olor,

que pongo como ella las ponía,

exaltan su color;

y los bellos cojines,

que pongo como ella los ponía

florecen sus jardines;

y si pongo mi mano

-como ella la ponía-

en el negro piano,

surge como en un piano muy lejano,

más honda la diaria melodía.

 

¡Qué goce triste este

de hacer todas las cosas como ella las hacía!

 

Me inclino a los cristales del balcón,

con un gesto de ella,

y parece que el pobre corazón

no está tan sólo. Miro

al jardín de la tarde, como ella,

y el suspiro

y la estrella

se funden en romántica armonía.

 

¡Qué goce triste este

de hacer todas las cosas como ellas las hacía!

 

Dolorido y con flores,

voy, como un héroe de poesía mía,

por los desiertos corredores

que despertara ella con su blando paso,

y mis pies son de raso

-¡oh, ausencia hueca y fría!-

y mis pisadas dejan resplandores.

 

¡Qué goce triste este

de hacer todas las cosas como ella las hacía!

 

Juan Ramón Jiménez

23 de diciembre de 1881

Moguer (Huelva)