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lunes, 22 de diciembre de 2025

SIEMPRE A TI

 


SIEMPRE A TI

 

A ti, tan sólo a ti, canta mi lira:

ahogar quiero la voz de mi garganta,

peor es en vano, que por ti suspira,

y trémula de amor tu nombre canta.

 

Perdona, sí, mi sueño y mi delirio;

perdona tanto amor, tanta ternura;

mi alma expira en los brazos del martirio

y canta, como el cisne, su amargura.

 

Bien sé que tú no escuchas mis querellas,

bien sé que tú a mi amor llamas quimeras,

y con tus plantas inclemente huellas

la casta flor de mi pasión primera.

 

Comprendo que tu amor que tanto anhelo

es sueño de mi loca fantasía,

porque nunca el gusano llega al cielo,

nunca se une la noche con el día.

 

Yo sé que la desgracia me acompaña

y sé que tu existencia es de ventura;

ninguna nube tu horizonte empaña

y yo bebo la hiel de la amargura.

 

Mas, ¿qué quieres que haga, dicha mía,

si el triste corazón nunca te olvida,

si en ti piensa mi loca fantasía

y enlazada a la tuya está mi vida?

 

¡La voluntad!... ¡Palabra mentirosa!

¡Quimérico poder del albedrío!

Yo siento que me impulsa poderosa

la mano helada del destino impío.

 

Si mientras lucho más por olvidarte

crece más de mi amor al ansia fuerte!

¡Si aunque yo no lo quiera he de adorarte!

¡Si te he de amar, mi bien, hasta la muerte!

 

El llanto amargo que por ti derramo

crece de mi amor el vivo fuego.

Mientras más me desprecias, más te amo;

mientras más me desdeñas, más te ruego.

 

Bien sé que con mi amor te causo enojos,

sé también, que tú nunca has de quererme,

y que jamás tus celestiales ojos

amorosos y tiernos han de verme.

 

Mas no por eso de mi amor la llama

se extingue como chispa pasajera,

de tu desdén el rayo más la inflama

y se convierte en espantosa hoguera.

 

Que no es mi amor ligero sentimiento

que dura sólo lo que dura un día,

la esencia es de mi propio pensamiento

y el ambiente vital del alma mía.

 

¡Si pudiera olvidarte! ¡Si pudiera

borrar del pensamiento tu memoria,

ha largo tiempo que arrancado hubiera

la página más triste de mi historia!

 

¡Mas no!... Si yo jamás quiero olvidarte,

aunque me cause tu desdén dolores!

¡Yo siempre quiero con locura amarte,

y morir cuando mueran mis amores!

 

Yo no quiero las sombras del olvido

del alma que muere fúnebre sudario;

por más que el corazón solloce herido,

quiero tocar la cumbre del calvario.

 

Despréciame; aborrece, si lo quieres,

este amor que encendiste, vida mía,

el triste corazón que siempre hieres

morirá bendiciendo su agonía.

 

Por eso siempre a ti vuela mi acento,

por eso el alma con amor te nombra;

quiero regar tus huellas con mi llanto,

y quiero darte mi alma por alfombra.

 

Manuel Gutiérrez Nájera

22 de diciembre de 1859

Ciudad de México - México

sábado, 21 de diciembre de 2024

FRENTE A FRENTE

 

FRENTE A FRENTE

 

Oigo el crujir de tu traje,

turba tu paso el silencio,

pasas mis hombros rozando

y yo a tu lado me siento.

Eres la misma: tu talle,

como las palmas, esbelto,

negros y ardientes los ojos,

blondo y rizado el cabello;

blando acaricia mi rostro

como un suspiro tu aliento;

me hablas como antes me hablabas,

yo te respondo muy quedo,

y algunas veces tus manos

entre mis manos estrecho.

 

¡Nada ha cambiado: tus ojos

siempre me miran serenos,

como a un hermano me buscas,

como a una hermana te encuentro!

¡Nada ha cambiado: la luna

deslizando su reflejo

a través de las cortinas

de los balcones abiertos;

allí el piano en que tocas,

allí el velador chinesco

y allí tu sombra, mi vida,

en el cristal del espejo.

 

Todo lo mismo: me miro,

pero al mirarte no tiemblo,

cuando me miras no sueño.

Todo lo mismo, peor algo

dentro de mi alma se ha muerto.

¿Por qué no sufro como antes?

¿Por qué, mi bien, no te quiero?

 

Estoy muy triste; si vieras,

desde que ya no te quiero

siempre que escucho campanas

digo que tocan a muerto.

Tú no me amabas pero algo

daba esperanza a mi pecho,

y cuando yo me dormía

tú me besabas durmiendo.

 

Ya no te miro como antes,

ya por las noches no sueño,

ni tese sonden vaporosas

las cortinas de mi lecho.

Antes de noche venías

destrenzando tu cabello,

blanca tu bata flotante,

tiernos tus ojos de cielo;

lámpara opaca en la mano,

negro collar en el cuello,

dulce sonrisa en los labios

y un azahar en el pecho.

 

Hoy no me agito si ge hablo

ni te contemplo si duermo,

ya no se esconde tu imagen

en las cortinas del techo.

 

Ayer vi a un niño en la cuna;

estaba el niño durmiendo,

sus manecitas muy blancas,

muy rizado su cabello.

No sé por qué, pero al verle

vino otra vez tu recuerdo,

y al pensar que no me amaste,

sollozando le di un beso.

 

Luego, por no despertarle,

me alejé quedo, muy quedo.

¡Qué triste que estaba el alma!

¡Qué triste que estaba el cielo!

Volví a mi casa llorando,

me arrojé luego en el lecho.

Todo estaba solitario,

todo muy negro, muy negro,

como una tumba mi alcoba,

la tarde tenue muriendo

mi corazón con el frío.

 

Busqué la flor que me diste

una mañana en tu huerto

y con mis manos convulsas

la apreté contra mi pecho;

miré luego en torno mío

y la sombra me dio miedo…

Perdóname, si, perdona,

¡no te quiero, no te quiero!

 

Manuel Gutiérrez Nájera

22 de diciembre de 1859

Ciudad de México  – México

 

jueves, 19 de diciembre de 2024

A UN TRISTE

 


A UN TRISTE

 

¿Por qué de amor la barca voladora

con ágil mano detener no quieres

y esquivo menosprecias los placeres

de Venus; la impasible vencedora?

 

A no volver los años juveniles

huyen como saetas disparadas

por mano de invisible Sagitario;

triste vejez, como ladrón nocturno,

sorpréndenos sin guarda ni defensa,

y con la extremidad de su arma inmensa,

la copa del placer vuelva Saturno.

 

¡Aprovecha el minuto y el instante!

Hoy te ofrece rendida la hermosura

de sus hechizos el gentil tesoro,

y llamándote ufana en la espesura,

suelta Pomona sus cabellos de oro.

 

En la popa del barco empavesado

que navega veloz rumbo a Citeres,

de los amigos el clamor te nombra,

mientras, tendidas en la egipcia alfombra,

sus crótalos agitan las mujeres.

 

¡Deja, por fin, la solitaria playa,

y coronado de fragantes flores,

descansa en la barquilla de las diosas!

¿Qué importa lo fugaz de los amores?

¡También expiran jóvenes las rosas!

 

Manuel Gutiérrez Nájera

22 de diciembre de 1859

Ciudad de México  – México

 

jueves, 21 de diciembre de 2023

HOJAS SECAS

 

 

HOJAS SECAS

 

 

¡En vano fue buscar otro amores!

¡En vano fue correr tras los placeres,

que es el placer un áspid entre flores,

y son copos de nieve las mujeres!

 

Entre mi alma y las sombras del olvido

existe el valladar de su memoria:

que nunca olvida el pájaro su nido

ni los esclavos del amor su historia.

 

Con otras ilusiones engañarme

quise, y entre perfumes adormirme.

¡Y vino el desengaño a despertarme,

y vino su memoria para herirme!

 

¡Ay, mi pobre alma, cuál te destrozaron

y con cuánta inclemencia te vendieron!

Tú quisiste amar ¡y te mataron!

Tú quisiste ser buena ¡y te perdieron!

 

¡Tanto amor, y después olvido tanto!

¡Tanta esperanza convertida en humo!

Con razón en el fuego de mi llanto

como nieve a la lumbre me consumo.

 

¡Cómo olvidarla, si es la vida mía!

¡Cómo olvidarla, si por ella muero!

¡Si es mi existencia lúgubre agonía,

y con todo mi espíritu la quiero!

 

En holocausto dila mi existencia,

la di un amor purísimo y eterno,

y ella en cambio, manchando mi conciencia,

en pago del edén, diome el infierno.

 

¡Y mientras más me olvida, más la adoro!

¡Y mientras más me hiere, más la miro!

¡Y allá dentro del alma siempre lloro,

y allá dentro del alma siempre expiro!

 

El eterno llorar: tal es mi suerte;

nací para sufrir y para amarla.

¡Sólo el hacha cortante de la muerte

podrá de mis recuerdos arrancarla!

 

Manuel Gutiérrez Nájera

22 de diciembre de 1859

Ciudad de México (México)