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domingo, 2 de agosto de 2026

CUANDO YO ERA NIÑO...

 


CUANDO YO ERA NIÑO…

 

Cuando yo era niño

me solía salvar un dios

del griterío y la férula de los hombres.

Jugaba yo entonces seguro y sereno

con las flores del bosque

y las brisas celestes

jugaban conmigo.

 

Igual que regocijas

el corazón de las plantas,

cuando alzan a ti

los tiernos brazos,

 

así colmabas mi corazón,

padre Helios, y como Endimión

era yo tu favorito,

sagrada Luna.

 

Oh dioses todos

fieles amigos,

¡no sabéis cómo

os quiso mi alma!

 

Verdad es que aún no os invocaba

con nombres, y tampoco vosotros

me llamabais nunca como hacen los hombres

cuando se conocen.

 

Con todo, sabía de vosotros más

que nunca supe de los hombres,

entendía el silencio del éter,

y de los hombres jamás entendí palabra.

 

Me crió la melodía

del bosque susurrante,

y aprendí a querer

entre las flores.

 

Crecí en brazos de los dioses.

 

Friedrich Hölderlin

Cuadro: "Niños jugando" de Gustav Igler 

 

 

domingo, 7 de junio de 2026

EL RETRATO DEL ABUELO

 

EL RETRATO DEL ABUELO

 

¡No se pierda aquel carácter!

 

Viejo padre, aún sigues mirando como antes,

cuando gustoso vivías entre los mortales,

solo que más tranquilo y,

como los santos, más sereno,

 

en la casa donde el niño te llama padre,

donde juega sonriente y trastea ante ti,

como los cordero sen el campo,

sobre la alfombra verde que la madre

 

le concede para su juego. Manteniéndose aparte

ella lo mira amorosa, y admira su lenguaje

y joven entendimiento y sus ojos ya florecientes.

 

Y su marido, tu hijo, le recuerda otra época,

la de las brisas de mayo, cuando él suspiraba por ella,

en los días de prometidos,

cuando el orgulloso aprende humildad.

 

Pero pronto cambió; como era más seguro

entre los suyos, es ahora más soberbio,

el doblemente amado,

y saca adelante su labor cotidiana.

 

¡Padre silencioso! También tú viviste y amaste así,

por eso habitas como un inmortal ahora,

entre los niños, y de ti muchas veces,

hombre sereno, se derrama

 

sobre la casa, como del éter callado, vida.

Y se multiplica y madura, cada año más noble,

en modesta felicidad,

lo que plantaste con esperanza.

 

Mira cómo te verdeguean los árboles que criaste

con amor, y abrazan la casa con su ramaje

lleno de dones agradecidos,

ya se entallan más firmes sus troncos,

 

y en la falda del cabezo donde les laboreaste

el soleado suelo, se inclinan y balancean

tus alegres viñas,

ebrias y cargadas de racimos purpúreos.

 

Pero abajo en casa, provisto por ti, reposa

el vino pasado por el lagar. Caro a tu hijo,

que reserva para la fiesta

el viejo fuego decantado.

 

Luego, en la cena, una vez se ha hablado,

entre bromas y veras, con los amigos,

mucho del pasado y el futuro,

y aún resuena el último canto,

 

levanta él la copa, mira tu retrato y dice:

Ahora te recordamos; ¡así sean y queden

honrados los buenos genios

de la casa, ahora y siempre!

 

Y te cantan claros los cristales,

y la madre, hoy por primera vez,

para que sepa que es fiesta,

también le da al niño de tu vino.

 

Friedrich Holderlin

7 de junio de 1843

Lauffen am Neckar –Alemania

sábado, 21 de marzo de 2026

EL PASO DE LA VIDA

 


EL PASO DE LA VIDA

 

También tú quisiste más grandeza, pero el amor

nos somete a todos y el dolor nos doblega aún más;

con todo, por algo regresa

nuestra curvatura allá donde empezó.

 

¡Y qué subir o bajar! ¿Acaso no sigue imperando

un derecho y una justicia en la noche sagrada,

donde la naturaleza muda medita los días que serán,

y en el Orco más tortuoso?

 

Eso lo supe por mí. Porque vosotros, los celestiales

                                               mantenedores de todo,

nunca me guiasteis, que yo sepa,

como los maestros mortales,

con solicitud por el sendero llano.

 

Pruebe todo el hombre, dicen los del cielo,

para que nutrido con vigor, sepa dar gracias por todo,

y asimile la libertad

de partir hacia donde quiera.

 

Friedrich Hölderlin

20 de marzo de 1770

Lauffen am Neckar – Alemania

 

jueves, 21 de marzo de 2024

LA DESPEDIDA

 

LA DESPEDIDA

 

 

¿Queríamos separarnos? ¿Era lo justo y los sabio?

¿Por qué nos asustaría la decisión como si fuéramos a cometer un crimen?

¡Ah! poco nos conocemos,

pues un dios manda en nosotros.

 

¿Traicionar a ese dios? ¿Al que primero nos infundió

el sentido y nos infundió la vida, al animador,

al genio tutelar de nuestro amor?

Eso, eso yo no lo hubiera permitido.

 

Pero el mundo se inventa otra carencia,

otro deber de honor, otro derecho, y la costumbre

nos va gastando el alma

día tras día disimuladamente.

 

Bien sabía yo que como el miedo monstruoso y arraigado

separa a los dioses y a los hombres,

el corazón de los amantes, para expiarlo,

debe ofrendar su sangre y perecer.

 

¡Déjame callar! Y desde ahora, nunca me obligues a contemplar

este suplicio, así podré marchar en paz

hacia la soledad,

¡y que este adiós aún nos penenezca!

 

Ofréceme tú misma el cáliz, beba yo tanto

del sagrado filtro, tanto contigo de la poción letea,

que lo olvidemos todo amor y odio!

 

Yo partiré. ¡Tal vez dentro de mucho tiempo

vuelva a verte, Diotima! Pero el deseo ya se habrá desangrado

entonces, y apacibles

como bienaventurados

 

nos pasearemos, forasteros, el uno cerca al otro conversando,

divagando, soñando, hasta que este mismo paraje del adiós

rescate nuestras almas del olvido

y dé calor a nuestro corazón.

 

Entonces volveré a mirarte sorprendido, escuchando como otrora

el dulce canto, las voces, los acordes del laúd,

y más allá del arroyo la azucena dorada

exhalará hacia nosotros su fragancia.

 

Friedrich Holderlin

20 de marzo de 1770

Lauffen am neckar (Alemania)