ME BASTA ASÍ
Si yo
fuera Dios
y tuviese
el secreto,
haría
un ser
exacto a ti;
lo
probaría
(a la
manera de los panaderos
cuando
prueban el pan, es decir:
con la
boca),
y si ese
sabor fuese
igual al
tuyo, o sea
tu mismo
olor, y tu manera
de
sonreír,
y de
guardar silencio,
y de
estrechar mi mano estrictamente,
y de
besarnos sin hacernos daño
-de esto
sí estoy seguro: pongo
tanta
atención cuando te beso;
entonces,
si yo
fuese Dios,
podría
repetirte y repetirte,
siempre
la misma y siempre diferente,
sin
cansarme jamás del juego idéntico,
sin
desdeñar tampoco la que fuiste
por la
que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé
si me explico, pero quiero
aclarar
que si yo fuese
Dios,
haría
lo
posible por ser Ángel González
para
quererte tal como te quiero,
para
aguardar con calma
a que te
crees tú misma cada día,
a que
sorprendas todas las mañanas
la luz recién
nacida con tu propia
luz, y
corras
la
cortina impalpable que separa
el sueño
de la vida,
resucitándome
con tu palabra,
Lázaro alegre,
Yo,
mojado todavía
de
sombras y pereza,
sorprendido
y absorto
en la contemplación
de todo aquello
que, en
unión de mi mismo,
recuperas
y salvas, mueves, dejas
abandonado
cuando –luego- callas…
(Escucho
tu silencio.
Oigo
constelaciones: existes.
Creo en
ti.
Eres.
Me basta.
Ángel González
6 de
septiembre de 1925
Oviedo

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