EL MAÑANA EFÍMERO
La España
de charanga y pandereta,
cerrado y
sacristía,
devota de
Frascuelo y de María,
de espíritu
burlón y de alma quieta,
ha de
tener su mármol y su día,
su
infalible mañana y su poeta.
En vano
ayer engendrará un mañana
vacío y
por ventura pasajero.
Será un
joven lechuzo y tarambana,
un sayón
con hechuras de bolero,
a la moda
de Francia realista
un poco
al uso de París pagano
y al
estilo de España especialista
en el
vicio al alcance de la mano.
Esa España
inferior que ora y bosteza,
vieja y
tahúr, zaragatera y triste;
esa España
inferior que ora y embiste,
cuando se
digna usar la cabeza,
aún tendrá
luengo parto de varones
amantes
de sagradas tradiciones
y de
sagradas formas y maneras;
florecerán
las barbas apostólicas,
y otras
calvas en otras calaveras
brillarán,
vulnerables y católicas.
El vano
ayer engendrará un mañana
vacío y
¡por ventura! pasajero,
la sombra
de un lechuzo tarambana,
de un sayón
con hechuras de bolero;
el vacuo
ayer dará un mañana huero.
Como la náusea
de un borracho ahíto
de vino
malo, un rojo sol corona
de heces
turbias las cumbres de granito;
hay un
mañana estomagante escrito
en la
tarde pragmática y dulzona.
Mas otra España
nace,
la España
del cincel y de la maza,
con esa
eterna juventud que se hace
del
pasado macizo de la raza.
Una España
implacable y redentora,
España que
alborea
con un
hacha en la mano vengadora,
España de
la rabia y de la idea.
Antonio
Machado
26 de
julio de 1875
Sevilla
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