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sábado, 11 de abril de 2026

AUSCHWITZ



AUSCHWITZ

(A todos los judíos del mundo, mis amigos, mis hermanos)

 

Esos poetas infernales,

Dante, Blake, Rimbaud…

Que hablen más b ajo…

¡Que se callen!

Hoy

cualquier habitante de la tierra

sabe mucho más del infierno

que esos tres poetas juntos.

Ya sé que Dante toca muy bien el violín…

¡Oh, el gran virtuoso!...

Pero que no pretenda ahora

con sus tercetos maravillosos

y sus endecasílabos perfectos

asustar a ese niño judío

que está ahí, desgajado de sus padres…

Y solo.

¡Solo.

Aguardando su turno

en los hornos crematorios de Auschwitz.

Dante.. tú bajaste a los infiernos

con Virgilio de la mano

(Virgilio, “gran cicerone”)

y aquello vuestro de la Divina Comedia

fue una aventura divertida

de música y turismo.

Esto es otra cosa… otra cosa…

¿Cómo te explicaré?

¡Si no tienes imaginación!

Tú… no tienes imaginación,

acuérdate que en tu “Infierno”

no hay un niño siquiera…

Y ese que ves ahí…

Está solo

¡Solo! Sin cicerone…

Esperando que se abran las puertas del infierno

que tú ¡pobre florentino!

No pudiste siquiera imaginar.

Esto es otra cosas… ¿cómo te diré?

¡Mira! Este lugar donde no se puede tocar el violín.

Aquí se rompen las cuerdas de todos

los violines del mundo.

¿Me habéis entendido, poetas infernales?

Virgilio, Dante, Blake, Rimbaud…

¡Hablad más bajo!

¡Tocad más bajo!... ¡Chist!...

¡¡Callaos!!

Yo también soy un gran violinista…

Y he tocado en el infierno muchas veces…

Pero ahora aquí…

Rompo mi violín… y me callo.

 

León Felipe

11 de abril de 1884

Tábara (Zamora)


jueves, 10 de abril de 2025

¡QUÉ LÁSTIMA!

 


Poema de León Felipe leído en la Exposición de Pintura de Carlos Fernández en la Sala de Exposiciones "Quinta de Cervantes".

¡QUÉ LÁSTIMA!

Para Alberto López Arguello

 

¡Qué lástima!

Que yo no pueda cantar a la usanza de este tiempo

lo mismo que los poetas que hoy cantan!

 

¡Qué lástima que yo no pueda entonar

con una voz engolada esas brillantes romanzas

a las glorias de la patria!

¡Qué lástima que yo no tenga una patria!

 

Sé que la historia es la misma,

la misma siempre, que pasa

desde una tierra a otra tierra,

desde una raza a otra raza,

como pasan esas tormentas de estío

desde ésta a aquella comarca.

 

¡Qué lástima que yo no tenga comarca,

patria chica, tierra provinciana!

Debí nacer en la entraña en la estepa castellana.

 

Y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada:

pasé los días azules de mi infancia en Salamanca,

y mi juventud, una juventud sombría, en la montaña.

Después… ya no he vuelto a echar el ancla

y ninguna de estas tierras me levanta ni me exalta

para poder cantar siempre en la misma tonada

al mismo río que pasa rodando las mismas aguas,

el mismo cielo, al mismo campo y en la misma casa. 

 

¡Qué lástima que yo no tenga una casa!

Una casa solariega y blasonada,

una casa en que guardara,

a más de otras cosas raras,

un sillón viejo de cuero, una mesa apolillada

y el retrato de un mi abuelo

que ganara una batalla.

¡Qué lástima que yo no tenga un abuelo

que ganara una batalla, retratado

con una mano cruzada en el pecho,

y la otra mano en el puño de la espada!

 

¡Qué lástima que yo no tenga siquiera una espada!

Porque… ¿qué voy a cantar

si no tengo ni una patria,

ni una tierra provinciana,

ni una casa solariega y blasonada,

ni el retrato de un mi abuelo

que ganara una batalla,

ni un sillón viejo de cuero

ni una mesa, ni una espada?

 

¡Qué voy a cantar si soy

un paria que apenas tiene una capa!

Sin embargo… en esta tierra de España

y en un pueblo de la Alcarria

hay una casa en la que estoy de posada

y donde tengo, prestadas,

una mesa de pino y una silla de paja.

Un libro tengo también.

Y todo mi ajuar se halla en una sala muy amplia

y muya blanca que está en la parte más baja

y más fresca de la casa. Tiene una luz muy clara

esta sala tan amplia y tan blanca…

 

Una luz muy clara que entra por una ventana

que da a una calle muy ancha.

Y a la luz de esta ventana vengo todas las mañanas.

Aquí me siento sobre mi silla de paja

y venzo las horas largas leyendo en mi libro y viendo

cómo pasa la gente al través de la ventana.

 

Cosas de poca importancia

parecen un libro y el cristal de una ventana

en un pueblo de la Alcarria,

y, sin embargo, le basta

para sentir todo el ritmo de la vida a mi alma.

Que todo el ritmo del mundo por estos cristales pasa

ese pastor que va detrás de las cabras

con una enorme cayada,

esa mujer agobiada

con una carga de leña en la espalda,

esos mendigos que vienen

arrastrando sus miserias de Pastrana,

y esa niña que va a la escuela de tan mala gana.

 

¡Oh, esa niña! Hace un alto en mi ventana siempre,

y se queda a los cristales pegada

como si fuera una estampa.

¡Qué gracia tiene su cara en el cristal aplastada

con la barbilla sumida y la naricilla chata!

Yo me río mucho mirándola y la digo

que es una niña muye guapa…

Ella entonces me llama ¡tonto!, y se marcha.

¡Pobre niña! Ya no pasa por esta calle tan ancha

caminando hacia la escuela de mala gana,

ni se para en mi ventana,

ni se queda a los cristales pegada

como si fuera una estampa.

Que un día se puso mala, muy mala,

y otro día doblaron por ella a muerto las campanas.

 

Y en una tarde muy clara, por esta calle tan ancha,

al través de la ventana, vi cómo se la llevaban

en una caja muy blanca… en una caja muy blanca

que tenía un cristalito en la tapa.

Por aquel cristal se la veía la cara

lo mismo que cuando estaba

pegadita al cristal de mi ventana…

Al cristal de esta ventana

que ahora me recuerda siempre

el cristalito de aquella caja tan blanca.

Todo el ritmo de la vida pasa

por este cristal de mi ventana…

Y la muerte también pasa…

 

¡Qué lástima!

Que no pudiendo cantar otras hazañas

porque no tengo una patria,

ni una tierra provinciana,

ni una casa solariega y blasonada,

ni el retrato de un mi abuelo

que ganara una batalla,

ni un sillón viejo de cuero,

ni una mesa, ni una espada,

y soy un paria que apenas tiene una capa…

venga forzado a cantar, cosas de poca importancia!

 

León Felipe

11 de abril de 1884

Tábara (Zamora)

jueves, 11 de abril de 2024

CREDO



CREDO

 

 

En este mundo todavía… viejo y cansado… esperando

a que me llamen…

Muchas veces he querido escaparme por la puerta maldita

y condenada

y siempre un ángel invisible me ha tocado en el hombro

y me ha dicho severo:

No, no es la hora todavía… hay que esperar…

Y aquí estoy esperando…

con el mismo traje viejo de ayer,

haciendo recuentos y memoria,

haciendo examen de conciencia,

escudriñando agudamente mi vida…

¡Qué desastre!... ¡Ni un talento!... todo lo perdí.

Sólo mis ojos saben aún llorar. Esto es lo que me queda…

Y  mi esperanza se levanta para decir acongojada:

Otra vez lo haré, Señor,

porque… ¿no es cierto que volvemos a nacer?

¿No es cierto que de alguna manera volvemos a nacer?

Creo que Dios nos da siempre otra vida,

otras vidas nuevas,

otros cuerpos con otras herramientas,

con otros instrumentos… otras cajas sonoras

donde el alma inmortal y viajera se mueva mejor

para ir corrigiendo lentamente,

muy lentamente, a través de los siglos,

nuestros viejo pecados,

nuestros tercos pecados…

para ir eliminando poco a poco

el veneno original de nuestra sangre

que viene de muy lejos.  

Corre el tiempo y lo derrumba todo, lo transforma todo.

Sin embargo pasan los siglos y el alma está en otro sitio…

¡pero está!

Creo que tenemos muchas vidas,

que todas son purgatorios sucesivos,

y que esos purgatorios sucesivos, todos juntos,

constituyen el infierno, el infierno purificador,

al final  del cual está la Luz, el Gran Dios, esperándonos.

Ni el infierno… ni el fuego y el dolor son eternos.

Sólo la Luz brilla sin tregua,

diamantina,

infinita,

misericordiosa,

infinita,

misericordiosa,

perdurable por los siglos de los siglos…

Ahí está siempre con sus divinos atributos.

Sólo mis ojos hoy son incapaces de verla…

Estos pobres ojos que no saben aún más que llorar.

 

 

León Felipe

11 de abril de 1884

Tábara – Zamora


martes, 11 de abril de 2023

OH, ESTE DOLOR

 


OH, ESTE DOLOR

 

 

Oh, este dolor,

este dolor de no tener y a lágrimas;

este dolor

de no tener ya llanto

para regar el polvo.

¡Oh, este llano de España,

que ya no es más que arruga y sequedad…

mueca,

enjuta congoja de la tierra,

bajo un cielo sin lluvias,

hipo de cigüeñal

sobre un pozo vacío,

mecanismo, sin lágrimas, del llanto!

¡Oh, esta mueca española,

esta mueca dramática y grotesca!

 

Llanto seco del polvo

y por el polvo…

por el polvo de todas las cosas acabadas de España

por el polvo de todos los muertos

y de todas las ruinas de España…

por el polvo de una casta

perdida ye en la Historia para siempre!

 

Llanto seco del polvo

y por el polvo. Por el polvo

de una casa sin muros,

de una tribu sin sangre,

de unas cuencas sin lágrimas,

de unos surcos sin agua…

Llanto seco del polvo

por el polvo que no se juntará ya más,

ni para construir un adobe

ni para levantar una esperanza.

¡Oh!, polvo amarillo y maldito

que nos trajo el rencor y el orgullo

de siglos

y siglos

y siglos…

Porque este polvo no es de hoy,

ni nos vino de fuera:

somos todos desierto y africanos.

 

…………………………………………………

 

Tierra arenosa sin riego,

carne estrujada sin llanto,

polvo rebelde de rocas rencorosas

y lavas enemigas,

átomos amarillos y estériles

del yermo,

aristas vengativas,

arenal de la envidia…

esperad ahí secos y olvidados

hasta que se desborde el mar.

 

León Felipe

11 de abril de 1884

Tabara (Zamora) – España

domingo, 11 de abril de 2021

¡QUÉ PENA!



¡QUÉ PENA!

¿Qué pena si este camino fuera de muchísimas leguas
y siempre se repitieran
los mismos pueblos, las mismas ventas,
los mismos rebaños, las mismas recuas!

¡Qué pena si esta vida nuestra tuviera
-esta vida nuestra-
mil años de existencia!
¿Quién la haría hasta el fin llevadera?
¿Quién la soportaría toda sin protesta?
¿Quién lee diez siglos en la Historia y no la cierra
al ver las mismas cosas siempre con distinta fecha?
Los mismos hombres, las mismas guerras,
los mismos tiranos, las mismas cadenas,
los mismos farsantes, las mismas sectas
¡y los mismos, los mismos poetas!

¿Qué pena,
que sea así todo siempre, siempre de la misma manera!

 

León Felipe