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jueves, 27 de noviembre de 2025

LA MEMORIA EN LAS MANOS

 


LA MEMORIA EN LAS MANOS

 

Hoy son las manos la memoria.

El alma no se acuerda, está dolida

de tanto recordar. Pero en las manos

queda el recuerdo de lo que han tenido.

Recuerdo de una piedra

que hubo junto a un arroyo

y que cogimos distraídamente

sin darnos cuenta de nuestra ventura.

Pero su peso áspero,

sentir nos hace que por fin cogimos

el fruto más hermoso de los tiempos.

A tiempo sabe

el peso de una piedra entre las manos.

En una piedra está

la paciencia del mundo, madurada despacio.

Incalculable suma

de días y de noches, sol y agua

la que costó esta forma torpe y dura

que acariciar no sabe y acompaña

tan sólo con su peso, oscuramente.

Se estuvo siempre quieta,

sin buscar, encerrada,

en una voluntad densa y constante

de no volar como la mariposa,

de no ser bella, como el lirio,

para salvar de envidias su pureza.

¡Cuántos esbeltos lirios, cuántas gráciles

libélulas se han muerto, allí, a su lado

por correr tanto hacia la primavera!

Ella supo esperar sin pedir nada

más que la eternidad de su ser puro.

Por renuncias al pétalo, y al vuelo,

está viva y me enseña

que un amor debe estarse quizá quieto, muy quieto,

soltar las falsas alas de la prisa,

y derrotar así su propia muerte.

También recuerdan ellas, mis manos,

haber tenido una cabeza amada entre sus palmas.

Nada más misterioso en este mundo.

Los dedos reconocen los cabellos

lentamente, uno a uno, como hojas

de calendario: son recuerdos

de otros tantos, también innumerables

días felices

dóciles al amor que los revive.

Pero al palpar la forma inexorable

que detrás de la carne nos resiste

las palmas ya se quedan ciegas.

No son caricias, no, lo que repiten

pasando y repasando sobre el hueso:

son preguntas sin fin, son infinitas

angustias hechas tactos ardorosos.

Y nada les contesta: una sospecha

de que todo se escapa y se nos huye

cuando entre nuestras manos lo oprimimos

nos sube del calor de aquella frente.

La cabeza se entrega. ¿Es la entrega absoluta?

El peso en nuestras manos lo insinúa,

los dedos se lo creen, y quieren convencerse: palpan, palpan.

Pero una voz oscura tras la frente,

-¿nuestra frente o la suya?-

nos dice que el misterio más lejano,

porque está allí tan cerca, no se toca

con la carne mortal con que buscamos

allí en la punta de los dedos,

la presencia invisible.

Teniendo una cabeza así cogida

nada se sabe, nada

sino que está el futuro decidiendo

o nuestra vida o nuestra muerte

tras esas pobres manos engañadas

por la hermosura de lo que sostienen.

Entre unas manos ciegas

que no pueden saber. Cuya fé única

está en ser buenas, en hacer caricias

sin cansarse, por ver si así se ganan

cuando ya la cabeza amada vuelva

a vivir otra vez sobre sus hombros,

y parezca que nada les queda entre las palmas,

el triunfo de no estar nunca vacías.

 

Pedro Salinas

27 de noviembre de 1891

Madrid

miércoles, 27 de noviembre de 2024

¡PASMO DE LO DISTINTO!

 


¡PASMO DE LO DISTINTO!

 

¡PASMO de lo distinto!

¿Ojos azules, nunca

igual a ojos azules!

La luz del día este

no es aquella de ayer,

ni alumbrará mañana.

En infinitos árboles

del mundo, cada hoja

vence al follaje anónimo,

por un imperceptible

modo de no ser otra.

Las olas,

unánimes en playas,

hermanas, se parecen

en el color del pelo,

en el mirar azul

o gris, sí. Pero todas

tienen letra distinta

cuando cuentan sus breves

amores en la arena.

 

¡Qué gozo, que no sean

nunca iguales las cosas,

que son las mismas! ¡Toda,

toda la vida es única!

Y aunque no las acusen

cristales ni balanzas,

diferencias minúsculas

aseguran a un ala

de mariposa, a un grano

de arena, la alegría

inmensa de ser otras.

Si el vasto tiempo entero,

río oscuro, se escapa,

en las manos nos deja

prendas inmarcesibles

llamadas días, horas,

en que fuimos felices.

 

Por eso los amantes

se prometen los siempres

con almas y con bocas.

Viven de beso en beso

rodando, como el mar

se vive de ola en ola,

sin miedo de repetirse.

Cada abrazo es él, solo,

único, todo beso.

Y el amor al sentirlo

besa, abraza sin término,

buscando

un más detrás de un más,

otro cielo en su cielo.

Suma, se suma, suma,

y así de uno más uno,

a uno más uno, va

seguro a no acabarse:

toca

techo de eternidad.

 

Pedro Salinas

27 de noviembre de 1891

Madrid

BESO SERÁ, PARECEN OTRAS COSAS...

 


BESO SERÁ, PARECEN OTRAS COSAS…

 

Beso será. Parecen otras cosas.

Parecen tardes vagas, sin destino,

errantes por el tiempo: y nos esperan.

Al borde de los labios, de la vida,

se estremecen palabras, nombres, síes,

buscándose su ser, y no lo encuentran;

retornan al silencio, fracasadas.

No querían hablar, lo que querían

es hablarte, y no estás.

Pero ellas, todo

esto que nada es, esto que vive

en tierna primavera distraída,

espera su cumplirse, cuando llegues.

Todo es labios, los míos o los tuyos,

hoy separados. Lo llamamos hojas,

brisa, tarde de abril, papel, palabras.

Pero si te presentas,

correrán todos, largos frenesíes

impacientes de espera, a reunirse.

Y la nube, la luz y las palabras,

y esta gran soledad

de bocas solas con sus almas solas,

beso, será, se encontrarán en beso,

dado por esos labios ardorosos

que se llaman la ausencia, cuando acaba.

 

Pedro Salinas

De "Razón de amor"

27 de noviembre de 1891

Madrid

miércoles, 29 de noviembre de 2023

DAME TU LIBERTAD

 


DAME TU LIBERTAD…

 

 

Dame tu libertad.

No quiero tu fatiga,

no ni tus hojas secas,

tu sueño, ojos cerrados.

Ven a mí desde ti,

no desde tu cansancio

de ti. Quiero sentirla.

Tu libertad me trae,

igual que un viento universal,

un olor de maderas

remotas de tus muebles,

una bandada de visiones

que tú veías

cuando en el colmo de tu libertad

cerrabas ya los ojos.

¡Qué hermosa tú libre y en pie!

Si tú me das tu libertad me das tus años

blancos, limpios y agudos como dientes,

me das el tiempo en que tú la gozabas.

Quiero sentirla como siente el agua

del puerto, pensativa,

en las quillas inmóviles

el alta mar. La turbulencia sacra.

Sentirla,

vuelo parado,

igual que en sosegado soto

siente la rama

donde el ave se posa,

el ardor de volar, la lucha terca

contra las dimensiones en azul.

Descánsala hoy en mí: la gozaré

con un temblor de hoja en que se paran

gotas del cielo al suelo.

La quiero para soltarla, solamente.

No tengo cárcel para ti en mi ser.

Tu libertad te guarda para mí.

La soltaré otra vez, y por el cielo,

por el mar, por el tiempo,

veré como se marcha hacia su sino.

Si su sino soy yo, te está esperando.

 

Pedro Salinas

27 de noviembre de 1891

Madrid

martes, 29 de noviembre de 2022

NO TE DETENGAS NUNCA

 


NO TE DETENGAS NUNCA…

  

No te detengas nunca

cuando quieras buscarme.

Si ves muros de agua,

anchos fosos de aire,

setos de piedra o tiempo,

guardia de voces, pasa.

Te espero con un ser

que no espera a los otros:

en donde yo te espero

sólo tu cabes. Nadie

puede encontrarse

allí conmigo sino

el cuerpo que te lleva,

como un milagro, en vilo.

Intacto, inajenable,

un gran espacio blanco,

azul, en mí, no acepta

más que los vuelos tuyos,

los pasos de tus pies;

no se verán en él

otras huellas jamás.

Si alguna vez me miras

como preso encerrado,

detrás de puertas,

entre cosas ajenas,

 piensa en las torres altas,

en las trémulas cimas

del árbol, arraigado,

las almas de las piedras

que abajo están sirviendo

aguardan en la punta

última de la torre.

Y ellos, pájaros, nubes,

no se engañan: dejando

que por abajo pisen

los hombres y los días,

se van arriba,

a la cima del árbol

al tope de la torre,

seguros de que allí,

en las fronteras últimas

de su ser terrenal

es donde se consuman

los amores alegres,

las solitarias citas

de la carne y las alas.

 

Pedro Salinas