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lunes, 25 de mayo de 2026

BELLA DAMA SIN PIEDAD

 

 


BELLA DAMA SIN PIEDAD

 

Se deslizaba por las galerías.

 

No la vi. Llegué tarde, como todos,

y alcancé nada más la lentitud

púrpura de la cauda; la atmósfera vibrante

de aria recién cantada.

 

Ella no. Y era más

que plenitud su ausencia

y era más que esponsales

y era más que semilla en que madura el tiempo:

esperanza o nostalgia.

 

Sueña, no está. Imagina, no es. Recuerda,

se sustituye, inventa, se anticipa,

dice adiós o mañana.

 

Si sonríe, sonríe desde lejos,

desde lo que será su memoria, y saluda

desde Su antepasado pálido por la muerte.

 

Porque no es el cisne. Porque si la señalas

señalas una sombra en la pupila

profunda de los lagos

y del esquife sólo la estela y de la nube

el testimonio del poder del viento.

 

Presencia prometida, evocada. Presencia

posible del instante

en que cuaja el cristal, en que se manifiesta

el corazón del fuego.

 

El vacío que habita se llama eternidad.

 

Rosario Castellanos

25 de mayo de 1925

Ciudad de México – Méjico

martes, 27 de mayo de 2025

AGONÍA FUERA DEL MURO

 


AGONÍA FUERA DEL MURO

 

Miro las herramientas,

el mundo que los hombres hacen, donde se afanan,

sudan, paren, cohabitan.

 

El cuerpo de los hombres prensado por los días,

su noche de ronquido y de zarpazo

y las encrucijadas en que se reconocen.

 

Hay ceguera y el hambre los alumbra

y la necesidad, más dura que metales.

 

Sin orgullo (¿qué es el orgullo? ¿Una vértebra

que todavía la especia no produce?)

los hombre roban, mienten,

como animal de presa olfatean, devoran

y disputan a otro la carroña.

 

Y cuando bailan, cuando se deslizan

o cuando burlan una ley o cuando

se envilecen, sonríen,

entornan levemente los párpados, contemplan

el vacío que se abre en sus entrañas

y se entregan a un éxtasis vegetal, inhumano.

 

Yo soy de alguna orilla, de otra parte,

soy de los que no saben ni arrebatar ni dar,

gente a quien compartir es imposible.

 

No te acerques a mi, hombre que haces el mundo,

déjame, no es preciso que me mates.

Yo soy de los que mueren solos, de los que mueren

de algo peor que vergüenza.  

Yo muero de mirarte y no entender.

 

Rosario Castellanos

25 de mayo de 1925

Ciudad de México – Méjico

 

ESTA TIERRA QUE PISO

ESTA TIERRA QUE PISO

 

Esta tierra que piso

es la sábana de mis muertos.

Aquí, aquí vivieron y, como yo, decían_

Mi corazón no es mi corazón,

es la casa del fuego.

Y lanzaban su sangre como un potro vehemente

a que mordiera el viento

y alrededor de un árbol danzaban y bebían

canciones como un vino poderoso y eterno.

 

Ahora estoy yo aquí. Que nadie me salude

como a un recién llegado. Si camino así, torpe,

es porque voy palpando y voy reconociendo.

No llevo entre las manos más que una breve brasa

y un día para arder.

¡Alegría! ¡Bailemos!

Quiero jurarlo aquí, amigos: otra vez

como la primavera

volveremos.

 

Rosario Castellanos

25 de mayo de 1925

Ciudad de México – Méjico


lunes, 27 de mayo de 2024

MEDITACIÓN EN EL UMBRAL

 


MEDITACIÓN EN EL UMBRAL

 

 

No, no es la solución

tirarse bajo un tren como la Ana de Tolstoy

ni apurar el arsénico de Madame Bovary

ni aguardar en los páramos de Ávila la visita

del ángel con venablo

antes de liarse el manto a la cabeza

y comenzar a actuar.

Ni concluir las leyes geométricas, contando

las vigas de la celda de castigo

como lo hizo Sor Juana. No es la solución

escribir, mientras llegan las visitas,

en la sala de estar de la familia Austen

ni encerrarse en el ático

de alguna residencia de la Nueva Inglaterra

y soñar, con la Biblia de los Dickinson,

debajo de una almohada de soltera.

 

Debe haber otro modo que no se llame Safo

ni Mesalina ni María Egipciaca

ni Magdalena ni Clemencia Isaura.

 

Otro modo de ser humano y libre.

 

Otro modo de ser.

 

Castellanos, Rosario

25 de mayo de 1925

Ciudad de Mexico

 

sábado, 25 de mayo de 2024

AGONÍA FUERA DEL MURO

 


AGONÍA FUERA DEL MURO

 

 

Miro las herramientas,

el mundo que los hombres hacen, donde se afanan,

sudan, paren, cohabitan.

 

El cuerpo de los hombres prensado por los días,

su noche de ronquido y de zarpazo

y las encrucijadas en que se reconocen.

 

Hay ceguera y el hambre los alumbra

y la necesidad, más dura que metales.

 

Sin orgullo (¿qué es el orgullo? ¿Una vértebra

que todavía la especie no produce?)

los hombres roban, mienten,

como animal de presa olfatean, devoran

y disputan a otro la carroña.

 

Y cuando bailan, cuando se deslizan

o cuando burlan una ley o cuando

se envilecen, sonríen,

entornan levemente los párpados, contemplan

el vacío que se abre en sus entrañas

y se entregan a un éxtasis vegetal, inhumano.

 

Yo soy de alguna orilla, de otra parte,

soy de los que no saben ni arrebatar ni dar,

gente a quien compartir es imposible.  

 

No te acerques a mí, hombre que haces el mundo,

déjame, no es preciso que me mates.

Yo soy de los que mueren solos, de los que mueren

de algo peor que vergüenza.

Yo muero de mirarte y no entender.

 

Castellanos, Rosario

25 de mayo de 1925

Ciudad de Mexico

jueves, 25 de mayo de 2023

ESTOY AQUÍ SENTADA CON TODAS MIS PALABRAS...

 


ESTOY AQUÍ SENTADA CON TODAS MIS PALABRAS…

 

 

Estoy aquí sentada con todas mis palabras

como una cesta de fruta verde, intactas.

 

Los fragmentos

de mil dioses antiguos derribados

se buscan por mi sangre, se aprisionan, queriendo

recomponer su estatua.

De las bocas destruidas

quiere subir hasta mi boca un canto,

un olor de resinas quemadas, algún gesto

de misteriosa roca trabajada.

Pero soy el olvido, la traición,

el caracol que no guardó del mar

ni el eco de la más pequeña ola.

Y no miro los templos sumergidos;

sólo miro los árboles que encima de las ruinas

mueven su vasta sombra, muerden con dientes ácidos

el viento cuando pasa.

Y los signos se cierran bajo mis ojos como

la flor bajo los dedos torpísimos de un ciego.

Pero yo sé: detrás

de mi cuerpo otro cuerpo se agazapa,

y alrededor de mí muchas respiraciones

cruzan furtivamente

como los animales nocturnos en la selva.

Yo sé, en algún lugar,

lo mismo

que en el desierto cactus,

un constelado corazón de espinas

está aguardando un hombre como el cactus la lluvia.

Pero yo no conozco más que ciertas palabras

en el idioma o lápida

bajo el que sepultaron vivo a mi antepasado.

 

Rosario Castellanos

25 de mayo de 1925

Distrito Federal (México)