martes, 20 de octubre de 2026

NIÑA DE LAS HISTORIAS MELANCÓLICAS, NIÑA...

 


NIÑA DE LAS HISTORIAS MELANCÓLICAS, NIÑA…

 

Niña de las historias melancólicas, niña,

niña de las novelas, niña de las tonadas

tienes un gesto inmóvil de estampa de provincia

en el agua de otoño de la cara perdida

y en los serios cabellos goteados de dramas.

Estás sobre mi vida de piedra y hierro ardiente

como la eternidad encima de los muertos,

recuerdo que viniste y has existido siempre,

mujer, mi mujer mía, conjunto de mujeres,

toda la especie humana se lamenta en tus huesos.

Llenas la tierra entera, como un viento rodante,

y tus cabellos huelen a tonada oceánica,

naranjo de los pueblos terrosos y joviales,

tienes la soledad llena de soledades,

y tu corazón tiene la forma de una lágrima.

Semejante a un rebaño de nubes, arrastrando

la cola inmensa y turbia de lo desconocido,

tu alma enorme rebasa tus huesos y tus cantos,

y es lo mismo que un viento terrible y milenario

encadenado a una matita de suspiros.

Te pareces a esas cántaras populares,

tan graciosas y tan modestas de costumbres;

tu aristocracia inmóvil huele a yuyos rurales,

muchacha del país, florecida de velámenes,

y la greda morena, triste de aves azules.

Derivas de mineros y de conquistadores,

ancha y violenta gente llevo tu sangre extraña,

y tu abuelo, Domingo de Sánderson, fue un hombre;

yo los miro y los veo cruzando el horizonte

con tu actitud futura encima de la espalda.

Eres la permanencia de las cosas profundas

y la amada geográfica, llenando el Occidente;

tus labios y tus pechos son un panal de angustia,

y tu vientre maduro es un racimo de uvas

colgado del parrón colosal de la muerte.

Ay, amiga, mi amiga, tan amiga mi amiga,

cariñosa lo mismo que el pan del hombre pobre;

naciste tú llorando y sollozó la vida;

yo te comparo a una cadena de fatigas

hecha para amarrar estrellas en desorden.  

 

Pablo de Rokha

17 de octubre de 1894

Lincanten – Chile

sábado, 17 de octubre de 2026

CASI UNA FANTASÍA

 


CASI UNA FANTASÍA

 

Amanece de nuevo, lo presiento

por el albor de vieja

plata en las paredes:

las ventanas cerradas se vetean de un tenue resplandor.

Vuelve el advenimiento del sol

pero sin las difusas voces,

los acostumbrados estrépitos.

 

¿Por qué? Pienso en un día encantado

y de las justas de horas demasiado iguales

me resarzo.

Desbordará la fuerza que me inflamaba,

inconsciente mago, desde largo tiempo.

Ahora me asomaré, destruiré alas casas,

despojos viales.

Tendré ante mí un lugar de limpia nieve

mas tan ligero como el paisaje de un tapiz.

Resbalará un destello lento

entre el algodón del cielo.

Selvas y colinas llenas de invisible luz

me harán el elogio de los festivos retornos.

 

Alegre leeré sobre el blanco

los negros signos de las ramas

como un esencial alfabeto.

Todo el pasado de repente aparecerá delante.

No turbará sonido alguno esta alegría solitaria.

Cruzará el aire posándose sobre una estaca

algún gallito de Marzo.

 

Eugenio Montale

12 de octubre de 1896

Génova – Italia

viernes, 16 de octubre de 2026

A MI MADRE

 


A MI MADRE

 

Aquí, a la sombra tranquila y pura

con que nos brinda grato el hogar,

oye el acento de la ternura

que en tus oídos blanda murmura

la dulce nota de mi cantar.

 

La voz escucha del pecho amante

que hoy te consagra su inspiración,

a ti que aún eres tierna, incesante,

de amor sublime, de fe constante,

raudal que aliento da al corazón.

 

Mi voz escucha: la lira un día

un canto alzarte quiso feliz,

y en el idioma de la armonía

débil el numen ¡oh, madre mia!

No hallo un acento digno de ti.

 

¿Cómo tu afecto cantar al mundo,

grande infinito, cual en sí es?

Me basta si te miro,

si la dicha y el bien sueño a tu lado,

porque tu vista calma

los agudos tormentos de mi alma.

 

¡Ay! que sin ti, bien mío,

mi espíritu cansado languidece

cual planta sin rocío,

y con sombras mi frente se oscurece,

y entre congoja tanta mi corazón herido se quebranta.

 

Oye mi ardiente ruego,

oye las quejas de mi angustia suma,

y generoso luego

olvida que la pena que me abruma

te reveló mi acento

en horas ¡ay! de sin igual tormento.

 

Escúchame y perdona:

que ya mi labio enmudeciendo calla,

y el alma se abandona

con nuevo ardor a su febril batalla,

y débil mi suspiro

se pierde de las auras en el giro.

 

¿Cómo pintarte mi amor profundo?

Empeño inútil, sueño infecundo

que en desaliento murió después.

 

De entonces, madre, buscando en prenda,

con las miradas al porvenir,

voy en mi vida, voy en mi senda,

de mis amores íntima ofrenda

Que a tu cariño pueda rendir.

 

Yo mis cantares lancé a los vientos,

yo di a las brisas mi inspiración;

tu amor grandeza dio a mis acentos:

fine fueron tuyos mis pensamientos

en esos himnos del corazón.

 

Notas dispersas que en libres vuelos

y a merced fueron del huracán,

pero llevando con mis anhelos

los mil suspiros, los mil desvelos

con que a la Patria paga mi afán.

 

Hoy que reunirlas plugo al destino,

quiero que abrigo y amor les des:

esa es la prenda que en mi camino

al soplo arranco del torbellino,

y a colocarla vengo a tus pies.

 

Salomé Ureña de Henríquez

15 de octubre de 1580

Santo Domingo – Rep. Dominicana

jueves, 15 de octubre de 2026

NO TENEMOS UN LENGUAJE PARA LOS FINALES...


 

NO TENEMOS UN LENGUAJE PARA LOS FINALES…

 

No tenemos un lenguaje para los finales

para la caída del amor,

para los concentrados laberintos de la agonía,

para el amordazado escándalo

de los hundimientos irrevocables.

¿Cómo decirle a quien nos abandona

o a quien abandonamos

que agregar otra ausencia a la ausencia

es ahogar todos los nombres

y levantar un muro

alrededor de cada imagen.

¿Cómo hacer señas a quien muere,

cuando todos los gestos se han secado,

las distancias se confunden en un caos imprevisto,

las proximidades se derrumban como pájaros enfermos

y el tallo del dolor

se quiebra como lanzadera

de un telar descompuesto.

¿O cómo hablarse cada uno a sí mismo

 cuando nada, cuando nadie ya habla,

cuando las estrellas y los rostros son secreciones neutras

de un mundo que ha perdido

su memoria de un mundo.

Quizá un lenguaje para los finales

exija la total abolición de los otros lenguajes,

la imperturbable síntesis

de las tierras arrasadas.

O tal vez crear un habla de intersticios,

que reúna los mínimos espacios

entreverados entre el silencio y la palabra

y las ignotas partículas sin codicia.

 

Roberto Juarroz

15 de octubre de 1925

Coronel

 

miércoles, 14 de octubre de 2026

HEMOS AMADO JUNTOS TANTAS COSAS...

 

 


HEMOS AMADO JUNTOS TANTAS COSAS…

 

Hemos amado juntos tantas cosas

que es difícil amarlas separados.

Parece que se hubieran alejado de pronto

o que el amor fuera una hormiga

escalando los declives del cielo.

 

Hemos vivido juntos tanto abismo

que sin ti todo parece superficie,

órbita de simulacros que resbalan,

tensión sin extensiones,

vigilancia de cuerpos sin presencia.

 

Hemos perdido juntos tanta nada

que el hábito persiste y se da vuelta

y ahora todo es ganancia de la nada.

El tiempo se convierte en antitiempo

porque ya no lo piensas.

 

Hemos callado y hablado tanto juntos

que hasta callar y hablar son dos traiciones,

dos sustancias sin justificación,

dos sustitutos.

 

Lo hemos buscado todo,

lo hemos hallado todo,

lo hemos dejado todo.

 

Únicamente no nos dieron tiempo

para encontrar el ojo de tu muerte,

aunque fuera también para dejarlo.

 

Roberto Juarroz

15 de octubre de 1925

Coronel

martes, 13 de octubre de 2026

MI CORAZÓN, MI VIDA, MI SANGRE ENARBOLADA...


 

MI CORAZÓN, MI VIDA, MI SANGRE ENARBOLADA…

 

Mi corazón, mi vida, mi sangre enarbolada,

bajo esta noche hosca, tumbada como un perro,

te busca para siempre, honda huella del llanto,

para estrechar tu alma estremecida y pura

contra este pecho mío tan grande como el mundo.

 

Quiero tenerte aquí, quiero hundir tu tristeza

con el hacha amorosa de mi ardiente alegría.

Quiero, como una llama, arrancarte la duda

y probar que el dolor nos enseña la herida.

Mi amor no muere nunca, pero renace siempre.

Esta noche se ha alzado con la verdad desnuda

como una espada inmensa cuando sueña en la muerte

aferrándose al puño que conduce su vida.

Tú calmarás mi fiebre, yo beberé en tus manos,

me miraré en tus ojos cuando encontrarme quiera.

De cada día haremos un corto paraíso,

una conquista nueva arrancada al vacío.

Serán cortas las horas, los meses y los años

para tanta hermosura en esta dicha altísima…

 

Aquí estoy, en la noche, llorando como un niño,

frágil cuerpo de hombre que estremecido espera.

 

Alrededor de ti crezco como la hierba

junto a la encina clara que le presta su sombra.

Porque en  tu sombra habito y para ti me alzo,

corazón, hacia arriba, sangre mía cimera,

en busca de tu tierna delicadeza fresca

que en un talle dulcísimo se me entrega ofrecida.

 

No quiero más, me basta, se me sosiega el ímpetu.

Como el agua a la mano me ciño a tu presencia

y te mojo la entraña de amor inexpresable.

 

Quiero vivir amándote, quiero morir contigo,

quiero que nuestras sangres circulen paralelas

hasta que nuestros cuerpo se pudran en la tierra.

 

José Luis Hidalgo

12 de octubre de 1919

Torrelavega (Cantabria)

domingo, 11 de octubre de 2026

EPITAFIO DE LA AMADA EN LA VOZ DEL AMANTE

 


EPITAFIO DE LA AMADA EN LA VOZ DEL AMANTE

 

No es, enterrada bajo sauce mudo,

piedra y silencio su presencia pura,

la encuentro en alas de tu voz segura

de vida y muerte en amoroso nudo.

 

Su luz erige tu clamor agudo

y en él anida su feliz ternura,

puebla del gozo la florida altura

y de los llantos el vergel desnudo.

 

Todo tu verbo de su pulso nace,

toda tu tierra se estremece y vive

de ser la tierra en que su forma yace.

 

Tu ser cumplido de su ayer recibe

ese balido que en sus labios pace

hierba presente que el mañana escribe.

 

Dionisio Ridruejo

12 de octubre de 1912

Burgo de Osma

 

sábado, 10 de octubre de 2026

LA MENTIRA


 
LA MENTIRA

 

Sé que me despreciáis; mas no os asombre

que os diga que al hacerlo de tal suerte,

despreciaréis de mí no más que el nombre,

pues vivo en el espíritu del hombre,

y puedo dar la vida y dar la muerte.

 

No podéis despreciarme! Que es mi sino

vagar en vuestros pechos siempre errante,

me rechazáis mas me buscáis! Sin tino,

pues deparada estoy por el destino

a ser vuestra enemiga y vuestra amante.

 

Soy amada cual soy aborrecida,

yo sé engendrar el odio y el amor,

mi destreza jamás se vio vencida,

que en las lides más fuertes de la vida

vencer supe la dicha y el dolor.

 

Queréis huir de mi pero es en vano,

necesitáis mi astucia y mi poder,

las leyes del honor tengo en mi mano,

si yo quiero, ennoblezco al más villano,

y al más noble yo puedo envilecer.

 

Soy el eje del mundo, y mis antojos

manejan la indulgencia y la maldad;

no debo merecer vuestros enojos

que la verdad no ofrece mas que abrojos,

yo soy menos cruel que la verdad.

 

Sin mi no existiría la esperanza,

doy mi vida y realidad a la ilusión,

soy el arma mejor de la venganza,

vivo entre la caricia y al acechanza,

después de seros fiel me hacéis traición.

 

Yo sé resucitar la fe perdida,

que el ser a quien creéis y a quien amáis

me lleva en sus palabras escondida,

si la savia yo soy de vuestra vida,

decidme, pues, por qué me despreciáis?

 

María Teresa Roca de Togores

7 de octubre de 1919

San Juan de la Luz – Francia

 

 


lunes, 5 de octubre de 2026

EL SUEÑO

EL SUEÑO

 

Apoya en mí la cabeza,

si tienes sueño,

apoya en mi la cabeza,

aquí, en mi pecho.

Descansa, duérmete, sueña,

no tengas miedo del mundo,

que yo te velo.

Levanta hacia mí tus ojos,

tus ojos lentos,

y ciérralos poco a poco

conmigo dentro;

ciérralos, aunque no quieras,

muertos de sueño.

 

Ya estás dormida. Ya sube,

baja tu pecho,

y el mío al compás del tuyo

mide el silencio,

almohada de tu cabeza,

celeste peso.

Mi pecho de varón duro,

tabla de esfuerzo,

por ti se vuelve de plumas,

cojín de sueños

Navega en dulce oleaje,

ritmo sereno,

ritmo de olas perezosas

el de tus pechos.

De cuando en cuando una grande,

espuma al viento,

suspiro que se te escapa

volando al cielo,

y otra vez navegas lenta

mares de sueño,

y soy yo quien te conduce

yo que te velo,

que para que te abandones

te abrí mi pecho.

¿Qué sueñas? ¿Sueñas? ¿Qué buscan

-palabras, besos-

tus labios que se te mueven,

dormido rezo?

Si sueñas que estás conmigo,

no es sólo sueño;

lo que acuna y te mece

soy yo, es mi pecho.

 

Despacio, brisas, despacio,

que tiene sueño.

Mundo sonoro que rondas,

hazte silencio,

que está durmiendo mi niña,

que está durmiendo

al compás que de los suyos

copia mi pecho.

Que cuando se me despierte

buscando el cielo

encuentre arriba mis ojos

limpios y abiertos.

 

Gerardo Diego

3 de octubre de 1896

Santander

 

 


domingo, 4 de octubre de 2026

AUTORRETRATO

 

 


AUTORRETRATO

 

Todo lo que llevo dentro

está ahí fuera.

Se ha hecho –fiel a sí mismo-

mi evidencia.

Mis pensamientos son montes,

mares, selvas,

bloques de sal cegadora,

flores lentas.

El sol realiza mis sueños,

me los crea

y el viento pintor, errante,

-luz, tormenta-

pule y barniza mis óleos,

mis poemas,

y el crepúsculo y la luna

los avientan.

 

Podéis tocar con las manos

mi conciencia.

Gozar podéis con los ojos

-negro y sepia-

los colores y las tintas

de mis penas.

Y eso que os roza el labio,

bruma o seda,

es mi amor –flores o pájaros

que revuelan-

mis amores, criaturas

libres, sueltas.

 

Todo lo que fuera duerme,

queda o pasa,

todo lo que huele o sabe,

toca o canta,

conmigo dentro se ha hecho

viva entraña,

víscera oscura y distinta,

sueño y alma.

Si pudierais traspasarme

os pasmarais.

Todo está aquí, aquí dormido.

Dibujada

llevo en mi sangre y mi cuerpo

cuerpo y sangre de mi patria.

Luces y luces de cielo,

cosas santas.

Todo lo que está aquí dentro

fuera estaba.

Todo lo que estaba ahí fuera

dentro calca.

El universo infinito

me enmaraña;

auscultadme, soy su cárcel

sin ventanas.

 

Escuchadme, dentro, fuera,

donde os plazca.

Mis más íntimos secretos

por el aire los pregonan

y los cantan.

 

Gerardo Diego

3 de octubre de 1896

Santander