martes, 10 de febrero de 2026

CANCIÓN DE LA BUENA GENTE

 


CANCIÓN DE LA BUENA GENTE 

A la buena gente se la conoce

en que resulta mejor

cuando se la conoce. La buena gente

invita a mejorarla, porque

¿qué es lo que a uno le hace sensato?

Escuchar y que le digan algo.

Pero, al mismo tiempo,

mejoran al que los mira y a quien

miran. No sólo porque nos ayudan

a buscar comida y claridad, sino,

más aún,

nos son útiles porque sabemos

que viven y transforman el mundo.

Cuando se acude a ellos,

siempre se les encuentra.

Se acuerdan de la cara que tenían

cuando les vimos por última vez.

Por mucho que hayan cambiado

-pues ellos son los que más cambian-

aún resultan más reconocible.

Son como una casa que ayudamos a construir.

No nos obligan a vivir en ella,

y en ocasiones no nos lo permiten.

Por poco que seamos, siempre podemos ir a ellos,

pero tenemos que elegir lo que llevamos.

Saben explicar el porqué de sus regalos,

y si después los ven arrinconados, se ríen.

Y responden hasta en esto: en que,

si nos abandonamos,

les abandonamos.

Cometen errores y reímos,

pues si pones una piedra en lugar equivocado,

vemos, al mirarla,

el lugar verdadero.

Nuestro interés se ganan cada día,

lo mismo que se ganan su pan de cada día.

Se interesan por algo

que está fuera de ellos.

La buena gente nos preocupa.

Parece que no pueden realizar nada solos,

proponen soluciones que exigen aún tareas.

En momentos difíciles de barcos naufragando

de pronto descubrimos fija en nosotros

su mirada inmensa.

Aunque tal como somos no les gustamos,

están de acuerdo, sin embargo,

con nosotros.

 

Brecht, Bertolt

10 de febrero de 1898

Augsburgo – Alemania

lunes, 9 de febrero de 2026

SOY

 


SOY

 

¿Adónde iré que vaya sola

si siempre voy conmigo?

 

No temo viento, tierra y ola,

que soy yo mi enemigo,

el sol que me arrebola

y el fuego en que me abrigo.

 

¿Adónde iré que vaya sola

si siempre voy conmigo?

 

Amor, Dolor, Fracaso y Muerte,

¡yo jamás os temí!

No tengo miedo de la suerte,

tengo miedo de mí,

 

que soy la sima y el desierto

y el espejismo en que se abisma

la fría imagen de ese muerto

que soy yo misma.

 

No odio a los otros;

me odio a mí,

que soy yo mi enemigo,

la mano que enarbola la fúnebre bandera

con una calavera

que maldigo.

 

¿Adónde iré que vaya sola

si siempre voy conmigo?

 

¿Cómo a la luz marchar

si por acaso

un día la luz me nombra?

¿Cómo a la luz llegar

si yo a mi paso

voy creando la sombra?

 

De nadie desconfío,

más de mí sí,

que soy yo mi enemigo.

El horror me aureola

cuando el paso prosigo…

 

¿Adónde iré que vaya sola

si siempre voy conmigo?

 

¡Liberación! ¡Liberación!

¡Ser otra bajo otro prisma,

y renacer y transformarme!

¿Qué hacer para liberarme

de mí misma?

 

Más si debo anudarme mi destino

sobre los hombros, cual pesada estola,

y fiel a su mandato sigo y sigo,

por cualquier senda y por cualquier camino,

¿adónde iré que vaya sola

si siempre voy conmigo?

 

Elisabeth Mulder

9 de febrero de 1904

Barcelona

domingo, 8 de febrero de 2026

DISTRACCIONES CON LA AMADA

 


DISTRACCIONES CON LA AMADA

 

Por cimbreante ramita aromada,

absorbiendo en tinieblas su néctar,

de un cáliz a otro corría

la humedad de alocada tormenta.

 

Deslizándose de uno a otro cáliz,

dejó en ellos, muy nítida,

una gota, enorme, cual ágata,

reluciente, colgante y tímida.

 

Nada importa que el viento,

que azota el arbusto,

esa gota torture y aplaste.

Queda entera, no rompe,

y quedan dos más

que se besan y beben.

 

Y se ríen, e intentan soltarse,

mas se yerguen, y quedan como antes.

No caerán esas gotas del cáliz,

no podrán separarse por nada.

 

Boris Pasternak

10 de febrero de 1890

Moscú –Rusia

sábado, 7 de febrero de 2026

LA GRAN DESGRACIA

 


LA GRAN DESGRACIA

 

A un viejo que pasaba la calle

detuvo del faldón de la levita

una niña bonita

y de arrogante talle,

diciéndole: --Señor, por vida suya

quiero que usted me instruya

de las nuevas que aquí me participa

una tía que tengo en Arequipa.

Y sin más requilorio

una carta pasóle al vejestorio.

 

Calóse el buen señor sobre los ojos

un grave para de anteojos,

el sobre contempló la oblea,

la arenilla quitó de los borrones,

examinó la firma, linda o fea,

y se extasió media hora en los renglones.

 

Ya de aguardar cansada

--¿qué me dicen, señor? –dijo la bella.

Y el viejo echó a llorar diciendo: -¡Nada!

Has nacido, mujer, con mala estrella.

 

Asustada la joven del exceso

de llanto del anciano,

le preguntó: --¿Quizá murió mi hermano?

Y el viejo respondióle: --¡Ay! es peor que eso.

--¿Está enferma mi madre?

Todavía, es peor cosa, hija mía:

no puedes resistir a esta desgracia…

yo, viejo y todo, me volviera loco.

--¿Qué ha sucedido, pues, por Santa Engracia?

--Que tú no sabes leer…, y yo tampoco.

 

Ricardo Palma

7 de febrero de 1833

Lima – Perú

viernes, 6 de febrero de 2026

USTÉ

 

USTÉ

 

Eso de hablarnos de usté

aunque estemos los dos solos,

y que de usté a mí me digas,

y yo de usté a ti te hable,

tiene una gracia…, es tan nuevo,

que rompe todos los moldes

del “tú por tú”, tan gastado

entre gente que se quiere.

 

Además, que, así, de usté,

parece que a cualquier hora,

ya sea de noche o de día,

somos dos desconocidos

que acaban de conocerse…

 

--¿Quiere usté dar un paseo?

--¿Qué le parece la tarde?

--¿Verdá que es blanca esta rosa?

--Su reló va adelantado…

 

Y nos queremos los dos

cada vez con más locura,

y nuestras vidas son ya

dos ríos entrelazados…

 

Y hemos partido la luna

como un pan de miga blanda,

la mitad, para tu boca,

la mitad, para la mía.

 

Llámame de usté ya siempre,

porque si de tú me hablaras,

romperías el encanto

de esta aristocracia nueva

del corazón y del beso

y de la esquina imprevista…

 

¡Mi vida, que yo te sienta,

muchas veces al oído,

decirme, cuando esté triste:

¡Ay, cómo le quiero a usté!

 

Rafael de León

6 de febrero de 1908

Sevilla

 

jueves, 5 de febrero de 2026

8 - SI ME DISTE EL AMOR, NO ME LO QUITES...

 

SI ME DISTE ELAMOR, NO ME LO QUITES…

 

Si me diste el amor, no me lo quites,

que llevo andado ya duro camino,

endereza los surcos de mi sino

que iré a buscar tu luz  donde me cites.

 

Te daré un haz de sol, si me permites

entrar en tu sentir y en tu destino,

un mundo de ternuras que domino,

y un horizonte largo, si lo admites.

 

Déjame tu alegría enamorada

para que no me pesen los senderos

por donde quiero andar a tu llegada,

 

que me nutres el alma remansada

cuando encuentro tu voz por los regueros

de mi sangre, a tu risa ya encauzada.

 

Marina Romero

5 de febrero de 1908

Madrid

miércoles, 4 de febrero de 2026

MIENTRAS DESCIENDE EL SOL

 


MIENTRAS DESCIENDE EL SOL

 

Mientras desciende el sol, lento como la muerte,

observas a menudo esa calle donde está la escalera

que conduce a la puerta de tu guarida. Dentro

se encuentra un hombre pálido, cumplida ya, remota

la mitad de su edad; fuma y se asoma

hacia la calle desviada; sonríe solitario

a este lado de la ventana, la famosa frontera.

 

Tú eres ese hombre; una hora larga llevas

viendo tus propios movimientos

pensando desde fuera, con piedad,

las ideas que en el papel pacientemente depositas;

escribiendo, como fin de una estrofa,

que es muy penoso ser, así, dos veces,

el pensarse pensando,

la vorágine sinuosa de mirar la mirada,

como un juego de niños que tortura, paraliza, envejece.

 

La tarde, casi enferma de tan lejana,

se sumerge en la noche

como un cuerpo harto ya de fatiga, en el mar, dulcemente.

Cruzan aves aisladas el espacio de color indeciso

y, allá al final, algunos caminantes pausados

se dejan agostar por la distancia; entonces

el paisaje parece un tapiz misterioso y sombrío.

 

Y comprendes, despacio, sin angustia,

que esta tarde no tienes realidad, pues a veces

la vida se coagula y se interrumpe, y nada entonces

puedes hacer contra ello, más que sufrir un sufrimiento,

desorientado y perezoso, una manera de dolor marchito,

y recordar, prolijamente,

algunos muertos que fueron desdichados.

 

 

Félix Grande

4 de febrero de 1937

Mérida (Badajoz)

martes, 3 de febrero de 2026

SALUDO, QUITÁNDOME ALGO MÁS QUE EL SOMBRERO

 


SALUDO, QUITÁNDOME ALGO MÁS QUE EL SOMBRERO

 

A ti, que eres cualquiera

y pesas lo que pesan

tu pena y tu materia;

 

a ti, pequeño y raro,

igual que yo, que todos,

y a un tiempo bueno y malo;

 

a ti, que me reflejas,

y a mí mismo que a veces

me miro desde fuera,

 

riéndome proclamo,

deshaciéndome digo

como quien pasa el rato.

 

Estamos dando saltos

inmortales, grotescos.

Nos han domesticado.

 

Soy sólo un garabato.

Mi sombra me hace muecas.

Soy como tú, macabro.

 

Yo lloré. Tú has llorado.

Somos perros molidos

que aún menean el rabo.

 

Amigo, ¡buenos días,

buenas tardes, buenas noches,

buenas melancolías!

 

Gabriel Celaya

lunes, 2 de febrero de 2026

EN MI CUARTO, CON EL BALCÓN ABIERTO

 


EN MI CUARTO, CON EL BALCÒN ABIERTO

 

Estas cálidas noches, Julio largo y sedante,

cuando en mi cuarto blanco paseo solitario,

con el balcón abierto, respiro cielos anchos

y me siento joven (claro que es mentira),

y me siento alegre (no podéis negarlo),

y contra el mundo entero,

contra mis deberes, y mi edad, y mi cansancio,

me afirma simplemente.

 

Sobre mis dos pies que aquí se apoyan recios

pesa un cuerpo macizo que da una sombra cierta,

se eleva mi cabeza segura y orgullosa,

brilla un sexo que apunta a un calor femenino;

digo simplemente

que soy un hombre entero y que el serlo me basta,

soy un hombre vulgar (lo que no es poca cosa),

soy feliz como puede serlo cualquier otro.

 

Gabriel Celaya

domingo, 1 de febrero de 2026

AHORA ES EL MOMENTO

 

 

AHORA ES EL MOMENTO

 

En aquellos inicios de la vida discente

el amor: serpentinas

próceres de latón en las altas columnas

por cierto trasnochábamos tila a veces

para el borracho de la tuna rondábamos

amores poco claros

de putas

sí de putas buena idea patios

mojados por el rocío palmeras

azuladas del alba bandurrias o laúdes?

Que más daba despierta

niña despierta se distinguía el dorado de los ojos

desde las verjas amazonas

en camisón florido ante la música

y el aroma la melodía salvaje la salvaje

primavera del sur

por las acequias perros aulladores

almendros y naranjos florecidos

diez noches sin dormir seguía la fiesta

la ronda inacabable de las copas

la voz ronca el desmayo al desnudarse

ahora

las lentas tardes las gastadas palabras

los gastados abrazos unas frases cogidas

al vuelo sin nadie ya sin nada

mantas raídas gestos esquivos ya ves

subieron el descuento y el banco no aceptó

traición de la memoria barcos

de panel escorados en el limo

perdidos.

 

Antonio Martínez Sarrión

1 de febrero de 1939

Albacete