EL SUEÑO
Apoya en
mí la cabeza,
si tienes
sueño,
apoya en
mi la cabeza,
aquí, en
mi pecho.
Descansa,
duérmete, sueña,
no tengas
miedo del mundo,
que yo te
velo.
Levanta hacia
mí tus ojos,
tus ojos
lentos,
y ciérralos
poco a poco
conmigo
dentro;
ciérralos,
aunque no quieras,
muertos de
sueño.
Ya estás dormida.
Ya sube,
baja tu
pecho,
y el mío
al compás del tuyo
mide el
silencio,
almohada
de tu cabeza,
celeste
peso.
Mi pecho
de varón duro,
tabla de
esfuerzo,
por ti se
vuelve de plumas,
cojín de
sueños
Navega en
dulce oleaje,
ritmo
sereno,
ritmo de
olas perezosas
el de tus
pechos.
De cuando
en cuando una grande,
espuma al
viento,
suspiro
que se te escapa
volando
al cielo,
y otra
vez navegas lenta
mares de
sueño,
y soy yo
quien te conduce
yo que te
velo,
que para
que te abandones
te abrí
mi pecho.
¿Qué
sueñas? ¿Sueñas? ¿Qué buscan
-palabras,
besos-
tus
labios que se te mueven,
dormido
rezo?
Si sueñas
que estás conmigo,
no es sólo
sueño;
lo que
acuna y te mece
soy yo,
es mi pecho.
Despacio,
brisas, despacio,
que tiene
sueño.
Mundo sonoro
que rondas,
hazte
silencio,
que está
durmiendo mi niña,
que está
durmiendo
al compás
que de los suyos
copia mi
pecho.
Que
cuando se me despierte
buscando
el cielo
encuentre
arriba mis ojos
limpios y
abiertos.
Gerardo Diego
3 de
octubre de 1896
Santander



.jpg)



.jpg)
.jpg)
