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jueves, 23 de octubre de 2025

ETERNO OLEAJE

 


ETERNO OLEAJE

 

Será primero una ola niña

sobre la ciega playa. Luego

una delgada espuma persistente,

más tarde

un redoblar de todo el horizonte

que avanza, que se empuja

para tornar contacto con la orilla.

 

En cada grueso oleaje, en cada arruga

del mar, en cada ojo

de espuma por la arena

de fuego, estará un hombre

por él y por su extensa

cadena de fantasmas. Por las sombras

que no tuvieron cuerpo;

por todos

los que anulados vagan

sin país, sin sepulcro.

 

Con la memoria

de los que fueron olvidados

volverán: “Ya llegamos

a la patria.” Y jamás

será la patria. Siempre

habrá otras olas, y anchos nudos,

gruesas crestas de mar. El hombre

irá pisando playas

de fuego, rocas

que hirieron otros pies,

algas que se enredaron a otras plantas.

Caminará por siempre

-a través de paisajes con recuerdos-,

el sol contra su espalda

y una arruga profunda

en la frente horadada por el viento.

“¿Era ésta mi patria?”

-preguntará de nuevo.

Y pasando de largo,

como un extraño entre los ríos,

regresará a la orilla

de que partió –no la recuerda-

pidiendo paz para sus muertos.

 

Julia Uceda

22 de octubre de 1925

Sevilla

lunes, 23 de octubre de 2023

EL TIEMPO ME RECUERDA

 


EL TIEMPO ME RECUERDA

 

 

Recordar no es siempre regresar a lo que ha sido.

En la memoria hay algas que arrastran extrañas maravillas;

Objetos que no nos pertenecen o que nunca flotaron.

La luz que recorre los abismos,

ilumina años anteriores a mí, que no he vivido

pero recuerdo como ocurrido ayer.

Hacia mil novecientos

paseé por un parque que está en París –estaba-

envuelto por la bruma

Mi traje tenía el mismo color de la niebla.

La luz era la misma de hoy

-setenta años después-

cuando la breve tormenta ha pasado

y a través de los cristales veo pasar la gente,

desde esta ventana tan cerca de las nubes.

En mis ojos parece llover

un tiempo que no es mío.

 

Julia Uceda

 

domingo, 22 de octubre de 2023

LA CASA

 



LA CASA

 

 

Dentro de la casa no hay polvo

ni las ventanas están mordidas por el largo olvido,

aunque te preguntas qué hacen ahí esas hojillas verdes

que alguien fue poniendo entra las junturas

y la acaracoladas rejas que vencieron al moho.

 

Sabes que dentro de la casa es hace muchos años

y que hay luz: se derrama desde una lágrima sonora. Los peldaños

de mármol, el cristal, el suave olor y las ondas

doradas de aquella visitante, ocupan su lugar, su tiempo, su sentido. Aromas

de plátanos maduros, la calle –lejanas y amarillas

tierras, nombres de pájaros…---. Entonces

quién estaría naciendo, quién muriendo,

quién doblaría las esquinas, qué pregones,

cómo y quién vendría de camino y con qué mensaje

para ir tejiendo la sábana de vida --¿podría

haber sido otra vida si otra lanzadera…? –que ensombreció la casa.

Ha manchado la niña

la falda a mi mujer… Color ciruela, el traje.

Mujer de rubias ondas,

ahogándola en la mancha que se extiende,

en su forma ilusoria por los años: “Nuestro oro

no es el oro común. Tú, sin embargo,

has demandado al verde…”,

y la apagó dejándola en la acera

sola, ignorada por las otras que la sostienen

aunque la han desdeñado.

Te preguntas de dónde

llegaría el olvido a morder sus cristales,

entreabrir las ventanas para siempre, forzar

las puertas que yo no me llevé --¿quién

las abrió o cerró: la mano última?--. Poner

…temblor en los cuadros torcidos,

en los vidrios de la ciudad

sobre el pez…

briznas de musgo y jaramago y un cuajarón de sombra coronándola

en el brillante azul de la mañana.

 

Desde la lágrima de luz, y  desde el nido

de la memoria van hacia ti sonidos,

roces, voces, ir y venir que alcanzas

desde esta orilla. Tus dedos

rozan tus dedos. Y la casa durmiente, cuya luz

sólo tú reconoces en tu olvido,

parece más secreta en la ruidosa calle.

 

Julia Uceda

22 de octubre de 1925

Sevilla – España

 

domingo, 30 de octubre de 2022

LA CASA

 

 



LA CASA

 

Dentro de la casa no hay polvo

ni las ventanas están mordidas por el largo olvido,

aunque te preguntas qué hacen ahí esas hojillas verdes

que alguien fue poniendo entre las junturas

y las acaracoladas rejas que vencieron al moho.

 

Sabes que dentro de la casa es hace muchos años

y que hay luz: se derrama desde una lágrima sonora. Los peldaños

de mármol, el cristal, el suave olor y las ondas

doradas de aquella visitante, ocupan su lugar, 

su tiempo, su sentido. Aromas de plátanos maduros, la calle 

–lejanas y amarillas

tierras, nombres de pájaros…--. Entonces

quién estaría naciendo, quién muriendo,

quién doblaría las esquinas, qué pregones,

cómo y quién vendría de camino y con qué mensaje

para ir tejiendo la sábana de vida --¿podría

haber sido otra vida si otra lanzadera…?

—que ensombreció la casa.

Ha manchado la niña

la falda a mi mujer… color ciruela, el traje.

Mujer de rubias ondas,

ahogándola en la mancha que se extiende,

en su forma ilusoria por los años: “Nuestro oro

no es el oro común. Tú, sin embargo,

has demandado el verde…”,

y la apagó dejándola en la acera sola,

ignorada por las otras que la sostienen

aunque la han desdeñado.

Te preguntas de dónde

llegaría el olvido a morder sus cristales,

entreabrir las ventanas para siempre, forzar

las puertas que yo no llevé --¿quién

las abrió o cerró: la mano última?--, poner

…temblor en los cuadros torcidos,

en los vidrios de la ciudad

sobre el pez…

briznas de musgo y jaramago y un cuajarón de sombra coronándola

en el brillante azul de la mañana.

 

Desde la lágrima de luz, y desde el nido

de la memoria van hacia ti sonidos,

roces, voces, ir y venir que alcanzas

desde esta orilla. Tus dedos

rozan tus dedos. Y la casa durmiente, cuya luz

sólo tú reconoces en tu olvido,

parece más secreta en la ruidosa calle.

 

Julia Uceda