sábado, 14 de marzo de 2026

DE DOS PENAS QUE HA QUERIDO

 


DE DOS PENAS QUE HA QUERIDO

 

De dos penas que ha querido

dar amor a un desdichado,

mayor que ser olvidado

es el ser aborrecido;

que el que olvida, aquel olvido

en amor puede volver,

mas quien llega a aborrecer,

cuando se venga a acordar

será para maltratar,

que no para bien querer.

 

El olvido es privación

de la memoria importuna;

consiste en mala fortuna,

pero no es mala intención;

mas quien ciego de pasión

contra ley natural

aborrece en caso igual,

más que olvido es el desdén

pues sobre no querer bien

esta deseando mal.

 

Y si, en fin, aborrecer

es agraviar, bien se infiere

que el que ingrato aborreciere

está cerca de ofender,

y si hay quien quiera querer

ser antes aborrecido,

tome por suyo el partido,

que si me han de maltratar

por no verme despreciar,

quiero anegarme en olvido.

 

María de Zayas

12 de septiembre de 1590

Madrid  

viernes, 13 de marzo de 2026

EL AMOR CARNAL

 


EL AMOR CARNAL

 

Por ti olvidé –cual flores sin esencia-

ilusiones de bien que fueron mías;

y troqué por culpables alegrías

lo más bello del alma, ¡la inocencia!

 

Llevarónse la paz de mi existencia

tus locas noches y revueltos días;

en el fuego mortal de tus orgías

quemó sus níveas alas mi conciencia!

 

Hollé por tu favor lo más sagrado;

apagué con tu risa el sentimiento;

escondí en tu cinismo mis sonrojos;

 

y en cambio, ingrato amor, ¿qué me has dejado?

¡Sombrío, cual la noche, el pensamiento,

inerte el corazón, secos los ojos!

 

Mercedes Matamoros

1851

Cienfuegos  - Cuba

jueves, 12 de marzo de 2026

LOS EJÉRCITOS DEL HAMBRE



LOS EJÉRCITOS DEL HAMBRE

 

Miradles, allá van, son los atletas

De la vida, que ostentan por escudo

Del ingenio las grandes concepciones,

Del arte el ideal noble y fecundo;

Son los hijos queridos del trabajo,

Son las almas templadas en el rudo

Luchar de la existencia, son los brazos

Que conmueven viriles los profundos

Ámbitos de la tierra, los cerebros

Que arrancan a la ciencia los ocultos

Secretos del destino, los que luchan

Para implantar de la verdad el triunfo;

Son, en suma, la fuerza creadora

Palanca universal que mueve el mundo.

Y no obstante, ¡miradles! Sólo harapos

Cubren sus carnes: en su pie desnudo

La fatiga marcó huellas de sangre,

Sus brazos vigorosos y robustos

Se doblan al cansancio, y en su boca

De amoratados labios, surge el mudo

Gesto de la impotencia y de la rabia,

Tras la sonrisa del esclavo, oculto.

¡Grandes vencidos por la ley injusta!

Mal aherrojados al presente impuro,

Pugnan, en vano,, por romper airados

De horrible esclavitud el fuerte yugo.

¿Qué piden? Sólo pan, sólo el sustento

Que dio Natura a cuanto vida tuvo.

Lo que no le falta al pájaro en el bosque,

Ni en su tallo a la flor, ni al diminuto

Gusano que en la tierra culebrea,

Ni aún a la fuerza en el breñal inculto.

¡Pan, sólo piden pan, y no lo encuentran!

Y son sus gritos, ecos moribundos

Que llegan a perderse entre la orgía

Con que el infame proclamó su triunfo.

 

¡Pasee indignación por los espacios!

Llegue hasta el pecho del esclavo mudo

Y desate su lengua a sus brazos

De ese vigor y soberano impulso

Capaz de derrumbar, ciego, pujante,

De la injusticia al señoril escudo;

Ponga en sus manos arma vengadora,

Señale en la cumbre a sus verdugos…

Ordene los ejércitos del hambre,

Los de ardiente mirada y ceño adusto,

Los que sienten el peso de la vida,

Los que miran sus hijos moribundos

Mientras oyen los gritos de la orgía

Que el vicio y el placer celebran juntos.

¡Avance la avalancha de harapientos,

La masa de explotados, que en confuso

Tropel se apresta a conquistar valiente

Un porvenir dignificado y justo!

Mientras al veros ríe el miserable

Juzgando su poder firme y seguro,

La Europa pensadora, vuestro paso

Contempla con afán y a vuestro impulso

Se siente renacer con nueva vida

Y funda si esperanza en vuestro triunfo.

¡Marchad, marchad! Atletas del progreso,

Eternos redentores, los fecundos

Mártires del trabajo, los rebeldes

Ante la infamia y el poder injusto.

¡Marchad, marchad!, allá lejos, aun lejos

Os brinda la esperanza en lo futuro,

Entre amores, consuelos y alegrías

La vida del derecho noble y justo.

¡Marchad, marchad los hijos del p rogreso;

Sea huracán vuestro potente impulso;

Y que arrasen los vientos populares

De indignación, el carcomido, inculto

Edificio social que con la sangre

Del paria, alzó su criminal influjo.

¡Marchad, marchad, ejércitos del hambre!

Seguid andando hacia el mañana, el triunfo

Allá os aguarda, gleba del pasado,

Esclavos del ayer, hoy moribundos

Y hambrientos proletarios. ¡Adelante!

¡Vuestra es la redención, vuestro es el mundo!

 

 

Belén Sárraga de Ferrero

1874

Valladolid


miércoles, 11 de marzo de 2026

LETRILLAS, I. - EL AMANTE TÍMIDO

 

LETRILLAS, I.

EL AMANTE TÍMIDO

 

Si quiero atreverme,

No sé qué decir.

    En la pena aguda

Que me hace sufrir

El amor tirano

Desde que te ví;

    Mil veces su alivio

Te voy a pedir,

Y luego, aldeana,

Que llego ante ti,

            Si quiero atreverme,

No sé qué decir

    Las voces me faltan,

Y mi frenesí

Con míseros ayes

Las cuida suplir;

    Pero el dios que aleve

Se burla de mi,

Cuanto ansío más tierno

Mis labios abrir,

Si quiero atreverme,

No sé qué decir

    Sus fuegos entonces

Empieza a sentir

Tan vivos el alma,

Que pienso morir.

     Mis lágrimas corren,

Mi agudo gemir

Tu pecho sensible

Conmueve; y al fin

Si quiero atreverme

No sé qué decir.

    No lo sé temblando

Si por descubrir

Con loca esperanza

Mi amor infeliz,

    Tu lado por siempre

Tendré, ya que huir:

Sellándome el miedo

La boca; y así

Si quiero atreverme,

No sé qué decir.

¡Ay! ¡si tu, adorada,

Pudieras oir

Mis hondos suspiros!

Yo fuera feliz.

    Yo, Filis, lo fuera,

Mas triste de mí!

Que tímido al verte

Burlarme y reir,

Si quiero atreverme,

No sé qué decir.

 

Juan Meléndez Valdés

11 de marzo de 1754

Ribera del Fresno (Badajoz)

martes, 10 de marzo de 2026

HABLO, POR HABLAR

 

HABLO, POR HABLAR

 

Hablo, por hablar,

hoy que está desierto el mar

y una paz agreste invade

estas turolenses llamaradas

de fuego y de dolor.

 

Hablo del día a día que sucede,

de las tardes que adiós nos despedimos,

de los hijos que llegan,

de las tierras que acogen nuestros cuerpos

y de todo aquello

que va formando, al fin, nuestra figura.

 

Del paso indefinido

hablo también

 

y hablo, para quedar en paz con mi conciencia,

del tiempo jamás recuperado,

huido entre sonrisas, adioses y lágrimas,

que nadie reservó para el otoño.

 

Hablo del campesino y de su hondura,

del herrero que fragua su tristeza,

del minero que invade las entrañas,

del poeta que, a solas, agoniza.

Hablo de mi mujer y su esperanza.

 

Y hablo de este pequeño dios

que ha entrado en casa,

después de tantos días esperado.

 

Hablo y hablo

y nunca sé por qué guardar silencio.

 

José Antonio Labordeta

10 de marzo de 1935

Zaragoza

 

lunes, 9 de marzo de 2026

CAVA Y CAVA EL OBRERO EN TIERRA DURA...

 


CAVA Y CAVA EL OBRERO EN TIERRA DURA…

 

Cava y cava el obrero en tierra dura,

Que en vergel convertida, tal vez fuera

Gala de la llanura,

Por si en su centro descubrir pudiera

Mineral rico que buscar procura,

Y más, ¡ay! la maltrata

Si en vez de cobre el minera el plata.

 

 Así en el corazón Dolores mía,

Cuanto es de abnegación más poderoso,

Las penas a porfía

En él practican más profundo foso,

Y le dan más tormento

Cuanto le ven más rico en sentimiento.

 

Tranquilo el tuyo está; y aún le avaloro

Más niña que a tu cara,

Que un ángel por la suya bien trocara:

Si un día, que ya lloro,

Busca el dolor las minas que en él guardes,

No en mostrárselas tardes,

Y sufre sin reparo;

Quizá en cada gemido

Irá envuelto el placer de un ser querido,

Y el corazón que es bueno

Halla su dicha en el contento ajeno!

 

Joaquina García Balmaseda

17 de febrero de 1837

Madrid

domingo, 8 de marzo de 2026

LA HORA

 


LA HORA

 

Tómame ahora que aún es temprano

y que llevo dalias nuevas en la mano.

Tómame ahora que aún es sombría

esta taciturna cabellera mía.

 

Ahora, que tengo la carne olorosa,

y los ojos limpios y la piel de rosa.

Ahora que calza mi planta ligera

la sandalia viva de la primavera.

 

Ahora que en mis labios repica la risa

como una campana sacudida a prisa.

Después… ¡oh, yo sé

que nada de eso más tarde tendré!

 

Que entonces inútil será tu deseo

como ofrenda puesta sobre un mausoleo.

¡Tómame ahora que aún es temprano

y que tengo rica de nardos la mano!

 

Hoy, y no más tarde. Antes que anochezca

y se vuelva mustia la corola fresca,

hoy, y no mañana. Oh amante, ¿no ves

que la enredadera crecerá ciprés?

 

Juana de Ibarbourou

8 de marzo de 1892

Melo – Uruguay

 


sábado, 7 de marzo de 2026

EL DELIRIO



EL DELIRIO

 

Oigo del mundo el eco lisonjero sonar,

gozoso en torno de mi mente,

y la insensata gente

veo correr en vano

sin poder halagar ningún sentido:

¿será, que la fortuna a los mortales

jamás otorgue algún placer cumplido;

o que el fastidio siga a las pasiones,

que no pueden saciar sus corazones?

 

Genio, que inspiras sin cesar mi canto,

yo me abandono a ti; guía mi acento;

vuela en pos del contento

que el hombre te presenta en su grandeza,

cuando engañado su vivir fatiga,

y sus tesoros por gozar prodiga.

 

Jamás el espectáculo pomposo

vio del sol al nacer, ni sus oídos

el canto de las aves melodioso

gozaron, cuando el orbe se ilumina;

sumido en ocio, de velar cansado,

la noche se avecina

cuando el lecho dejando lentamente,

torna de los placeres al bullicio,

con que el mundo le encubre el precipicio.

 

Piensa que puede amar, y ser amado;

y los deleites del amor siguiendo,

un instante engañado

vivió de su ilusión encantadora;

pero nunca gozó: desconfianzas,

ingratitud, traiciones le atormentan;

celos devoradores

le acosan sin cesar con sus furores;

y si en la variedad busca delicias,

el interés le vende sus caricias.

 

El lujo le previene los banquetes

que la gula inventó; soberbio en ellos

adula su deseo caprichoso

con viandas exquisitas:

naturaleza de su seno hermoso,

los dones le presenta, que cultiva

bañado de sudor el desvalido,

allí desvanecido,

de falaces amigos rodeado,

con extraños licores lisonjea

su apetito estragado,

hasta que en el desorden ya beodo

pierde con la razón el placer todo.

 

Envilecido entonces, degradado

del nombre racional corre aturdido

del circo al espectáculo sangriento,

en él, igual a las sañudas fieras,

del hombre perseguidas,

tranquilo goza el bárbaro contento

de ver los inocentes animales

rabiando de perecer; y si la suerte

no protege los diestros lidiadores

también sin susto ve llegar su muerte.

 

Si asiste del teatro a las delicias,

sólo es por vanidad; su entendimiento

desconoce del arte los encantos:

el vano lucimiento

ocupa su atención; no las pasiones

que ve representar; no las desgracias,

ni el castigo, que alcanza el vicio impío,

su corazón movieron,

de sentimientos y virtud vacío.

 

Alguna vez de estruendo venatorio

seguido al campo sale;

y en el placer de muerte embebecido

las libres aves su rigor destruye;

que el privilegio de volar no vale

contra el ronco estallido

de la pólvora atroz; ni el manso ciervo,

ni la tímida liebre,

ni el veloz gamo su vivir libraron;

todos perecen: ¡ay!, cuando se aleja,

rastros de sangre por el valle deja.

 

Corre luego al festín; el atractivo

de la danza le ofrece sus deleites;

allí en tropel festivo

los mortales alegres se abandonan:

quien, en vueltas acá y allá girando,

en sus brazos conduce la doncella;

quien, rápido saltando,

del bello sexo la pasión excita;

quien, por danzar se agita,

y a los espectadores atropella:

los ojos se deleitan, los oídos;

y el tacto encanta los demás sentidos.

 

En vano este delirio pasajero

su languidez desvela,

mas poderoso objeto necesita,

para gozar placer; al juego vuela,

al juego destructor; en él consume

su tiempo y su riqueza:

en sus falaces suertes pierde el oro,

que socorrer pudiera cien familias,

deja entre las manos de un malvado,

lo que aliviar debiera al desdichado.

 

Si honoríficos puestos solicita,

¡cuánto a su orgullo que sufrir le espera!

La brillante carrera

de los premios emprende,

sin merecer ninguno; en ella ansioso

teme desaires, humillado ruega,

lisonjea, importuna,

y si acaso concede la fortuna

a su anhelar la injusta recompensa,

llega la senectud, y en por la muerte

se presenta, seguida

del atormentador remordimiento,

de dolencia y terror; en vano entonces

remedios busca, por alivio clama;

el sepulcro lo llama;

baja a su seno, y su memoria en tanto

de nadie logra compasión ni llanto.

 

¿Y qué placer gozó? Todos huyeron

fugaces, del destino a la inconstancia;

todos en aflicción se convirtieron

cuando llegó su fin. ¿Acaso existe

algún placer durable cual la vida?

¿Acaso el mundo los consuelos niega

de recordar la dicha, aunque perdida?

 

No, débiles mortales;

la sagrada virtud en nuestros males

brilla, como la luz en las tinieblas;

ella conforta el corazón humano

contra la adversidad; y el poderoso,

que al triste socorrió con larga mano,

consigue venturoso

el supremo placer de hacer felices:

este es solo el deleite duradero

hasta el instante de vivir postrero.

 

Maria Rosa Gálvez de Cabrera

14 de agosto de 1768

Málaga

 



viernes, 6 de marzo de 2026

UNA LÁGRIMA

 


UNA LÁGRIMA

 

Puede ser una lágrima la historia

de un corazón por el pesar vencido:

puede ser el adiós que la memoria

da a un bien soñado, si lo ve perdido.

El mudo grito que al espacio lanza,

tal vez, algún oculto sentimiento:

suspiro que, al morir, da la esperanza,

o de la dicha misterioso acento.

 

Puede ser la expresión callada y pura

de la fe sincera, o de entusiasmo ardiente,

y puede ser, también, de la ternura

el acento más dulce y elocuente.

Cuando la impulsa caridad sublime,

puede brotar por el dolor ajeno:

al rodar una lágrima, redime

un pasado, quizás, de sombras lleno.

 

Ella puede expresar cuanto en la tierra

al corazón conmueve o esclaviza.

¡Quién puede adivinar lo que ella encierra

cuando por un semblante se desliza.

 

Concepción Estevarena

10 de enero de 1854

Sevilla

jueves, 5 de marzo de 2026

REVE

 

REVE

 

Su voz debe ser dulce y persuasiva

y soñadora y triste su mirada …

debe tener la frente pensativa

por un halo de ensueños circundada.

 

Su alma genial, cual pálida cautiva

de un astro esplendoroso desterrada,

sueña con una nube fugitiva

y con el traje de crespón de un hada.

 

Cuando la ronda azul de los delirios

disipa sus nostálgicos martirios

borrando del pesar la obscura huella,

 

él se acuerda, en la noche silenciosa,

de aquella virgencita misteriosa

que dejó abandonada en una estrella.  

 

Juana Borrero

18 de mayo de 1877

La Habana - Cuba