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domingo, 26 de abril de 2026

DESPUÉS DEL AMOR

 


DESPUÉS DEL AMOR

 

Tendida tú aquí, en la penumbra del cuarto,

como el silencio que queda después del amor,

yo asciendo levemente desde el fondo de mi reposo

hasta tus bordes, tenues, apagados, que dulces existen.

Y con mi mano repaso las lindes delicadas de tu vivir

retraído.

Y siento la musical, callada verdad de tu cuerpo, que hace

un instante, en desorden, como lumbre cantaba.

El reposo consiente a la masa que perdió por el amor su

forma continua,

para despegar hacia arriba con la voraz irregularidad de

la llama,

convertirse otra vez en el cuerpo veraz en sus límites se rehace.

 

Tocando esos bordes, sedosos, indemnes, tibios,

delicadamente desnudos,

se sabe que la amada persiste en su vida.

Momentánea destrucción el amor, combustión que

amenaza

al puro ser que amamos, al que nuestro fuego vulnera,

sólo cuando desprendidos de sus lumbres deshechas

la miramos, reconocemos perfecta, cuajada, reciente la

vida,

la silenciosa y cálida vida que desde su dulce exterioridad

nos llamaba.

He aquí el perfecto baso del amor que, colmado,

opulento de su sangre serena, dorado reluce.  

He aquí los senos, el vientre, su redondo muslo, su acabado

pie,

y arriba los hombros, el cuello de suave pluma reciente,

la mejilla no quemada, no ardida, cándida en su rosa

nacido,

y la frente donde habita el pensamiento diario de nuestro

amor, que allí lúcido vela.

En medio, sellando el rostro nítido que la tarde amarilla

caldea sin celo,

está la boca fina, rasgada, pura en las luces.

Oh temerosa llave del recinto del fuego.

Rozo tu delicada piel con estos dedos que temen y saben,

mientras pongo mi boca sobre tu cabellera apagada.   

 

Vicente Aleixandre

26 de abril de 1898

Sevilla

viernes, 26 de abril de 2024

TRIUNFO DEL AMOR

 


TRIUNFO DEL AMOR

 

 

Brilla la luna entre el viento de otoño,

en el cielo luciendo como un dolor largamente sufrido.

Pero no será, no, el poeta quien diga

los móviles ocultos, indescifrable signo

de un cielo líquido de ardiente fuego que anegara las almas,

si las almas supieran su destino en la tierra.

 

La luna como una mano,

reparte con la injusticia que la belleza usa,

sus dones sobre el mundo.

Miro unos rostros pálidos.

Miro rostros amados.

No seré yo quien bese ese dolor que en cada rostro asoma.

Sólo la luna puede cerrar, besando,

unos párpados dulces fatigados de vida.

Unos labios lucientes, labios de luna pálida,

labios hermanos para los tristes hombres,

son un signo de amor en la vida vacía,

son el cóncavo espacio donde el hombre respira

mientras vuela en la tierra ciegamente girando.

El signo del amor, a veces en los rostros queridos

es sólo la blancura brillante,

la rasgada blancura de unos dientes riendo.

Entonces sí que arriba palidece la luna,

los luceros se extinguen

y hay un eco lejano, resplandor en oriente,

yago clamor de soles por irrumpir pugnando.

¡Qué dicha alegre entonces cuando la risa fulge!

Cuando un cuerpo adorado;

erguido en su desnudo, brilla como la piedra,

como la dura piedra que los besos encienden.

Mirad la boca. Arriba relámpagos diurnos

cruzan un rostro bello, un cielo en que los ojos

no son sombra, pestañas, rumorosos engaños,

sino brisa de un aire que recorre mi cuerpo

como un eco de juncos espigados cantando

contra las aguas vivas, azuladas de besos.

 

El puro corazón adorado, la verdad de la vida,

la certeza presente de un amor irradiante,

su luz sobre los ríos, su desnudo mojado,

todo vive, pervive, sobrevive y asciende

como un ascua luciente de deseo en los cielos.

 

Es sólo ya el desnudo. Es la risa en los dientes.

Es la luz o su gema fulgurante: los labios.

Es el agua que besa unos pies adorados,

como un misterio oculto a la noche vencida.

 

¡Ah maravilla lúcida de estrechar en los brazos

un desnudo fragante, ceñido de los bosques!

¡Ah soledad del mundo bajo los pies girando,

ciegamente buscando su destino de besos!

Yo sé quien ama y vive, quien muere y gira y vuela.

Sé que lunas se extinguen, renacen, viven, lloran.

Sé que dos cuerpos aman, dos almas se confunden.

 

 Aleixandre, Vicente

26 de abril de 1898

Sevilla

martes, 19 de septiembre de 2023

LA OSCURIDAD

 


LA OSCURIDAD

 

 

No pretendas encontrar una solución. ¡Has mantenido

   tanto tiempo abiertos los ojos!

Conocer, penetrar, indagar: una pasión que dura lo que

   la vida.

Desde que el niño furiosos abre los ojos. Desde que

   romper su primer juguete.

Desde que quiebra la cabeza de aquel muñeco y ve,

   mira el inexplicable vapor que no ven los otros ojos humanos.

Los que le regañan, los que dicen: “¿Ves? ¡Y te lo

   acabábamos de regalar!...”.

Y el niño no les oye porque está mirando, quizá está

   oyendo el inexplicable sonido.

 

Después cuando muchacho, cuando joven.

El primer desengaño. El primer beso no correspondido.

 

Y luego de hombre, cuando ve sudores y penas, y

   tráfago, y muchedumbre.

Y con generoso corazón se siente arrastrado

y es una sola oleada con la multitud, con la de los que

   van como él.

 

Porque todos ellos son uno, uno solo: él; como él es

   todos.

Una sola criatura viviente, padecida, de la que cada

   uno, sin saberlo, es totalmente solidario.

 

Y luego, separado un instante, pero con la mano

   tentando el extremo vivo donde se siente y hasta donde

   llega el latir de las otras manos,

escribir aquello o indagar esto, o estudiar en larga

   vigilia,

ahora con las primeras turbias gafas ante los ojos,

ante los cansados y esperanzados y dulces ojos que

   siempre preguntan.

 

Y luego encenderse una luz. Es por la tarde. Ha caído

   lentamente el sol y se dora el ocaso.

Y hay unos salpicados cabellos blancos, y la lenta

   cabeza suave se inclina sobre una página.

 

Vicente Aleixandre

Cuadro: "Los colores de la noche" de Van Gogh

martes, 5 de septiembre de 2023

LAS PALABRAS DEL POETA

 


LAS PALABRAS DEL POETA

 

 

Después de las palabras muertas,

de las aún pronunciadas o dichas,

¿qué esperas? Unas hojas volantes,

más papeles dispersos. ¿Quién sabe? Unas palabras

deshechas, como el eco o la luz que muere allá en gran noche.

 

Todo es noche profunda.

Morir es olvidar unas palabras dichas

en momentos de delicia o de ira, de éxtasis o abandono,

cuando, despierta el alma, por los ojos se asoma

más como luz que cual sonido experto.

Experto, pues que dispuesto fuese

en virtud de su son sobre página abierta,

apoyado en palabras, o ellas con el sonido calan

el aire y se reposan. No con virtud suprema,

pero sí con un orden, infalible, si quieren.

Pues obedientes, ellas, las palabras, se atienen

a su virtud y dóciles

se osan soberanas bajo la luz se asoman

por una lengua humana que a expresarlas se aplica.

 

Y la mano reduce

su movimiento a hallarlas,

no: a descubrirlas, útil, mientras brillan, revelan,

cuando no, en desengaño, se evaporan.

 

Así, quedadas a las veces, duermen,

residuo al fin de un fuego intacto

que si murió no olvida,

pero débil su memoria dejó, y allí se hallase.

 

Todo es noche profunda.

Morir es olvidar palabras, resortes, vidrio, nubes,

para atenerse a un orden

invisible de día, pero cierto en la noche, en gran abismo.

Allí la tierra, estricta,

no permite otro amor que el centro entero.

Ni otro beso que serle.

Ni otro amor que el amor que, ahogado, irradia.

 

En las noches profundas

correspondencia hallasen

las palabras dejadas o dormidas.

En papeles volantes, ¿quién las sabe u olvida?

Alguna vez, acaso, resonarán, ¿quién sabe?,

en unos pocos corazones fraternos.

 

Vicente Aleixandre

Cuadro de Salvador Dalí

lunes, 24 de julio de 2023

IMPAR

 


IMPAR

Óleo “Niño de Vallecas”

 

 

A veces ser humano es difícil. Se nació casi al borde.

Helo aquí, y casi mira. Desde su estar inmóvil rompe el aire

y asoma súbito a este frente: aquí es asombro.

Pues está y os contempla, o más, pide ser visto, y más mirado, salvo.

Tiene su pelo mixto, cubriendo desigual la enorme masa,

y luego, más despacio, la mano de quien aquí lo puso trazó lenta la frente,

la inerte frente que sería y no fuese,

no era. La hizo despacio como quien traza un mundo

a oscuras, sin iluminación posible,

piedra en espacios que nació sin vida

para rodar externamente yerta.

Pero esa mano sabia,  humana, más despacio lo hizo,

aquí lo puso como materia, y dándole

su calidad con tanto amor que más verdad sería:

sería más luces, y luz daba esa piedra.

La frente muerta dulcemente brilla,

casi riela en la penumbra, y vive.

Y enorme vela sobre unos ojos mudos,

horriblemente dulces, al fondo de su estar, vítreos, sin lágrima.

La pesada cabeza, derribada hacia atrás, mira, no mira,

pues nada ve. La boca está entreabierta;

solo por ella alienta, y los bracitos cortos juegan ríen,

mientras la cara grande muerta, ofrécese.

 

La mano aquí lo pintó, lo acarició

y más: lo respetó, existiendo.

Pues era. Y la mano apenas lo resumió exaltando

su dimensión veraz. Más templó el aire,

lo hizo más verdadero en su oquedad posible

para el ser, como una onda que límites se impone

y dobla suavemente en sus orillas.

 

Si le miráis le veréis hoy ardiendo

como en húmeda luz, todo él envuelto

en verdad, que es amor, y ahí adelantado, aducido,

pidiendo, suplicando sin voz: pide ser salvo.

Miradle, sí: salvadle.  Él fía en el hombre.

 

Vicente Aleixandre

Cuadro: "Niño de Vallecas" de Velázquez

miércoles, 26 de abril de 2023

SE QUERÍAN

 

SE QUERÍAN

 

 

Se querían.

Sufrían por la luz, labios azules en la madrugada,

labios saliendo de la noche dura,

labios partidos, sangres, ¿sangre dónde?

Se querían en un lecho navío, mitad noche, mitad luz.

 

Se querían como las flores a las esquinas hondas,

a esa amorosa gema del amarillo nuevo,

cuando los rostros giran melancólicamente,

giralunas que brillan recibiendo aquel beso.

 

Se querían de noche, cuando los perros hondos

laten bajo la tierra y los valles se estiran

como lomos arcaicos que se sienten repasados:

caricia, seda, mano luna que llega y toca.

 

Se querían de amor entre la madrugada,

entre las duras piedras cerradas de la noche,

duras como los cuerpos helados por las horas,

duras como los besos de diente a diente sólo.

 

Se querían de día, playa que va creciendo,

ondas que por los pies acarician los muslos,

cuerpos que se levantan de la tierra y flotando…

se querían de día, sobre el mar, bajo el cielo.

 

Mediodía perfecto, se querían tan íntimos,

mar altísimo y joven, intimidad extensa,

soledad de lo vivo, horizontes remotos

ligados como cuerpos en soledad cantando.

 

Amando. Se querían como la luna lúcida,

como ese mar redondo que se aplica a ese rostro,

dulce eclipse de agua, mejilla oscurecida,

donde los peces rojos van y vienen sin música.

 

Día, noche, ponientes, madrugadas, espacios,

ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas,

mar o tierra, navío, lecho, pluma, cristal,

metal, música, labio, silencio, vegetal,

mundo, quietud, su forma. Se querían, sabedlo.

 

Vicente Aleixandre

26 de abril de 1898

miércoles, 15 de marzo de 2023

POEMA DE AMOR



POEMA DE AMOR

 

 

Te amo, sueño del viento;

confluyes con mis dedos olvidado del norte

en las dulces mañanas del mundo cabeza abajo

cuando es fácil sonreír porque la lluvia es blanda.

 

En el seno de un río viajar es delicia;

oh peces amigos, decidme el secreto de los ojos abiertos,

de las miradas mias que van a dar en la mar,

sosteniendo las quillas de los barcos lejanos.

 

Yo os amo, viajadores del mundo, los que dormís sobre el agua,

hombres que van a América en busca de sus vestidos,

los que dejan en la playa su desnudez dolida

y sobre las cubiertas del barco atraen el rayo de la luna.

 

Caminar esperando es risueño, es hermoso,

la plata y el oro no han cambiado de fondo,

botan sobre las ondas, sobre el lomo escamado

y hacen música o sueño para los pelos más rubios.

 

Por el fondo de un río mi deseo se marcha

de los pueblos innúmeros que he tenido en las yemas,

esas oscuridades que vestido de negro

he dejado ya lejos dibujadas en espalda.

 

La esperanza es la tierra, es la mejilla,

es un inmenso párpado donde yo sé que existo.

¿Te acuerdas? Para el mundo he nacido una noche

en que era suma y resta la clave de los sueños.

 

Peces, árboles, piedras, corazones, medallas,

sobre vuestras concéntricas ondas, si, detenidas,

yo me muevo y, si giro, me busco, oh centro, oh centro,

camino, viajadores del mundo, del futuro existente

más allá de los mares, en mis pulsos que laten.

 

Vicente Aleixandre

Cuadro de Edouard Manet