miércoles, 15 de julio de 2026

LA PUERTA

 


LA PUERTA

 

Golpeo ahora

-y nadie dentro-

con los nudillos

hasta hacerme sangre

-y nadie dentro-

en estas puertas donde sé

-¡con qué certeza!-

que estuvo la ternura,

que estuviste tú, amor,

zaguán de sombra, renovada lumbre,

con el vestido aquel de cada día,

distinto siempre,

y suave, entero, con la luz tejido.

Nada me importa que ese árbol,

que ahora se muestra en una frontera

inalcanzable,

no tuviera ese sabor que hoy siento,

añoro.

Lo que yo busco, vive

porque esta en mi deseo,

y ese deseo sé que es mío, tanto

como lo perdí,

que no me pertenece,

que no puede esperar el desterrado.

Golpeo, y no contestan las cosas.

Y estaban. Aquí estábais, labios,

días, miedos y posesiones

fugaces, y extremadas razones, presas

de la inquietud.

Abra

quien abra,

responda quien responda,

sé que nunca será aquella voz,

aquella la acogida

por donde todo el día me anegaba

triunfando.

Sé que otra mano tomará aquel pomo

de la puerta, otra voz

-que yo querré encontrar en la memoria-

dirá: “Pasa aunque es tarde…”

Y entraré en la penumbra

-¿no dije antes que en la luz?-

doblando un poco el cuerpo

para que no se rompa del todo

la estrecha división de lo esperado

tanto tiempo.

Abra

quien abra,

pecho mío, ciego de incertidumbre,

sabio y caliente del refugio probado,

te precipitarás, porque la noche, fuera,

o el cegador día del que ahora vienes,

te habrán herido entre las ruinas

de la ciudadela abandonada.

Abra

quien abra,

golpeo porque el brazo

tiene ya la costumbre mendicante

que le ya dado el amor.

los herrajes hermosos,

la brillante fimbria de la puerta,

el asidero dulce del aldabón,

como un hombro desnudo,

salen al paso del mendigo, alargan

la conocida calle del deseo.

Puertas y puertas. Puertas.

Abra quien abra.

Llaman lo puños apretados,

y aúlla, como un viento desconocido,

nuestra doliente voz

en la nevada calle

que se va prolongando hasta la muerte

con sus puertas cerradas.

 

José García Nieto

6 de julio de 1914

Madrid

ESTA MEMORIA...

 


ESTA MEMORIA…

 

Esta memoria

que se cierne como los gorriones

en la rama más alta de mí misma,

este escuchar la noche

cuando hace sombra y el perfume

persiste en su influencia,

esas costumbres tuyas

en la casa,

húmeda del ensueño y la porfía.

 

La casa donde amabas tu inocencia

sigue guardando

esos primores de ceniza,

sigue con tu respiración flotando. A cuestas

trae los fantasmas pensativos:

está mi padre

rodando entre las cosas

(quería decirme: ¡hija,

al fin nos conocimos!...)

Y han vuelto algunos pétalos

que de un botón remoto habían caído.

Ha vuelto todo el tiempo

que borramos,

en este instante en que repito tu nombre

y sin embargo no es latido.

Telarañas me enseñan donde tengo

olvidada la nuca.

Está sin sábanas el lecho,

en un sillón florece el frío.

¿Cuál es el mago que te trae ahora

y te pone a bruñirme las ojeras,

cuál es el rico

que me da tu cuerpo?

Ya no es posible hallarte en remolinos,

la sorpresa sería

comerte con los ojos.

 

La casa,

la casa enorme con soledades y heliotropos,

lúgubre, vacía,

la casa centenaria sigue goteando

sobre mis heridas.

 

Arrancaré el azogue de todos sus espejos

buscándote.

Arrancaré las cenefas, los umbrales,

buscándote.

Arrancaré los muebles, los mosaicos,

el sol,

la selva que en el patio ha dado un solo paso,

mi insomnio de leona enternecida;

arrancaré el recuerdo

buscándote,

y he de encajar de nuevo en tus costillas.

 

Arrancaré los rincones de la casa,

la casa,

la casa donde nos podrimos.

Ha de quedar algún pedazo tuyo entre raíces,

alguna vibración de tus entrañas,

algún cabello que cayó de pronto

y luego fue un hilo de agonía,

el dejo tu voz entre las horas:

ha de quedar el giro de tu mano, al fin, llamando:

algo espantoso y bello.

Y yo sabré quien eres,

yo te reconoceré

de rodillas ante el grifo del agua,

yo te reconoceré

aunque sea por el gusto del fango;

y te daré por muerto entonces,

devastado este reino;

pero tranquila,

en orden,

porque tendré el consuelo

de imaginarte de los hombres.

 

Carilda Oliver Labra

6 de julio de 1922

Matanzas – Cuba

SOLEDADES

 


SOLEDADES

 

Todas las soledades –grises víboras- muerden

la duda que taladra mis sienes abatidas.

Nadie finge camino en torno de mis plantas

que repliegan, medrosas, su impulso derrotado.

 

¡Soledad de mi frente! Un residuo de sueños

la empolva de ceniza.

-¡Qué siniestra bandada de ideas en delirio

entrega al huracán su pálido plumaje!-.

 

¡Soledad de mis labios! Escondida zozobra

de los besos en flor que no abrasa el estío,

nostalgia de capullo condenado a vivir

su eterna adolescencia.

 

¡Soledad de mis manos! Inefable tortura

del gesto que se duerme en trance de caricia.

¿Para qué la ansiedad que entreabre mis palmas

si adhieren a su curva inútiles vacíos?

 

Soledades que cercan con límites de hierro

la expansión luminosa y frágil de mi vida…

¡Rompe tú las amarras que me retienen, muda,

en el hueco sombrío de mi rincón doliente!

 

Ernestina de Champourcin

10 de julio de 1905

Vitoria

miércoles, 1 de julio de 2026

BUSQUÉ TU NOMBRE



BUSQUÉ TU NOMBRE

 

Busqué tu nombre entre los nombres

de todos los tiempos.

Recorrí caminos y multitudes

por oír tu acento,

y sentí muy hondo el dolor acerbo

cuando de perdiste

en la encrucijada de mi pensamiento.

 

Luego te soñé en las noches largas

mirando a los cielos.

Desgrané los astros;

exprimí luceros;

arranqué las sombras

y encontré la nada llenando los huecos.

 

Ya no sé tu nombre que trepó en el viento.

Se perdió en un orbe

corrupto de hieles,

mientras que mis brazos,

se hacían eternos,

y mecí mi alma

con la resonancia cóncava del eco.  

 

Manuela López García

30 de junio de l910

Cacabelos (León)

 


lunes, 29 de junio de 2026

LOS SEDIENTOS

 

LOS SEDIENTOS

 

Vagando va por el erial ingrato,

detrás de veinte cabras,

la desgarrada muchachuela virgen,

una broncínea enflaquecida estatua.

Tiene apretadas las morenas carnes,

tiene ceñuda y soñolienta el alma,

cerrado y sordo el corazón de piedra,

secos los labios, dura la mirada…

            Sin verla ni sentirla

            la estéril vida arrastra

encima de unas tierras siempre grises,

debajo de unas nubes siempre pardas.

Como pan negro, enmohecido y duro,

bebe en los charcos pestilentes aguas,

se alberga en un cubil, viste guiñapos,

y se acuesta en un lecho de retamas.

          No sueña cuando duerme,

no piensa cuando vela desvelada;

            si sufre, nunca llora;

            si goza, nunca canta,

y vive sin terrores ni deleites,

        que no la dicen nada

ni los fragores de las noches negras,

ni los silencios de las noches diáfanas,

ni el rebullir del convecino sapo,

ni los aullidos de la loba flaca

que yerra sola venteando carne

de chivos y de cabras.

Nunca sintió las alboradas tristes,

nunca sintió las bellas alboradas,

ni el ascender solemne de los días

ni la caída de las tardes mansas,

ni el canto de los pájaros,

ni el ruido de las aguas,

ni las nostalgias del rumor del mundo,

ni los silencios que el erial encalman.

Su padre fue el pecado,

su madre, la desgracia,

y otra pareja infame

de carne estéril y de infames almas,

la robó de la cuna de los huérfanos

con hórrida codicia calculada.

El mirar de sus ojos ofendidos

por el erial resbala

como el osado pensamiento humano

que osa escrutar los reinos de la nada.

Ciegos los ojos, sordos los oídos,

la lengua muda y soñolienta el alma,

vagando va por el erial escueto

detrás de veinte cabras

que las tristezas del silencio ahondan

con la música opaca

del repicar de sus pezuñas grises

sobre grises fragmentos de pizarras.

 

José María Gabriel y Galán

29 de junio de 1870

Guijuelo (Salamanca) 

LAS SENDAS QUE ME OBLIGO A RFECORRER POR TI...

 

LAS SENDAS QUE ME OBLIGO A RECORRER POR TI…

 

Las sendas que me obligo

a recorrer por ti,

no las borra la vida,

y en vez de flores, una venda,

dura como una máscara,

va dividiendo el campo.

Quisiera haber nacido junto a ti,

vivir de rama en rama, sin caminos,

pero veo la distancia, el no alcanzarte

y peregrina el corazón pisando rosas

y llega al tuyo cuando sueña

dentro de una ciudad donde aplastado

quedó el verdor, la risa, las colmenas.

En ellas se enredaron los caminos

y la tierra ofendida quedamente

lanza leves suspiros, sus jardines;

sus torres que desprecios a la brisa

hacen inmóviles

voces de bronce dan

para anunciar las nuevas tumbas.

Yo sé por qué la tierra enfurecida

a veces tiembla y rompe las ciudades:

alguien responde al llanto de las yerbas

que no pueden nacer bajo las losas.

Las pisadas del hombre van dejando

su estéril huella, firme que divide

con una seca herida el prado verde

y más endurecido y seco implora

sostén a sus pisadas, que se calle

el color, que no pronuncie

en tallos de alegría

su gesto el campo;

mas impasible quiere su dominio,

con mármol sueña lapidar llanuras.

No así mi amor, tu mundo, otro planeta,

la flor intacta con ocultos ríos:

por sus venas iré sin ser notado,

soy de tu corazón dócil corriente.

 

Manuel Altolaguirre

29 de junio de 1905

Málaga


AMANTES

 


AMANTES

 

El que todo lo ama con las manos

despierta la caricia de las cítaras,

siente el silencio y su pesada carne

fluyendo como ungüento entre los dedos,

lame la lenta lengua de sus manos

el hueso de la tarde y sus sortijas

se enredan en el ave adormecida

del viento. Labra en mármoles de humo

el cuerpo palpitante del abrazo

extenuado cual cervato agónico,

y con el pico frío de sus uñas

monda la oliva efímera del beso.

El que se ama solo, el que se sueña

bajo el deseo blanco de las sábanas,

el que llora por sí, el que se pierde

tras espejos de lluvia y el que busca

su boca cuando bebe el don del vino,

el que sorbe en la axila de la rosa

la pereza oferente de sus hombros,

el que encuentra los muslos del aljibe

contra sus muslos, como un saurio verde

sobre el mármol desnudo e inviolado,

ese que pisa, sombra, desdeñoso

el pavimento de las madrugadas.

El que ama un instante peregrino

voluble, de flauta hasta los labios,

de la trenza al cítiso, de los cisnes

a la garganta, de la perla al párpado,

de la cintura al ágata, del paje

a la calandria y tras él, silente

va talando el olvido de las mieses altas,

tirso áureos de espigas, leves brotes,

todo un bosque confuso de recuerdos,

y él va cantando, ruiseñor nocturno,

capricho y galanía, bajo la luna.

Y el que besa llorando y el que sólo

sabe ofrecer y aquel que cubre el pecho,

para no amar, de oscuro arnés, sonrisa

y un gerifalte lleva silencioso

devorando su corazón de gules.

Todos, la noche maga con su rezo

los enloquece, clava en sus pupilas

el helor de su vaga nieve negra,

les da a beber rencor entre sus manos,

los hurta en el arzón de sus corceles,

los trae y los lleva como mar en cólera,

coronadas las olas de sollozos,

de cabelleras náufragas, de sangre,

y los devuelve dulces, poseídos,

hasta la playa bruna y solitaria.

 

Pablo García Baena

29 de junio 1923

Córdoba

jueves, 25 de junio de 2026

VALS

 


VALS

 

Yo toco el odio como pecho diurno,

yo sin cesar, de ropa en ropa vengo

durmiendo lejos.

 

No soy, no sirvo, no conozco a nadie,

no tengo armas de mar ni de madera,

no vivo en esta casa.

 

De noche y agua está mi boca llena.

La duradera luna determina

lo que no tengo.

 

Lo que tengo está en medio de las olas.

Un rayo de agua, un día para mí:

un fondo férreo.

 

No hay contratar, no hay escudo, no hay traje,

no hay especial solución insondable,

ni párpado vicioso.

 

Vivo de pronto y otras veces sigo.

Toco de pronto un rostro y me asesina.

No atengo tiempo.

 

No me busquéis entonces descorriendo

el habitual hilo salvaje o la

sangrienta enredadera.

 

No me llaméis: mi ocupación es esa.

No preguntéis mi nombre ni mi estado.

Dejadme en medio de mi propia luna,

en mi terreno herido.


Pablo Neruda

Cuadro: "El baile de la vida" de Edvard Munch

 

JUEGOS DEL ALMA

 


JUEGOS DEL ALMA

 

Mientras yo a carcajadas me reía,

en otra habitación Margot lloraba;

¡Qué contraste formó con mi alegría

la pena que su llanto revelaba!

 

Corro al instante a verla y la pregunto:

¿Por qué con tal dolor estás llorando?

Di… ¿Por qué gritas? Y responde al punto

es porque estoy a lágrimas jugando.

 

¿Cómo? ¡Jugar a lágrimas! ¡Ignoras

lo que dices Margot! ¡Vives de prisa!

Mientras tú alegre juegas a que lloras

yo estoy con mi dolor jugando a risa.

 

Juan de Dios Peza

29 de junio de 1852

Ciudad de México – México


miércoles, 24 de junio de 2026

LA CASA



LA CASA

 

Yo sé que sigue allí.

                               Si la memoria

se acerca sin querer a las riberas

de aquel tiempo que grita en el silencio

de los días perdidos, se levanta

otra vez en mi pecho el antiguo dolor,

la profunda caricia del incendio

que cantaba en el centro de un verano

vibrante, de unos meses extendidos

sobre la tierra aquella, tan lejana.

 

Heridas de la luz, caminos lentos

por los que anduvo un cuerpo, una alegría,

un temor que creció bajo los ojos

de cualquier madrugada.

                                         Ahora regreso

a la casa de entonces. Allí siguen

los objetos que oyeron el sonido

de nuestra soledad en la penumbra

de aquella habitación, el viejo lecho

en que ardieron los astros, los minutos

que se fueron cayendo de tus manos.

 

Y afuera sigue el sol, y el árbol solo

anclado en el calor del mediodía.

 

Eloy Sánchez Rosillo

24 de junio de 1948

Murcia