MI CORAZÓN, MI
VIDA, MI SANGRE ENARBOLADA…
Mi corazón,
mi vida, mi sangre enarbolada,
bajo esta
noche hosca, tumbada como un perro,
te busca
para siempre, honda huella del llanto,
para
estrechar tu alma estremecida y pura
contra
este pecho mío tan grande como el mundo.
Quiero tenerte
aquí, quiero hundir tu tristeza
con el
hacha amorosa de mi ardiente alegría.
Quiero,
como una llama, arrancarte la duda
y probar
que el dolor nos enseña la herida.
Mi amor
no muere nunca, pero renace siempre.
Esta noche
se ha alzado con la verdad desnuda
como una
espada inmensa cuando sueña en la muerte
aferrándose
al puño que conduce su vida.
Tú calmarás
mi fiebre, yo beberé en tus manos,
me miraré
en tus ojos cuando encontrarme quiera.
De cada día
haremos un corto paraíso,
una
conquista nueva arrancada al vacío.
Serán cortas
las horas, los meses y los años
para
tanta hermosura en esta dicha altísima…
Aquí estoy,
en la noche, llorando como un niño,
frágil
cuerpo de hombre que estremecido espera.
Alrededor
de ti crezco como la hierba
junto a
la encina clara que le presta su sombra.
Porque en tu sombra habito y para ti me alzo,
corazón,
hacia arriba, sangre mía cimera,
en busca de
tu tierna delicadeza fresca
que en un
talle dulcísimo se me entrega ofrecida.
No quiero
más, me basta, se me sosiega el ímpetu.
Como el
agua a la mano me ciño a tu presencia
y te mojo
la entraña de amor inexpresable.
Quiero vivir
amándote, quiero morir contigo,
quiero
que nuestras sangres circulen paralelas
hasta que
nuestros cuerpo se pudran en la tierra.
José Luis
Hidalgo
12 de
octubre de 1919
Torrelavega
(Cantabria)
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