lunes, 9 de marzo de 2026

CAVA Y CAVA EL OBRERO EN TIERRA DURA...

 


CAVA Y CAVA EL OBRERO EN TIERRA DURA…

 

Cava y cava el obrero en tierra dura,

Que en vergel convertida, tal vez fuera

Gala de la llanura,

Por si en su centro descubrir pudiera

Mineral rico que buscar procura,

Y más, ¡ay! la maltrata

Si en vez de cobre el minera el plata.

 

 Así en el corazón Dolores mía,

Cuanto es de abnegación más poderoso,

Las penas a porfía

En él practican más profundo foso,

Y le dan más tormento

Cuanto le ven más rico en sentimiento.

 

Tranquilo el tuyo está; y aún le avaloro

Más niña que a tu cara,

Que un ángel por la suya bien trocara:

Si un día, que ya lloro,

Busca el dolor las minas que en él guardes,

No en mostrárselas tardes,

Y sufre sin reparo;

Quizá en cada gemido

Irá envuelto el placer de un ser querido,

Y el corazón que es bueno

Halla su dicha en el contento ajeno!

 

Joaquina García Balmaseda

17 de febrero de 1837

Madrid

domingo, 8 de marzo de 2026

LA HORA

 


LA HORA

 

Tómame ahora que aún es temprano

y que llevo dalias nuevas en la mano.

Tómame ahora que aún es sombría

esta taciturna cabellera mía.

 

Ahora, que tengo la carne olorosa,

y los ojos limpios y la piel de rosa.

Ahora que calza mi planta ligera

la sandalia viva de la primavera.

 

Ahora que en mis labios repica la risa

como una campana sacudida a prisa.

Después… ¡oh, yo sé

que nada de eso más tarde tendré!

 

Que entonces inútil será tu deseo

como ofrenda puesta sobre un mausoleo.

¡Tómame ahora que aún es temprano

y que tengo rica de nardos la mano!

 

Hoy, y no más tarde. Antes que anochezca

y se vuelva mustia la corola fresca,

hoy, y no mañana. Oh amante, ¿no ves

que la enredadera crecerá ciprés?

 

Juana de Ibarbourou

8 de marzo de 1892

Melo – Uruguay

 


sábado, 7 de marzo de 2026

EL DELIRIO



EL DELIRIO

 

Oigo del mundo el eco lisonjero sonar,

gozoso en torno de mi mente,

y la insensata gente

veo correr en vano

sin poder halagar ningún sentido:

¿será, que la fortuna a los mortales

jamás otorgue algún placer cumplido;

o que el fastidio siga a las pasiones,

que no pueden saciar sus corazones?

 

Genio, que inspiras sin cesar mi canto,

yo me abandono a ti; guía mi acento;

vuela en pos del contento

que el hombre te presenta en su grandeza,

cuando engañado su vivir fatiga,

y sus tesoros por gozar prodiga.

 

Jamás el espectáculo pomposo

vio del sol al nacer, ni sus oídos

el canto de las aves melodioso

gozaron, cuando el orbe se ilumina;

sumido en ocio, de velar cansado,

la noche se avecina

cuando el lecho dejando lentamente,

torna de los placeres al bullicio,

con que el mundo le encubre el precipicio.

 

Piensa que puede amar, y ser amado;

y los deleites del amor siguiendo,

un instante engañado

vivió de su ilusión encantadora;

pero nunca gozó: desconfianzas,

ingratitud, traiciones le atormentan;

celos devoradores

le acosan sin cesar con sus furores;

y si en la variedad busca delicias,

el interés le vende sus caricias.

 

El lujo le previene los banquetes

que la gula inventó; soberbio en ellos

adula su deseo caprichoso

con viandas exquisitas:

naturaleza de su seno hermoso,

los dones le presenta, que cultiva

bañado de sudor el desvalido,

allí desvanecido,

de falaces amigos rodeado,

con extraños licores lisonjea

su apetito estragado,

hasta que en el desorden ya beodo

pierde con la razón el placer todo.

 

Envilecido entonces, degradado

del nombre racional corre aturdido

del circo al espectáculo sangriento,

en él, igual a las sañudas fieras,

del hombre perseguidas,

tranquilo goza el bárbaro contento

de ver los inocentes animales

rabiando de perecer; y si la suerte

no protege los diestros lidiadores

también sin susto ve llegar su muerte.

 

Si asiste del teatro a las delicias,

sólo es por vanidad; su entendimiento

desconoce del arte los encantos:

el vano lucimiento

ocupa su atención; no las pasiones

que ve representar; no las desgracias,

ni el castigo, que alcanza el vicio impío,

su corazón movieron,

de sentimientos y virtud vacío.

 

Alguna vez de estruendo venatorio

seguido al campo sale;

y en el placer de muerte embebecido

las libres aves su rigor destruye;

que el privilegio de volar no vale

contra el ronco estallido

de la pólvora atroz; ni el manso ciervo,

ni la tímida liebre,

ni el veloz gamo su vivir libraron;

todos perecen: ¡ay!, cuando se aleja,

rastros de sangre por el valle deja.

 

Corre luego al festín; el atractivo

de la danza le ofrece sus deleites;

allí en tropel festivo

los mortales alegres se abandonan:

quien, en vueltas acá y allá girando,

en sus brazos conduce la doncella;

quien, rápido saltando,

del bello sexo la pasión excita;

quien, por danzar se agita,

y a los espectadores atropella:

los ojos se deleitan, los oídos;

y el tacto encanta los demás sentidos.

 

En vano este delirio pasajero

su languidez desvela,

mas poderoso objeto necesita,

para gozar placer; al juego vuela,

al juego destructor; en él consume

su tiempo y su riqueza:

en sus falaces suertes pierde el oro,

que socorrer pudiera cien familias,

deja entre las manos de un malvado,

lo que aliviar debiera al desdichado.

 

Si honoríficos puestos solicita,

¡cuánto a su orgullo que sufrir le espera!

La brillante carrera

de los premios emprende,

sin merecer ninguno; en ella ansioso

teme desaires, humillado ruega,

lisonjea, importuna,

y si acaso concede la fortuna

a su anhelar la injusta recompensa,

llega la senectud, y en por la muerte

se presenta, seguida

del atormentador remordimiento,

de dolencia y terror; en vano entonces

remedios busca, por alivio clama;

el sepulcro lo llama;

baja a su seno, y su memoria en tanto

de nadie logra compasión ni llanto.

 

¿Y qué placer gozó? Todos huyeron

fugaces, del destino a la inconstancia;

todos en aflicción se convirtieron

cuando llegó su fin. ¿Acaso existe

algún placer durable cual la vida?

¿Acaso el mundo los consuelos niega

de recordar la dicha, aunque perdida?

 

No, débiles mortales;

la sagrada virtud en nuestros males

brilla, como la luz en las tinieblas;

ella conforta el corazón humano

contra la adversidad; y el poderoso,

que al triste socorrió con larga mano,

consigue venturoso

el supremo placer de hacer felices:

este es solo el deleite duradero

hasta el instante de vivir postrero.

 

Maria Rosa Gálvez de Cabrera

14 de agosto de 1768

Málaga

 



viernes, 6 de marzo de 2026

UNA LÁGRIMA

 


UNA LÁGRIMA

 

Puede ser una lágrima la historia

de un corazón por el pesar vencido:

puede ser el adiós que la memoria

da a un bien soñado, si lo ve perdido.

El mudo grito que al espacio lanza,

tal vez, algún oculto sentimiento:

suspiro que, al morir, da la esperanza,

o de la dicha misterioso acento.

 

Puede ser la expresión callada y pura

de la fe sincera, o de entusiasmo ardiente,

y puede ser, también, de la ternura

el acento más dulce y elocuente.

Cuando la impulsa caridad sublime,

puede brotar por el dolor ajeno:

al rodar una lágrima, redime

un pasado, quizás, de sombras lleno.

 

Ella puede expresar cuanto en la tierra

al corazón conmueve o esclaviza.

¡Quién puede adivinar lo que ella encierra

cuando por un semblante se desliza.

 

Concepción Estevarena

10 de enero de 1854

Sevilla

jueves, 5 de marzo de 2026

REVE

 

REVE

 

Su voz debe ser dulce y persuasiva

y soñadora y triste su mirada …

debe tener la frente pensativa

por un halo de ensueños circundada.

 

Su alma genial, cual pálida cautiva

de un astro esplendoroso desterrada,

sueña con una nube fugitiva

y con el traje de crespón de un hada.

 

Cuando la ronda azul de los delirios

disipa sus nostálgicos martirios

borrando del pesar la obscura huella,

 

él se acuerda, en la noche silenciosa,

de aquella virgencita misteriosa

que dejó abandonada en una estrella.  

 

Juana Borrero

18 de mayo de 1877

La Habana - Cuba

miércoles, 4 de marzo de 2026

TODOS VIENEN A DARME CONSEJO...

 

TODOS VIENEN A DARME CONSEJO…

 

Todos vienen a darme consejo.

Yo estoy dormido junto a un pozo.

 

Todos se acercan y me dicen:

-La vida se te va,

y tú e tiendes en la yerba,

bajo la luz más tenue del crepúsculo,

atento solamente

a mira cómo nace

el temblor del lucero

o el pequeño rumor

del agua, entre los árboles.

 

Y tú te tiendes sobre la yerba:

cuando ya tus cabellos

comienzan a sentir

más cerca y fríos que nunca,

la caricia y el beso

de la mano constante

y sueño de la luna.

 

Y tú te tiendes sobre la yerba:

cuando apenas si puedes

sentir en tu costado

el húmedo calor

del grano que germina

y el amargo crujir

de la rosa muerta.

 

Y tú te tiendes sobre la yerba:

cuando apenas si el viento

contiene su rigor,

al mirar en ruina

los muros de tu espalda,

y, el sol, ni se detiene

a levantar tu sangre del silencio.

 

Todos se acercan y me dicen:

-Tú duermes en la tierra

y tu corazón sangra

y sangra, gota a gota

ya sin dolor, encima de tu sueño,

como en lo más oscuro del jardín, en la noche,

ya sin olor, se muere la violeta-.

Todos vienen a darme consejo.

Yo estoy dormido junto a un pozo.

 

Sólo, si algún amigo mío

se acerca, y, sin pregunta

me da un abrazo entre las sombras:

lo llevo hasta asomarnos

al borde, juntos, del abismo,

y, en sus profundas aguas,

ver llorar a la luna y su reflejo,

que más tarde ha de hundirse

como piedra de oro,

bajo el otoño frío de la muerte.

 

Emilio Prados

4 de marzo de 1899

Málaga

martes, 3 de marzo de 2026

OH, LIBERTAD

 


OH, LIBERTAD

 

¡Oh!, libertad, fantasma de la vida,

astro de amor a la ambición humana

el hombre en su delirio te engalana,

pero nunca te encuentra agradecida.

Despierta alguna vez, siempre dormida

cruzas la tierra, como sombra vana;

se te busca en el hoy para el mañana,

viene el mañana  y se te ve perdida.

Cámbiase el niño en el mancebo fuerte

y piensa que te ve ¡triste quimera!

Con la esperanza de llegar a verte

Ruedan los años sobre la ancha esfera

y en el último trance de la muerte

aun no dice tu voz, ¡espera, espera!

 

Rosario de Acuña

1 de noviembre de 1850

Madrid

lunes, 2 de marzo de 2026

A LA VIDA

 

 


A LA VIDA

 

Huye el tiempo veloz: La yerta mano

de la severa edad en nuestra frente

graba profundas huellas inclemente,

y el oscuro cabello vuelve cano.

¡Desdichada existencia! Triste y vano

afán de ser feliz el alma siente,

y ¡ay! la felicidad es solamente,

bello ideal de pensamiento humano.

De una en otra esperanza ansioso vuela

el mísero mortal desde la cuna;

en la vejez aguarda todavía:

y en pos de más allá que inquieto anhela,

sin encontrar jamás tregua ninguna,

le sorprende feroz la muerte impía.

 

Antonia Díaz Fernández de Lamarque

1827

Sevilla

domingo, 1 de marzo de 2026

PLENITUD

 

PLENITUD

 

Puesto que apliqué mis labios a tu copa llena aún,

y puse entre tus manos mi pálida frente;

puesto que alguna vez pude respirar el dulce aliento

de tu alma, perfume escondido en la sombra.

 

Puesto que me fue concedido escuchar de ti

las palabras en que se derrama el corazón misterioso;

ya que he visto llorar, ya que he visto sonreír,

tu boca sobre mi boca, tus ojos en mis ojos.

 

Ya que he visto brillar sobre mi cabeza ilusionada

un rayo de tu estrella, ¡ay!, siempre velada.

Ya que he visto caer en las ondas de m vida

un pétalo de rosa arrancado a tus días,

 

puedo decir ahora a los veloces años:

¡Pasad! ¡Seguid pasando! ¡Yo no envejeceré más!

Idos todos con todas nuestras flores marchitas,

tengo en mi álbum una flor que nadie puede cortar,

 

vuestras alas, al rozarlo, no podrán derramar

el vaso en que ahora bebo y que tengo bien lleno.

Mi alma tiene más fuego que vosotros ceniza.

Mi corazón tiene más amor que vosotros olvido.

 

Víctor Hugo

26 de febrero de 1802

Besanzón – Francia

MELANCOLÍA DEL DESAPARECER

 


MELANCOLÍA DEL DESAPARECER

 

Y pensar que después que yo me muera,

aún surgirán mañanas luminosas,

que bajo un cielo azul, la primavera,

indiferente a mi mansión postrera,

encamará en la seda de las rosas.

 

Y pensar que, desnuda, azul, lasciva,

sobre mis huesos danzará la vida,

y que habrá nuevos cielos de escarlata,

bañados por la luz del sol poniente

y noches llenas de esa luz de plata,

que inundaban mi vieja serenata,

cuando aún cantaba Dios, bajo mi frente.

 

Y pensar que no puedo en mi egoísmo

llevarme al sol ni al cielo en mi mortaja;

que he de marchar yo solo hacia el abismo,

y que la luna brillará lo mismo

y ya no la veré desde mi caja.

 

Agustín de Foxá

28 de febrero de 1906

Madrid