NIÑA DE LAS
HISTORIAS MELANCÓLICAS, NIÑA…
Niña de
las historias melancólicas, niña,
niña de
las novelas, niña de las tonadas
tienes un
gesto inmóvil de estampa de provincia
en el
agua de otoño de la cara perdida
y en los
serios cabellos goteados de dramas.
Estás sobre
mi vida de piedra y hierro ardiente
como la
eternidad encima de los muertos,
recuerdo
que viniste y has existido siempre,
mujer, mi
mujer mía, conjunto de mujeres,
toda la
especie humana se lamenta en tus huesos.
Llenas la
tierra entera, como un viento rodante,
y tus
cabellos huelen a tonada oceánica,
naranjo
de los pueblos terrosos y joviales,
tienes la
soledad llena de soledades,
y tu
corazón tiene la forma de una lágrima.
Semejante
a un rebaño de nubes, arrastrando
la cola
inmensa y turbia de lo desconocido,
tu alma
enorme rebasa tus huesos y tus cantos,
y es lo
mismo que un viento terrible y milenario
encadenado
a una matita de suspiros.
Te pareces
a esas cántaras populares,
tan
graciosas y tan modestas de costumbres;
tu
aristocracia inmóvil huele a yuyos rurales,
muchacha
del país, florecida de velámenes,
y la
greda morena, triste de aves azules.
Derivas de
mineros y de conquistadores,
ancha y
violenta gente llevo tu sangre extraña,
y tu
abuelo, Domingo de Sánderson, fue un hombre;
yo los
miro y los veo cruzando el horizonte
con tu
actitud futura encima de la espalda.
Eres la
permanencia de las cosas profundas
y la
amada geográfica, llenando el Occidente;
tus
labios y tus pechos son un panal de angustia,
y tu
vientre maduro es un racimo de uvas
colgado
del parrón colosal de la muerte.
Ay,
amiga, mi amiga, tan amiga mi amiga,
cariñosa
lo mismo que el pan del hombre pobre;
naciste tú
llorando y sollozó la vida;
yo te
comparo a una cadena de fatigas
hecha
para amarrar estrellas en desorden.
Pablo de
Rokha
17 de
octubre de 1894
Lincanten
– Chile

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