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miércoles, 25 de marzo de 2026

GUERRA

 


GUERRA

 

¿Oís?, es el cañón. Mi pecho hirviendo

el cántico de guerra entonará,

y al eco ronco del cañón venciendo,

la lira del poeta sonará.

 

El pueblo ved que la orgullosa frente

levanta ya del polvo en que yacía,

arrogante en valor, omnipotente,

terror de la insolente tiranía.

Rumor de voces siento,

y al aire miro deslumbrar espadas,

y desplegar banderas;

y retumban al son las escarpadas

rocas del Pirineo;

y retiemblan los muros

de la opulenta Cádiz, y el deseo

crece en los pechos de vencer lidiando;

brilla en los rostros el marcial contento,

y dondequiera generoso acento

se alza de PATRIA y LIBERTAD tronando.

 

Al grito de la patria

volemos, compañeros,

blandamos los aceros

que intrépida nos da.

A par en nuestros brazos

ufanos la ensalcemos

y al mundo proclamemos:

“España es libre ya”.

¡Mirad, mirad en sangre,

y lágrimas teñidos

reír los forajidos,

gozar en su dolor!

¡Oh!, fin tan solo ponga

su muerte a la contienda,

y cada golpe encienda

aún más nuestro rencor.

¡Oh siempre dulce patria

al alma generosa!

¡Oh siempre portentosa

magia de libertad!

Tus inclitos pendones

que el español tremola,

un rayo tornasola

del iris de la paz.

En medio del estruendo

del bronce pavoroso,

tu grito prodigioso

se escucha resonar:

Tu grito que las almas

inunda de alegría,

tu nombre que a esa impía

caterva hace temblar.

¿Quién hay ¡oh compañeros!,

que al bélico redoble

no sienta el pecho noble

con júbilo latir?

Mirad centelleantes

cual nuncios ya de gloria,

reflejos de victoria

las armas despedir.

 

¡Al arma!, ¡al arma!, ¡mueran los carlistas!

Y al mar se lancen con bramido horrendo

de la infiel sangre caudalosos ríos,

y atónito contemple el océano

sus olas combatidas

con la traidora sangre enrojecidas.

 

Truene el cañón: el cántico de guerra,

pueblos ya libres, con placer alzad:

ved, ya desciende a la oprimida tierra,

los hierros a romper, la libertad.

 

 

José de Espronceda

25 de marzo de 1808

Almendralejo (Badajoz)

viernes, 28 de marzo de 2025

LA CAUTIVA

 

LA CAUTIVA

 

Ya el sol esconde sus rayos,

el mundo en sombras se vela,

el ave a su nido vuela.

Busca asilo el trovados.

 

Todo calla: en pobre cama

duerme el pastor venturoso:

en su lecho suntuoso

se agita insomne el señor.

 

Se agita: mas ¡ay! reposa

al fin en su patrio suelo;

no llora en mísero duelo

la libertad que perdió.

 

Los campos ve que a su infancia

horas dieron de contento,

su oído halaga el acento

del país donde nació.

 

No gime ilustre cautivo

entre doradas cadenas,

que si bien de encanto llenas,

al cabo cadenas son.

 

Si acaso, triste lamenta,

en torno ve a sus amigos,

que, de su pena testigos,

consuelan su corazón.

 

La arrogante erguida palma

que en le desierto florece,

al viajero sombra ofrece,

descanso y grato manjar.

 

Y, aunque sola, allí es querida

del árabe errante y fiero,

que siempre va placentero

a su sombra a reposar.

 

Mas ¡ay triste! Yo cautiva,

huérfana y sola suspiro,

el clima extraño respiro,

y amo a un extraño también.

 

No hallan mis ojos mi patria;

humo han sido mis amores;

nadie calma mis dolores

y en celos me siento arder.

 

¡Ah! ¿Llorar? ¿Llorar?... no puedo

ni ceder a mi tristura,

ni consuelo en mi amargura

podré jamás encontrar.

 

Supe amar como ninguna,

supe amar correspondida;

despreciada, aborrecida,

¿no sabré también odiar?

 

¡Adiós, patria! ¡adiós,, amores!

La infeliz Zoraida ahora

sólo venganzas implora,

ya condenada a morir.

 

No soy ya del castellano

la sumisa enamorada:

soy la cautiva cansada

ya de dejarse oprimir.

 

José de Espronceda

28 de marzo de 1808

Almendralejo (Badajoz)

sábado, 25 de marzo de 2023

A LA PATRIA

 

A LA PATRIA

 

 

¡Cuán solitaria la nación que un día

poblara inmensa gente!

¡La nación cuyo imperio se extendía

del Ocaso al Oriente!

Lágrimas viertes, infeliz ahora,

soberana del mundo,

¡y nadie de tu faz encantadora

borra el dolor profundo!

Oscuridad y luto tenebroso

en ti vertió la muerte,

y en su furor el déspota sañoso

se complació en tu suerte.

No perdonó lo hermoso, patria mía;

cayó el joven guerrero,

cayó el anciano, y la segur impía

manejó placentero.

So la rabia cayó la virgen pura

del déspota sombrío,

como eclipsa la rosa su hermosura

en el sol del estío.

¡Oh vosotros, del mundo, habitadores!

Contemplad mi tormento:

¿Igualarse podrán ¡ah!, qué dolores

al dolor que yo siento?

Yo desterrado de la patria mía,

de una patria que adoro,

perdida miro su primer valía,

de una patria que adoro,

y sus desgracias lloro.

Hijos espurios y el fatal tirano

sus hijos han perdido,

y en campo de dolor su fértil llano

tienen ¡ay!, convertido.

Tendió sus brazos la agitada España,

sus hijos implorando:

sus hijos fueron, mas traidora saña

desbarató su bando.

¿Qué se hicieron tus muros torreados?

¡Oh, mi patria querida!

¿Dónde fueron tus héroes esforzados,

tu espada no vencida?

¡Ay!, de tus hijos en la humilde frente

está el rubor grabado:

a sus ojos caídos tristemente

el llanto está agolpado.

Un tiempo España fue: cien héroes fueron

en tiempos de ventura,

y las naciones tímidas la vieron

vistosa en hermosura.

Cual cedro que en el Líbano se ostenta,

su frente se elevaba;

como el trueno a la virgen amedrenta,

su voz las aterraba.

Mas ora, como piedra en el desierto,

yaces desamparada,

y el justo desgraciado vaga incierto

allá en tierra apartada.

Cubren su antigua pompa y poderío

pobre yerba y arena,

y el enemigo que tembló a su brío

burla y goza en su pena.

Vírgenes, destrenzad la cabellera

y dadla al vago viento:

acompañad con arpa lastimera

mi lúgubre lamento.

Desterrados ¡oh Dios!, de nuestros lares,

lloremos duelo tanto:

¿quién calmará ¡oh España!, tus pesares?,

¿quién secará tu llanto?

 

José de Espronceda

25 de marzo de 1808