martes, 3 de febrero de 2026

SALUDO, QUITÁNDOME ALGO MÁS QUE EL SOMBRERO

 


SALUDO, QUITÁNDOME ALGO MÁS QUE EL SOMBRERO

 

A ti, que eres cualquiera

y pesas lo que pesan

tu pena y tu materia;

 

a ti, pequeño y raro,

igual que yo, que todos,

y a un tiempo bueno y malo;

 

a ti, que me reflejas,

y a mí mismo que a veces

me miro desde fuera,

 

riéndome proclamo,

deshaciéndome digo

como quien pasa el rato.

 

Estamos dando saltos

inmortales, grotescos.

Nos han domesticado.

 

Soy sólo un garabato.

Mi sombra me hace muecas.

Soy como tú, macabro.

 

Yo lloré. Tú has llorado.

Somos perros molidos

que aún menean el rabo.

 

Amigo, ¡buenos días,

buenas tardes, buenas noches,

buenas melancolías!

 

Gabriel Celaya

lunes, 2 de febrero de 2026

EN MI CUARTO, CON EL BALCÓN ABIERTO

 


EN MI CUARTO, CON EL BALCÒN ABIERTO

 

Estas cálidas noches, Julio largo y sedante,

cuando en mi cuarto blanco paseo solitario,

con el balcón abierto, respiro cielos anchos

y me siento joven (claro que es mentira),

y me siento alegre (no podéis negarlo),

y contra el mundo entero,

contra mis deberes, y mi edad, y mi cansancio,

me afirma simplemente.

 

Sobre mis dos pies que aquí se apoyan recios

pesa un cuerpo macizo que da una sombra cierta,

se eleva mi cabeza segura y orgullosa,

brilla un sexo que apunta a un calor femenino;

digo simplemente

que soy un hombre entero y que el serlo me basta,

soy un hombre vulgar (lo que no es poca cosa),

soy feliz como puede serlo cualquier otro.

 

Gabriel Celaya

domingo, 1 de febrero de 2026

AHORA ES EL MOMENTO

 

 

AHORA ES EL MOMENTO

 

En aquellos inicios de la vida discente

el amor: serpentinas

próceres de latón en las altas columnas

por cierto trasnochábamos tila a veces

para el borracho de la tuna rondábamos

amores poco claros

de putas

sí de putas buena idea patios

mojados por el rocío palmeras

azuladas del alba bandurrias o laúdes?

Que más daba despierta

niña despierta se distinguía el dorado de los ojos

desde las verjas amazonas

en camisón florido ante la música

y el aroma la melodía salvaje la salvaje

primavera del sur

por las acequias perros aulladores

almendros y naranjos florecidos

diez noches sin dormir seguía la fiesta

la ronda inacabable de las copas

la voz ronca el desmayo al desnudarse

ahora

las lentas tardes las gastadas palabras

los gastados abrazos unas frases cogidas

al vuelo sin nadie ya sin nada

mantas raídas gestos esquivos ya ves

subieron el descuento y el banco no aceptó

traición de la memoria barcos

de panel escorados en el limo

perdidos.

 

Antonio Martínez Sarrión

1 de febrero de 1939

Albacete

 

sábado, 31 de enero de 2026

IBA UN DÍA CON SU ABUELO

 

IBA UN DÍA CON SU ABUELO

 

Iba un día con su abuelo

paseando un colegial,

y debajo de un peral

halló una pera en el suelo.

 

Mírala, cógela, muerde,

mas presto arroja el bocado

que muy podrida de un lado

estaba y del otro lado, verde.

 

Abuelo, ¿cómo será,

decía el chico escupiendo,

que esta pera que estoy viendo

podrida, aunque verde, está?

 

El anciano con dulzura

dijo, vínole ese mal

por caerse del peral

sin que estuviese madura.

 

Concepción Arenal Ponte

31 de enero de 1920

El Ferrol (A Coruña)

viernes, 30 de enero de 2026

BIENVENIDA LA NOCHE PARA QUIEN VA SEGURO...

 


BIENVENIDA LA NOCHE PARA QUIEN VA SEGURO…

 

Bienvenida la noche para quien va seguro

y con los ojos claros mira sereno el campo,

y con la vida limpia mira con paz el cielo,

su ciudad y su casa, su familia y su obra.

Pero a quien anda a tientas y ve sombra, ve el duro

ceño del cielo y vive la condena de su tierra

y la malevolencia de sus seres queridos,

enemiga es la noche y su piedad acoso.

Y aún más en este páramo de la alta Rioja

donde se abre con tanta claridad que deslumbra,

palpita tan cercana que sobrecoge y muy

en el alma se entra, y a remueve a fondo.

Porque la noche siempre, como el fuego, revela,

refina, pule el tiempo, la oración y el sollozo,

da tersura al pecado, limpidez al recuerdo,

castigando y salvando toda una vida entera.

Bienvenida la noche con su peligro hermoso.

 

Claudio Rodríguez

30 de enero de 1934

Zamora

jueves, 29 de enero de 2026

DE TI Y DE MÍ

 


DE TI Y DE MÍ

 

Si tú eres la montaña,

yo soy la flor, el aire, la llanura,

la fuente limpia y pura,

el río que te baña,

la hondonada,

la cumbre y el paisaje;

el zafiro del cielo y la nube de encaje.

Todo y nada.

 

Tú eres lo duradero,

lo que persiste y queda, 

la verdad de las cosas.

Yo soy como las rosas.

Doy mi perfume y muero.

Tú erres el titán

que a fuerza de constancia perforaste las rocas.

Yo soy una de esas vírgenes locas

que nunca saben donde van.

 

Inconstante y alada,

tan pronto rozo estrellas como me mancha el lodo.

Lo quiero siempre todo,

y nunca tengo nada.

Sí; tú eres el más fuerte

y el más bueno quizás.

Tu sabes dónde vas.

Yo sólo voy donde quiere la suerte.

 

Nos encontramos un extraño día.

Tú el hierro; y la luz,

y nos unimos en una misma cruz

de poesía.

 

Si tú eres la montaña

que aguarda sin temor el vendaval,

yo soy la fuente de cristal

que florece en su extraña.

 

Y no puedes conmigo,

valeroso y profundo monte del Himalaya.

Para no sucumbir, necesitas que vaya

a sembrar en ti mi trigo.   

 

Susana March

29 de enero de 1918

Barcelona

miércoles, 28 de enero de 2026

VIUDA

VIUDA

 

Viuda. Palabra que se autoconsume:

cuerpo, hoja de periódico en el fuego,

por el aire un instante sostenida

sobre la geografía roja y cálida

que arrancará su corazón cual ojo.

 

Viuda. Sílaba muerta, con su sombra

de un eco, abre el resorte en el tabique

del pasado secreto: aire gastado,

recuerdos fétidos, escalinatas

mecánicas que a ningún sitio conducen…

 

Viuda. La amarga araña se sienta

en el centro de sus ejes resecos.

La muerte es su vestido, gorro, cuello.

El rostro del marido, blanco, inválido,

la cerca como a presa que con gusto

 

de nuevo mataría, verle cerca

cual rostro de papel contra su pecho,

como sus cartas conservar solía

tornándolas piel nueva, viva y cálida,

pero ahora ella es papel, y fría siempre.

 

Viuda: ¡estado vacío y grande! Llena

de aire traidor está la voz divina,

los arduos astros fáciles promete,

y el espacio inmortal entre los astros,

no cadáveres, flechas hacia el cielo.

 

Viuda, inclínanse árboles piadosos,

árboles de dolor y soledades.

Como sombras en torno al verde campo

o incluso como bocas negras ciérnense.

La viuda les semeja, es una sombra.

 

Las manos bien cogidas, nada en ellas.

Alma sin cuerpo que otra alma pide

en este aire sereno y no lo nota:

un alma frágil como el humo entra

en otra sin saber por dónde pasa.

 

Es éste tu temor: es el temor

de que su alma late aún y late sorda

como el ángel mariano, cual paloma

contra un cristal a todo ciega, menos

al hueco hoyo que mira y mirar debe.

 

Sylvia Plath

 


martes, 27 de enero de 2026

A UNA POETISA LUSITANA

 


A UNA POETISA LUSITANA

 

Pues las pides, en tu busca

van mis flores ignoradas,

con su modesto perfume

y risueñas esperanzas.

No temas, no, que en sus hojas

tu labio encuentre al besarlas,

ni punzadores espinas,

ni amarga ofrenda de lágrimas.

No temas, porque han crecido

bajo el amparo del alba,

a la margen de mis ríos,

mirando cielos de nácar.

En sus diversos colores

y en su pureza sin mancha,

llevan débiles reflejos

de los astros de mi patria.

Son humildes, pero tienen

infantiles arrogancias,

cierto orgullo de ser hijas

predilectas de la Pampa

y celosas mensajeras

de mi tierra americana.

Si los vientos de la Europa,

desdeñosos, sesga el ala,

no acarician nunca el seno

de mis pobres expatriadas,

guárdalas en tu santuario,

tierna virgen lusitana,

guárdalas para corona

de tus sienes inspiradas,

donde, lejos de mi tierra,

vivan cerca de tu alma.

Si en las tardes del Montego,

o del Duero en las mañanas,

estremece tu alma virgen

tierna música de cañas,

y del nido de tus labios

vuela en versos tu plegaria,

acuérdate del que un día,

en las márgenes del Plata,

enseñó tu dulce nombre

a las cuerdas de su arpa.

 

Rafael Obligado

27 de enero de 1851

Buenos Aires – Argentina

lunes, 26 de enero de 2026

EN EL PRINCIPIO

 

 


EN EL PRINCIPIO

 

De pronto arranca la memoria,

sin fondos de origen perdido;

muy niño viéndome una tarde

en el espejo de un armario

con doble luz enajenada

por el iris de sus biseles,

decidí que aquello lo había

de recordar, y lo aferré,

y desde ahí empieza mi mundo,

con un piso destartalado,

las vagas personas mayores

y los miedos en el pasillo.

Años y años pasaron luego

y al mirar atrás, allá estaba

la escena en que, hombrecito audaz,

desembarqué en mí, conquistándome.

Hasta que un día, bruscamente,

vi que esa estampa inaugural

no se fundó porque una tarde

se hizo mágica en un espejo,

sino por un toque, más leve,

pero que era todo mi ser:

el haberme puesto a mí mismo

en el espejo del lenguaje

doblando sobre si el hablar,

diciéndome que lo diría,

para siempre vuelto palabra,

mía y ya extraña, aquel momento.

Pero cuando lo comprendí,

era ya mayor, hombre de libros,

y acaso fue porque en alguno

leí la gran perogrullada:

que no hay más mente que el lenguaje,

y pensamos solo al hablar,

y no queda más mundo vivo

tras las tierras de la palabra.

Hasta entonces, niño y muchacho,

creí que hablar era un juguete,

algo añadido, una herramienta,

un ropaje sobre las cosas,

un caballo con que correr

por el mundo, terrible y rico,

o un estorbo en que se aludía

a lo lejos, a ideas vagas:

ahora, de pronto, lo era todo,

igual que el ser de carne y hueso,

nuestra ración de realidad,

el mismo ser hombre, poco o mucho.

 

José María Valverde

26 de enero de 1926

Valencia de Alcántara (Cáceres)

domingo, 25 de enero de 2026

CINE DE BARRIO

 




CINE DE BARRIO

 

Lloraba

sórdidamente por mi leve garganta,

por donde resbalaban

tímidamente las palabras húmedas,

las palabras sin nombre todavía.

Respiraba

con lentitud

forzada, para que mi agonía

no se lanzara presurosa al aire,

porque a mi alrededor

había mucha gente. Estaba

en la deshilvanada y familiar cola

de un paqueño cine de barrio: el “Chamberi”

(donde las butacas habían de estar caliente .era de sesión continua-,

donde un vaho maloliente

penetraría

por mis poros

durante más de dos horas,

donde, acaso, una “extraviada” pierna

rozaría la mía

y un taconazo afiladísimo

intentaría hacerle comprender a aquel podrido hueso,

su humana condición

de animal primitivo, donde…),

y me puse a observarla.

Novios, de los que luego parecería estaban ocupando

una sola butaca.

Niños que, mientras daban múltiples puntapiés en el asiento de delante,

irían alfombrando la sala de cacahuetes o pipas.

Hombres y mujeres de una edad ya madura,

pero infantiles, sencillos, que se reirían estrepitosamente

cuando el protagonista, al resbalar y caerse,

se embadurnara la cara

con una tarta de crema, o llorarían

con idéntica facilidad

ante cualquier lance folletinesco, e irían

alternando las carcajadas y el llanto

con un gran bocadillo de tortilla.

 

Sí, allí estaban todos

esperando su turno para tomar la entrada.

Contentos, felices con sus pequeñas aspiraciones

satisfechas. Para ellos

aquel rato de cine

vendría a ser

como una continuidad de lo que llevaban dentro.

Como un esparcimiento honesto

tras una jornada de intenso trabajo.

De pronto me miré, me miré hacia dentro y comprendí

que yo allí desentonaba, ya que mi alma,

no estaba acorde con la levedad del momento,

porque lo único

que iba buscando allí

era

una pequeña muerte de dos horas y pico.  

 

Elvira Lacaci