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miércoles, 12 de noviembre de 2025

ENTRA LA NOCHE COMO UN TRUENO...

 


ENTRA LA NOCHE COMO UN TRUENO…

 

Entra la noche como un trueno

por los rompientes de la vida,

recorre salas de hospitales,

habitaciones de prostíbulos,

templos, alcobas, celdas, chozas,

y en los rincones de la boca

entra también la noche.

 

Entra la noche como un bulto

de mar vacío y de caverna,

se va esparciendo por los bordes

del alcohol y del insomnio,

lame las manos del enfermo

y el corazón de los cautivos,

y en la blancura de las páginas

entra también la noche.

 

Entra la noche como un vértigo

por la ciudad desprevenida,

rasga las sábanas tristes,

repta detrás de los cobardes,

ciega la cal y los cuchillos

y en el fragor de las palabras

entra también la noche.

 

Entra la noche como un grito

por el silencio de los muros,

propaga espantos y vigilias,

late en lo hondo de las piedras,

abre los últimos boquetes

entre los cuerpos que se aman,

y en el papel emborronado

entra también la noche.

 

José Manuel Caballero Bonald

11 de noviembre de 1926

Jerez de la Frontera (Cádiz)

martes, 5 de noviembre de 2024

LA VUELTA

 


LA VUELTA

 

Por el camino se me van cayendo

frutas podridas de la mano

y voy dejando manchas de tristeza en el polvo

donde quiera que piso;

un pájaro amanece ante mis ojos

y en seguida anochece entre sus alas;

la asamblea de hormigas se disuelve

cuando en mí la tormenta se aproxima;

el sol calienta al mar en unas lágrimas

que en el camino enciende mi presencia;

la desnudez del campo va vistiéndose

según van mis miradas acosándole

y el viento hace estallar

una guerra civil entre las hierbas.

 

Noticia triste de mi cuerpo dictan

las verdes amapolas en capullo,

la codorniz se espanta

y asusta al macho con historias mías.

Vengo desnudo de la hermosa clámide

que solía vestirme cuando entonces:

clámide con las voces de los pájaros,

el graznido del cuervo, la carrera veloz de la raposa

-a la que llaman zorra mis parientes-,

del arroyo que un día se llevaba mis pasos

y de olores de jara y de romero

hace tanto tejida.

 

Días de mi ascensión, cuando el lagarto

solía conocer mis intenciones,

cuando solía la retama

pedirme venia para echar raíces,

cuando algún cazador me confundió

con una piedra viva entre las piedras.

Pero yo te conozco, campo mío,

yo recuerdo haber puesto entre tus brazos

aquel cuerpo caliente que tenía,

haber dejado sangre entre los surcos

que abrían los caballos de mi padre.

Yo te conozco y noto que tus senos

empiezan a ascender hacia mis labios.

 

José Manuel Caballero Bonald

11 de noviembre de 1926

Jerez de la Frontera

MI PROPIA PROFECÍA ES MI MEMORIA

 


MI PROPIA PROFECÍA ES MI MEMORIA 


Vuelvo a la habitación donde estoy solo

cada anoche, almacén de los días

caídos ya en su espejo naufragable.

Allí, entre testimonios maniatados,

yace inmóvil mi vida: sus papeles

de tornadizo sueño. La madera,

el temblor de la lámpara, el cristal

visionario, los frágiles

oficios de los muebles, guardan

bajo sus apariencias el continuo

regresar de mis años, la espesura

tenaz de mi memoria, toda

la confluencia simultánea

de torrenciales cifras que me inundan.

 

Mundo recuperable, lo vivido

se congrega impregnando las paredes

donde de nuevo nace lo caduco.

Reconstruidas ráfagas de historia

juntan el porvenir que soy. Oh habitación

a oscuras, súbitamente diáfana

bajo el fanal del tiempo repetible.

 

Suenan rastros de luz allá en la noche.

Estoy solo y mis manos

ya denegadas, ya ofrecidas,

tocan papeles (este amor, aquel

sueño), olvidadas siluetas, vaticinios

perdidos. Allí mi vida a golpes

la memoria me orada cada día.

 

Imagen ya de mi exterminio,

se realiza de nuevo cuanto ha muerto.

Mi propia profecía es mi memoria:

mi esperanza de ser lo que ye sido.

 

José Manuel Caballero Bonald

11 de noviembre de 1926

Jerez de la Frontera (Cádiz)

sábado, 11 de noviembre de 2023

A BATALLAS DE AMOR, CAMPO DE PLUMAS

 


A BATALLAS DE AMOR, CAMPO DE PLUMAS

 

 

Ningún vestigio tan inconsolable

como el que deja un cuerpo

entre las sábanas

                            y más

cuando la lasitud de la memoria

ocupa un espacio mayor

del que razonablemente le corresponde.

 

Linda el amanecer con la almohada

y algo jadea cerca, acaso un último

estertor adherido

a la carne, la otra vez adversaria

emanación del tedio estacionándose

entre los utensilios de la noche.

 

Despierta, ya es de día, mira

los restos del naufragio

bruscamente esparcidos

en la vidriosa linde del insomnio.

 

Sólo es un pacto a veces, una tregua

ungida de sudor, la extenuante

reconstrucción del sitio

donde estuvo asediado el taciturno

material del deseo.

 

                               Rastros

hostiles reptan entre un cúmulo

de trofeos y escorias, amortiguan

la inerme acometida de los cuerpos.

A batallas de amor campo de plumas.

 

José Manuel Caballero Bonald

11 de noviembre de 1926

Jerez de la Frontera – Cádiz