ALGUIEN
Un hombre
trabajado por el tiempo,
un hombre
que ni siquiera espera la muerte
(las
pruebas de la muerte son estadísticas
y nadie
hay que no corra el albur
de ser el
primer inmortal),
un hombre
que ha aprendido a agradecer
las
molestias limosnas de los días:
el sueño,
la rutina, el sabor del agua,
una no
sospechada etimología,
un verso
latino o sajón,
la
memoria de una mujer que lo ha abandonado
hace ya
tantos años
que hoy
puede recordarla sin amargura,
un hombre
que no ignora que el presente
ya es el
porvenir y el olvido,
un hombre
que ha sido desleal
y con el
que fueron desleales,
puede
sentir de pronto, al cruzar la calle,
una
misteriosa felicidad
que no
viene del lado de la esperanza
sino de
una antigua inocencia,
de su
propia raíz o de un dios disperso.
Sabe que
uno debe mirarla de cerca,
porque
hay razones más terribles que tigres
que le
demostrarán su obligación
de ser un
desdichado,
pero
humildemente recibe
esa
felicidad, esa ráfaga.
Quizá en
la muerte para siempre seremos,
cuando el
polvo sea polvo,
esa
indescifrable raíz,
de la
cual para siempre crecerá,
ecuánime
o atroz,
nuestro
solitario cielo o infierno.
Jorge
Luis Borges
24 de
agosto de 1899
Buenos
Aires – Argentina
.jpg)
.jpg)



.jpg)



.jpg)