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domingo, 14 de diciembre de 2025

CON QUÉ DOLOR, Y VÁLGAME SER FRANCO...

 

CON QUÉ DOLOR, Y VÁLGAME SER FRANCO…

 

¡Con qué dolor, y válgame ser franco,

trazo los versos que a mi lado impetras!

Esta cuartilla de papel en blanco

me parece una lápida sin letras.

 

Tristísimo recuerdo me acongoja

y pienso, visionario como un zafio,

que escribo, no una endecha en una hoja,

sino sobre un sepulcro un epitafio.

 

No extrañes, no, que mi razón sucumba

a esta ilusión que envuelve algo de cierto

porque, ay, tu corazón es una tumba

desde el instante en que tu amor fue un muerto.

 

¡Tu amor! ve el mío que cual ámbar de oro

paréceme que nunca se consume,

que ni siquiera sufre deterioro

aunque despida sin cesar perfume.

 

Mas ¿a dónde me lleva mi extravío?

Perdona a mi amargura ese reproche.

Por ti puedo decir como el judío:

¡un ángel ha pasado por mi noche!

 

Por ti en el molde general no cupe;

quise ovaciones, codicié oropeles

y en la tribuna y con la lira supe

ganar aplausos y obtener laureles.

 

Después… ¡mi gloria huyó con mi ventura

y, como nube tenebrosa, el duelo

ha cerrado en mi alma la abertura

que daba grande y esplendente al cielo!

 

Adiós. Dejo a tus plantas un gemido

y retorno a la sombra más espesa

pues vuelvo a la que reina en el olvido,

y no hay otra tan negra como ésa.

 

Salvador Díaz Mirón

14 de diciembre de 1853

Veracruz - México

sábado, 14 de diciembre de 2024

CONFIDENCIAS

 

CONFIDENCIAS

 

Una flor por el suelo,

un cielo de hojas empapado en lloro

y encima de ese cielo, el otro cielo

lleno de luna y de brillantes y oro…

Un arroyo que el aura acariciaba;

un banco… sobre el banco

así, como quien flota, se sentaba;

y vestida de blanco,

bella como un arcángel, me esperaba.

Aún flotan en mis noches de desvelo

con la luz de una luna como aquélla,

el verde y el azul de cielo y cielo,

y aura y arroyo y flor y banco y ella.

 

¿No te acuerdas, mujer, cuántos delirios

yo me forjaba, junto a ti de hinojos,

al resplandor de los celestes cirios,

al resplandor de tus celestes ojos?

¿Te acuerdas, alma mía?

¡Entonces inocente

me jurabas amor y yo podía

besar tu corazón sobre tu frente!

 

¡Ayer, unos tras otros,

mil delirios así pude fingirme;

hoy no puede haber nada entre nosotros,

hoy tú vas a casarte… y yo a morirme!

¡Y tanto sol y porvenir dorado,

tanto cielo soñado,

en una inmensa noche se derrumba!

¡Hoy me dijiste tú: no hay esperanza;

hoy te digo: en paz goza; y, en mi tumba,

mañana me dirás: en paz descansa!

 

Nueva York, 1876

 

Salvador Díaz Mirón

14 de diciembre de 1853

Veracruz – México

lunes, 18 de diciembre de 2023

DESPEDIDA AL PIANO

 


DESPEDIDA AL PIANO

 

 

Tristes los ojos, pálido el semblante,

de opaca luz al resplandor incierto,

una joven con paso vacilante

su sombra traza en el salón incierto.

 

Se siente al piano: su mirada grave

fija en el lago de marfil que un día

aguardó el beso de su mano suave

para rizarse en olas de armonía.

 

Agitada, febril, con insistencia

evoca al borde del teclado mismo,

a las hadas que en rítmica cadencia

se alzaron otra vez desde el abismo.

 

Ya de Mozart divino ensaya el estro,

de Palestrina el numen religioso,

de Weber triste el suspirar siniestro

y de Schubert el canto melodioso.

 

-¡Es vano! –exclamó la joven bella,

y apagó en el teclado repentino

su último son, porque sabía ella

que era inútil luchar contra el destino.

 

-Adiós –le dice-, eterno confidente

de mis sueños de amor que el tiempo agota,

tú que guardabas en mi edad riente

para cada ilusión alguna nota;

 

hoy mudo estás cuando tu amiga llega,

y al ver mi triste corazón herido,

no puedes darme lo que Dios me niega:

¡la nota del amor o del olvido!

 

Salvador Díaz Mirón

14 de diciembre de 1853

Veracruz (México)