DESTINO
Destino,
¿qué
nombre es el tuyo,
cruel y
despiadado
que te
enfrentas, altivo,
a la
humanidad?
Destino,
que nos
niegas el pan y la sal,
que desafías
a nuestras vidas,
a
nuestros horizontes,
al latido
de nuestras venas.
Destino implacable,
inconmovible,
dura
piedra
contra la
que nos estrellamos,
pobres
seres indefensos,
con las
ilusiones
colgando
de nuestras heridas…
Destino inhumano
que nos
marcas ferozmente.
Toso asesino
que nos
ensartas en tus astas
como
peleles, indefensos.
¿Qué
nombre es el tuyo,
granítico,
cimiento
indestructible
que
barres nuestros latidos,
nuestras arterias?
Ignoto destino,
a ti te
son adjudicadas
todas las
culpas,
todos los
latigazos que recibimos
los
esclavos de este mundo.
¡Ah,
Destinos enemigo,
rival
indefendible,
adversario
tenaz!
Te quisiera
de frente,
cara a
cara,
mis puños
en tu pecho
de atleta
presuntuoso
y golpearte
con mi
eterna pregunta:
¿por qué?
¿Por qué
esta herida
sangrante
y desvelada,
vacía de
respuesta?
¡Oh
Destino!
Y una y
otra vez
lanzar
mis puños
contra tu
inexpugnable fortaleza,
hasta
sentir tu sangre, ¡sangre mía!
Caliente fuego
de mi
mortal miseria.
Josefina
de la Torre
25 de
septiembre de 1907
Las Palmas
de Gran Canaria



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