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sábado, 9 de mayo de 2026

CANCIÓN PARA UN POETA VIEJO



CANCIÓN PARA UN POETA VIEJO

A Vicente Aleixandre

 

Muy cerca de la vida. Así tu hablar.

Llegaste a viejo cual se llega al mar.

Azotado del viento y de los años

fuiste la vida, no sus desengaños.

Tu voz sonaba a viento y caracolas,

viejo de luz, hermano de las olas.

Conocimiento fue tu reposar.

Llegaste a viejo cual se llega al mar.

Llegaste a viejo cual se llega a ser

la luz delgada del amanecer.

La luz delgada del saber callar,

del saber conocer y callar.

Del saber esperar, callar, seguir

hasta las olas del saber vivir.

Hasta las olas del saber amar

profundamente y como es quieto el mar.

Y como es quieto el mar se pone en pie

la insurrección del nunca moriré.

Y así tu ser, escrito en agua y sal

y en viento fue, y en todo lo inmortal.

 

Carlos Bousoño

9 de mayo de 1923

Boal (Asturias)


miércoles, 6 de mayo de 2026

CORAZÓN PARTIDARIO



CORAZÓN PARTIDARIO

 

Mi corazón, lo sabes,

no está con el que triunfa o que lo espera,

con el juramento mercader

que acecha el buen provecho,

se agazapa, salta sobre la utilidad, que es su querida,

 

busca ganancia en el abrazo,

obtiene renta de las mariposas y pone rédito a la luz,

cobra recibo por los amaneceres milagrosos,

por cambiante gracia del color

de una invisible rosa apresurada,

dulce y apresurada

como si fuese un hombre o una llama

o una felicidad humana: sí.

 

Mi corazón no está con el hombre que sabe

de la verdad todo lo necesario

para olvidar el resto de ella,

satisfecho del viento, poderoso del humo,

canciller de la niebla,

rey acaso, pero nunca de sí.

 

Carlos Bousoño

9 de mayo de 1923

Boal (Asturias)


martes, 20 de mayo de 2025

Y TÚ QUE TANTO AMAS, TANTO RÍES...



Y TÚ QUE TANTO AMAS, TANTO RÍES…

 

Y tú que tanto amas, tanto ríes,

tanto adivinas y conoces tanto,

¿dónde el escudo para que te fíes,

dónde el pañuelo de enjugar tu llanto?

 

¿Dónde el camino que no veo ahora?

Dímelo o llora y el mirar suprime.

¿Es ya la noche que no tiene aurora?

Dímelo, dime.

 

Y sin embargo tu vivir empaña

mi vivir con un vaho que es ternura,

que es caliente rumor que me acompaña

la noche oscura.

 

Y sin embargo con tu mano guías

y a tientas toco lo que apenas veo

y digo acaso para que sonrías

lo que no creo.

 

Y toco apenas y tu bulto aprendo

y torpe sigo lo que tú me indicas.

Lo que no miro, lo que no comprendo,

tú multiplicas.

 

Tú multiplicas, o quizás es tu invento

porque lo vea aunque quizá no exista.

Entre la noche de mi pensamiento

dulce es tu vista.

 

Dulce es tu vista, tu mirar risueño

que mira un llano donde estaba un monte

y que a mi alma de temblor pequeño

llamó horizonte.

 

Dulce es tu vista que miró aquel lago

y lo llamaba alegre mar bravío.

Tu generoso corazón es mago

¡Lo fuese el mío!

 

Carlos Bousoño

9 de mayo de 1923

Boal (Asturias)


sábado, 4 de mayo de 2024

IRÁS ACASO POR AQUEL CAMINO EN EL CHIRRIANTE ATARDECER...

 


IRÁS ACASO POR AQUEL CAMINO EN EL CHIRRIANTE ATARDECER…

 

Irás acaso por aquel camino en el chirriante atardecer

de cigarras, cuando el calor inmóvil te impide, como un bloque, respirar.

E irás con la fatiga y el recuerdo de ti, un día y otro día,

                      subiendo a la montaña por el camino sendero,

gastando los pesados zapatos contra las piedras del camino,

un día y otro día gastando contra las piedras de la esperanza, el dolor,

gastando la desolación, día a día,

la infidelidad de la persona que te supo, sin embargo, querer

(gastándola contra las piedras del camino), que te supo adorar,

gastando su recuerdo y el recuerdo de su encendido amor,

gastándolo

hasta que no quede nada,

hasta que ya no quede nada

de aquel delgado susurro, de aquel silbido,

de aquel insinuado lamento;

gastándolo hasta que se apague el murmullo del agua en el sueño,

el agitarse suave de unas rosas, el erguirse de un tallo

más allá de la vida,

hasta que ya no quede nada y se borre la pisada en la arena,

se borre lentamente la pisada que se aleja para siempre en la arena,

el sonido del viento, el gemido incesante del amor, el jadeo del amor,

 

el aullido en la noche

de su encendido amor y el tuyo

(en la noche cerrada

de su abrasado amor),

de su amor abrasado que incendiaba las sábanas, la alcoba, la bodega,

entre las llamas ibas abrasándote todo hacia el quemado atardecer,

flotabas entre llamas sin saberlo hacia el ocaso mismo de tu quemada vida.

Y ahora gastas los pies contra las piedras del camino

despacio, como si no te importara demasiado el sendero,

demasiado el arbusto, la encina, el jaramago,  

la llanura infinita, la inmovilidad de la tarde

infinita, allá abajo, en el valle de piedra

que se extiende despacio, esperando despacio

que se gasten tus pies, día a día,

contra las piedras del camino.     

 

 

Bousoño, Carlos

9 de mayo de 1923

Boal - Asturias