martes, 3 de marzo de 2026

OH, LIBERTAD

 


OH, LIBERTAD

 

¡Oh!, libertad, fantasma de la vida,

astro de amor a la ambición humana

el hombre en su delirio te engalana,

pero nunca te encuentra agradecida.

Despierta alguna vez, siempre dormida

cruzas la tierra, como sombra vana;

se te busca en el hoy para el mañana,

viene el mañana  y se te ve perdida.

Cámbiase el niño en el mancebo fuerte

y piensa que te ve ¡triste quimera!

Con la esperanza de llegar a verte

Ruedan los años sobre la ancha esfera

y en el último trance de la muerte

aun no dice tu voz, ¡espera, espera!

 

Rosario de Acuña

1 de noviembre de 1850

Madrid

lunes, 2 de marzo de 2026

A LA VIDA

 

 


A LA VIDA

 

Huye el tiempo veloz: La yerta mano

de la severa edad en nuestra frente

graba profundas huellas inclemente,

y el oscuro cabello vuelve cano.

¡Desdichada existencia! Triste y vano

afán de ser feliz el alma siente,

y ¡ay! la felicidad es solamente,

bello ideal de pensamiento humano.

De una en otra esperanza ansioso vuela

el mísero mortal desde la cuna;

en la vejez aguarda todavía:

y en pos de más allá que inquieto anhela,

sin encontrar jamás tregua ninguna,

le sorprende feroz la muerte impía.

 

Antonia Díaz Fernández de Lamarque

1827

Sevilla

domingo, 1 de marzo de 2026

PLENITUD

 

PLENITUD

 

Puesto que apliqué mis labios a tu copa llena aún,

y puse entre tus manos mi pálida frente;

puesto que alguna vez pude respirar el dulce aliento

de tu alma, perfume escondido en la sombra.

 

Puesto que me fue concedido escuchar de ti

las palabras en que se derrama el corazón misterioso;

ya que he visto llorar, ya que he visto sonreír,

tu boca sobre mi boca, tus ojos en mis ojos.

 

Ya que he visto brillar sobre mi cabeza ilusionada

un rayo de tu estrella, ¡ay!, siempre velada.

Ya que he visto caer en las ondas de m vida

un pétalo de rosa arrancado a tus días,

 

puedo decir ahora a los veloces años:

¡Pasad! ¡Seguid pasando! ¡Yo no envejeceré más!

Idos todos con todas nuestras flores marchitas,

tengo en mi álbum una flor que nadie puede cortar,

 

vuestras alas, al rozarlo, no podrán derramar

el vaso en que ahora bebo y que tengo bien lleno.

Mi alma tiene más fuego que vosotros ceniza.

Mi corazón tiene más amor que vosotros olvido.

 

Víctor Hugo

26 de febrero de 1802

Besanzón – Francia

MELANCOLÍA DEL DESAPARECER

 


MELANCOLÍA DEL DESAPARECER

 

Y pensar que después que yo me muera,

aún surgirán mañanas luminosas,

que bajo un cielo azul, la primavera,

indiferente a mi mansión postrera,

encamará en la seda de las rosas.

 

Y pensar que, desnuda, azul, lasciva,

sobre mis huesos danzará la vida,

y que habrá nuevos cielos de escarlata,

bañados por la luz del sol poniente

y noches llenas de esa luz de plata,

que inundaban mi vieja serenata,

cuando aún cantaba Dios, bajo mi frente.

 

Y pensar que no puedo en mi egoísmo

llevarme al sol ni al cielo en mi mortaja;

que he de marchar yo solo hacia el abismo,

y que la luna brillará lo mismo

y ya no la veré desde mi caja.

 

Agustín de Foxá

28 de febrero de 1906

Madrid

jueves, 26 de febrero de 2026

TRASPASADAS DE SOL

 


TRASPASADAS DE SOL

 

Traspasadas de sol

las acacias agitan millones de cuchillos

en torno de un corazón violeta.

 

Rosas y malvas reales.

Copas de un granate profundo

de sangre coagulada.

 

Un enjambre de abejas

busca la miel más íntima

en los pezones fríos.

 

Las nubes se deslíen

en una leche tibia

vagamente turquesa.

 

La luz en un éxtasis puro

quemándose en sí misma.

 

Agoniza la inmensa mariposa.

 

Hay una fuga de matices pálidos

ente palpitaciones decrecientes

de irisaciones luminosas…

 

 

Margarita Ferreras

26 de febrero de 1900

Alcañices (Zamora)

 

martes, 24 de febrero de 2026

LA INJUSTICIA



LA INJUSTICIA

 

¿De qué sima te yergues, sombra negra?

¿Qué buscas?

                      Los oteros,

como lagartos verdes, se asoman a los valles

que se hunden entre nieblas en la infancia del mundo.

Y sestean, abiertos, los rebaños,

mientras la luz palpita, siempre recién creada,

mientras se comba el tiempo, rubio mastín que duerme a

     las puertas de Dios.

 

Pero tú vienes, mancha lóbrega,

reina de las cavernas, galopante en el cierzo, tras tus corvas

   pupilas, proyectadas

como dos meteoros crecientes de lo oscuro,

cabalgando en las rojas melenas del ocaso,

flagelando las cumbres

con cabellos de sierpes, látigos de granizo.

 

Llegas,

oquedad devorante de siglos y de mundos,

como una inmensa tumba,

empujada por furias que ahíncan sus testuces,

duros chivos erectos, sin oídos, sin ojos,

que la terneza ignoran.

 

Sí, del abismo llegas,

hosco sol de negruras, llegas siempre,

onda turbia, sin fin, sin fin manante,

contraria del amor, cuando él nacida

en el día primero.

 

Tú empañas con tu mano

de húmeda noche los cristales tibios

donde al azul se asoma la niñez transparente, cuando apenas

era tierna la dicha, se estrenaba la luz,

y pones en la nítida mirada

la primera llama verde

de los turbios pantanos.

 

Tú amontonas el odio en la charca inverniza

del corazón del viejo,

y azuzas el espanto

de su triste jauría abandonada

que ladra furibunda en el hondón del bosque.

 

Y van los hombres, desgajados pinos,

del oquedal en llamas, por la barranca abajo,

rebotando en las quiebras,

como teas de sombra, ya lívida, ya ocres,

como blasfemias que al infierno caen.

 

 

…Hoy llegas hasta mí.

He sentido la espina de tus podridos cardos,

el vaho de ponzoña de tu lengua

y el jirón de tus alas que arremolina el aire.

 

El alma era un aullido

y mi carne mortal se helaba hasta los tuétanos.

 

Hiere, hiere, sembradora del odio:

no ha de saltar el odio, como llama de azufre, de mi herida.

 

Heme aquí:

soy hombre, como un dios,

soy hombre, dulce niebla, centro cálido,

pasajero bullir de un metal misterioso que irradia la ternura.

 

Podrás herir la carne

y aun retorcer el alma como un lienzo:

no apagarás la brasa del gran amor que fulge

dentro del corazón,

bestia maldita.

 

Podrás herir la carne.

No morderás mi corazón,

madre del odio.

Nunca en mi corazón,

reina del mundo.

 

Dámaso Alonso

Cuadro: "La justicia castigando la injusticia" de Jean Marc Nattier

 

lunes, 23 de febrero de 2026

PREDESTINADOS

 


PREDESTINADOS

 

Es el abismo el que le atrae

desde su fondo más oscuro,

para que deje esta vida tan triste

que él ve cubierta de eterno luto.

 

No bien una sombra se disipa

otras se agranda… se agranda y le envuelve

sin que adivine por qué ha venido,

por qué le busca, ni qué le quiere,

pero le aterra y le acobarda

y a donde va le sigue siempre.

 

Si algún dolor abandona su alma,

otro más vivo y más intenso,

en sus entrañas haciendo el nido

para él inventa nuevos tormentos,

mucho más hondos y más terribles

siempre los últimos que los primeros.

 

Un mal espíritu, algún demonio

de cuantos hay el más cruel

ha presidido su nacimiento

y oculto guía siempre su pie

hacia los bordes de alta sima

a ver si puede verle caer.

 

Vacila su planta ya… y sus ojos

vagos se fijan en lo infinito,

que él cree imagen de la nada;

pero le atrae… le atrae el vacío

en donde flotas, genio invisible,

siempre llamándole hacia el abismo.

 

Y cae al fin… y nadie sabe,

ni nade pregunta por qué ha caído.

 

Rosalía de Castro

23 de febrero de 1837

Santiago de Compostela (A Coruña)

sábado, 21 de febrero de 2026

LA DUDA

 


LA DUDA

 

Cuando al escribir en ellas

Contemplo tan lindas hojas,

Entre si llore o si cante

Estoy dudando, señora.

Recuerdos tenéis en ellas

Que desgarran la memoria,

Por más que entre tantas flores

Estas espinas se escondan;

Que cuando un enamorado

En himno de amores llora,

Más que a cantar sus cantares,

Su llanto a llorar provoca.

Y los versos de ese muerto

Tanto en lágrimas rebosan,

Que removidas las mías,

A mis pupilas asoman.

Y pues donde tantos cantan

Hay uno que a llorar osa,

Entre si llore o cante

Estoy dudando, señora.

 

 Si intento escribiros versos,

Dentro la mente se agolpan

Cuantos primores y hechizos

La naturaleza aborta.

Que en este jardín de España

Las inspiraciones sobran,

Pues basta mirar la lumbre

Con que el sol le tornasola,

Los arroyos que le cruzan,

Los jazmines que le bordan

Y las bellas que le pisan,

Cuantas maravillas brota,

Para entonar tantos himnos,

Tantas letras amorosas,

Que antes que el canto se agote,

Gastada el arpa se rompa.

Pero al ver lo que ese triste

Grabó o lloró o si cante

Estoy dudando, señora.

 

Pluguiera que, en vez de versos,

Mi pluma brotara rosas,

Porque, al menos, con las flores

Se pueden tejer coronas.

Pero a par de los cipreses,

Si nacen flores se agostan;

Y donde los muertos hablan,

Callar a los vivos toca.

Que el recuerdo del que muere

Mucho respetar importa,

Que acaso para velarnos

Quedó en la tierra su sombra.

Y aunque indecisa mi pluma,

Tal vez dudando os enoja,

Y han de hacer mis desvaríos

Que de vergüenza me corra,

Perdonadme si os confieso

Que al contemplar estas hojas,

Entre si llore o si cante

Estoy dudando, señora.

 

Que vos merecéis los versos,

Nadie en la villa lo ignora;

Y es tan claro por sabido,

Que hasta dudarlo es lisonja.

Que él la memoria merece,

Tampoco hay a quien se esconda,

Pues por triste y por amante

Le recordamos ahora,

Y así, entre ambos dividida

La imaginación dudosa,

Los versos son para vos

Si le prestáis la memoria;

Lo que en vos merece el sexo,

En él merece la sombra,

Y lo que en vos la hermosura,

En él la tumba lo abona.

Justo es, con los dos hablando,

Duden el muerto y la hermosa

Si es cantar o si es lamento

Lo que les cantan o lloran

 

José Zorrilla

21 de febrero de 1817

Valladolid

jueves, 19 de febrero de 2026

TU ROSTRO

 

TU ROSTRO

 

Pacientemente sí.

Porfiadamente sí.

En mármoles de olvido

en bronces de congoja

en granitos de ausencia

día tras día noche

tras noche con dulzura

he labrado tu rostro.

Tu rostro que inventé

hoy pervive en mis ojos

va siguiendo mis pasos

hasta borrar el tiempo

hasta velar mi nombre

hasta cubrir las islas

de la luz de la memoria.

 

Amorosamente sí.

Angustiadamente sí:

he labrado tu rostro.

Traspuse pavorosas vorágines de gritos

derribé cordilleras

descendí por los anchos

océanos secretos

descorriendo el cerrojo de las noches hostiles

del ansia adormecida

de mi voz ahogada

en canteras de angustia.

Aurora tras aurora.

Ocaso tras ocaso.

Ni demente ni cuerda:

así labré tu rostro.

 

¡Y nadie lo descubre

vibrando entre mis manos!

¡Oh rostro conquistado!

Ardiente quemadura.

Grito tenso del sueño.

Fiel herida del alma.

¡Estatua de fulgor

que no podrás robarme!

 

Ana María Martinez Sagi

16 de febrero de 1907

Barcelona

miércoles, 18 de febrero de 2026

HOTEL DE LAS CENTELLAS

 


HOTEL DE LAS CENTELLAS

 

La mariposa filosófica

Se posa en la estrella rosa

Y forma así una ventana del infierno

El hombre enmascarado está siempre de pie ante la mujer desnuda

Cuyos cabellos resbalan lo mismo que de mañana la luz de un farol

                   que han olvidado apagar

Los sabios muebles preparan la pieza que hace juegos de manos

Con sus rosetones

Sus rayos de sol circulares

Sus moliendas de vidrio

En cuyo interior azulea un cielo con precisión

En memoria del pecho inimitable

Ahora la nube de un jardín pasa por encima de la cabeza del hombre

                    que acaba de sentarse

Parte por la mitad a la mujer de busto mágico y ojos de Parma

Es la hora en que el oso boreal con gesto de gran inteligencia

Se estira y da cuenta de un día

Al otro lado la lluvia se encabrita sobre los bulevares de una gran ciudad

La lluvia y el diávolo de los viejos tiempos

Las piernas bajo la nube frutal rodean el invernadero

Sólo se percibe el pulso de una mano muy blanca representando

                    por dos minúsculas alas

El balancín de la ausencia oscila entre las cuatro paredes

Hendiendo las cabezas

De donde se escapan bandadas de reyes que en seguida se hacen la guerra

Hasta que el eclipse oriental

Turquesa en el fondo de las tazas

Descubre el lecho equilateral de sábanas color de esas flores llamadas

                 bola de nieve

Los veladores deliciosos las cortinas rasgadas

Al alcance de un librito con estas palabras estampadas

                  No hay mañana

Cuyo autor lleva un nombre extraño

En la oscura señalización terrestre

 

André Breton

18 de febrero de 1896

Tinchebray Bocage – Francia