viernes, 18 de septiembre de 2026

HE VENIDO PARA VER

 


HE VENIDO PARA VER

 

He venido para ver semblantes

Amables como viejas escobas,

He venido para ver las sombras

Que desde lejos me sonríen.

 

He venido para ver los muros

En el suelo o en pie indistintamente,

He venido para ver las cosas,

Las cosas soñolientas por aquí.

 

He venido para ver los mares

Dormidos en cestillo italiano,

He venido para ver las puertas,

El trabajo, los tejados, las virtudes

De color amarillo ya caduco.

 

He venido para ver la muerte

Y su graciosa red de cazar mariposas,

He venido para esperarte

Con los brazos un tanto en el aire,

He venido no sé por qué;

Un día abrí los ojos, he venido.

 

Por ello quiero saludar sin insistencia

A tantas cosas más que amables,

Los amigos de color celeste,

Los días de color variable,

La libertad del color de mis ojos.

 

Los niñitos de seda tan clara,

Los entierros aburridos como piedras,

La seguridad, ese insecto

Que anida en los volantes de la luz.

 

Adiós, dulces amantes invisibles,

Siento no haber dormido en vuestros brazos.

Vine por esos besos solamente;

Guardar los labios por si vuelvo.

 

Luis Cernuda

21 de septiembre de 1902

Sevilla

 

miércoles, 16 de septiembre de 2026

LA OTRA COPA DEL BRINDIS

 


LA OTRA COPA DEL BRINDIS

 

Al principio ella fue una serena conflagración

un rostro que no fingía ni siquiera su belleza

unas manos que de a poco inventaban un lenguaje

una piel memorable y convicta

una mirada limpia   sin traiciones

una voz que caldeaba la risa

unos labios nupciales

un brindis  

 

es increíble pero a pesar de todo

él tuvo tiempo para decirse

qué sencillo    y también

no importa que el futuro

          sea una oscura maleza

 

la manera tan poco suntuaria

que escogieron sus mutuas tentaciones

fue un estupor alegre

sin culpa ni disculpa

 

él se sintió optimista

                                   nutrido

                                                 renovado

tan lejos del sollozo y la nostalgia

tan cómodo en su sangre y en la de ella

tan vivo sobre el vértice de musgo

tan hallado en la espera

que después del amor salió a la noche

sin luna y no importaba

sin gente y no importaba

sin dios y no importaba

a desmontar la anécdota

a componer la euforia

a recoger su parte del botín

 

mas su mitad de amor

                                      se negó a ser mitad

y de pronto él sintió

que sin ella sus brazos estaban tan vacíos

que sin ella sus ojos no tenían qué mirar

que sin ella su cuerpo de ningún modo era

           la otra copa del brindis

 

y de nuevo se dijo

qué sencillo

                   pero ahora

lamentó que el futuro fuera oscura maleza

sólo entonces pensó en ella

                                              eligiéndola

y sin dolor     sin desesperaciones

sin angustia y sin miedo

dócilmente empezó

                                 como otras noches

                                                                  a necesitarla.

 

Mario Benedetti

14 de septiembre de 1920

Montevideo – Uruguay

 

HOMBRE QUE MIRA LA TIERRA



HOMBRE QUE MIRA LA TIERRA

 

Cómo querría otra suerte para esta pobre reseca

que lleva todas las artes y los oficios

en cada uno de sus terrones

y ofrece su matriz reveladora

para las semillas que quizá nunca lleguen

 

cómo querría que un desborde caudal

viniera a redimirla

y la empapara con su sol en hervor

o sus lunas ondeadas

y la recorriera palmo a palmo

y la entendiera palma a palma

 

o que descendiera la lluvia inaugurándola

y le dejara cicatrices como zanjones

y un barro oscuro y dulce

con ojos como charcos

 

o que en su biografía

pobre madre reseca

irrumpiera de pronto el pueblo fértil

con azadones y argumentos

y arados y sudor y buenas nuevas

y las semillas de estreno recogieran

el legado de las viejas raíces

 

cómo querría que se escucharan

su verde gratitud y su orgasmo nutricio

y que el alambrado recogiera sus púas

ya que por fin sería nuestra y una

 

cómo querría esa suerte de tierra

y que vos muchachita

entre brotes o espigas

o aliento vegetal o abejas mensajeras

te extendieras allí

mirando por primera vez las nubes

y yo tapara lentamente el cielo.

 

Mario Benedetti

14 de septiembre de 1920

Montevideo – Uruguay

Cuadro de JeanFrancois Millet 


SOLEDADES


 SOLEDADES

 

Ellos tienen razón

esa felicidad

al menos con mayúscula

                                         no existe

ah pero si existiera con minúscula

sería semejante a nuestra breve

                                                    presoledad

 

después de la alegría viene la soledad

después de la plenitud viene la soledad

después del amor viene la soledad

 

ya sé que es una pobre deformación

pero lo cierto es que en este durable minuto

uno se siente

                      solo en el mundo

sin asideros

sin pretextos

sin abrazos

sin rencores

sin las cosas que unen o separan

y en esa sola manera de estar solo

ni siquiera uno se apiada de uno mismo

 

los datos objetivos son como sigue

 

hay diez centímetros de silencio

            entre tus manos y mis manos

una frontera de palabras no dichas

            entre tus labios y mis labios

y algo que brilla así de triste

            entre tus ojos y mis ojos

 

claro que la soledad no viene sola

 

si se mira por sobre el hombro mustio

de nuestras soledades

se verá un largo y compacto imposible

un sencillo respeto por terceros o cuartos

ese percance de ser buenamente

 

después de la alegría

después de la plenitud

después del amor

                              viene la soledad

 

conforme

                 pero

qué vendrá después

de la soledad

a veces no me siento

                                  tan solo

si imagino

mejor dicho si sé

que más allá de mi soledad

                                             y de la tuya

otra vez estás vos

aunque sea preguntándote a solas

qué vendrá después

                                 de la soledad.  

 

Mario Benedetti

14 de septiembre de 1920

Montevideo – Uruguay

Cuadro de Edvard Munch

martes, 15 de septiembre de 2026

DEJAD QUE A VOCES DIGA EL BIEN QUE PIERDO

 


 DEJAD QUE A VOCES DIGA EL BIEN QUE PIERDO

 

Dejad que a voces diga el bien que pierdo,

si con mi llanto a lástima os provoco;

y permitidme hacer cosas de loco:

que parezco muy mal amante y cuerdo.

 

La red que rompo y la prisión que muerdo

y el tirano rigor que adoro y toco,

para mostrar mi pena son muy poco,

si por mi mal de lo que fui me acuerdo.

 

Oiganme todos: consentid siquiera

que, harto de esperar y de quejarme,

pues sin previo viví, sin juicio muera.

 

De gritar solamente quiero hartarme.

Sepa de mí, a lo menos, esta fiera

que he podido morir, y no mudarme.

 

Francisco de Quevedo

14 de septiembre de 1580

Madrid 

Cuadro de Eugene Delacroix 

AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE

 


AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE

 

Cerrar podrá mis ojos la postrera

sombra que me llevare el blanco día,

y podrá desatar esta alma mía

hora a su afán ansioso lisonjera:

 

mas no, de esotra parte, en la ribera,

dejará la memoria, en donde ardía:

nadar sabe millaza el agua fría,

y perder el respeto a ley severa.

 

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,

venas que humor a tanto fuego han dado,

médulas que han gloriosamente ardido:

 

su cuerpo dejará no su cuidado;

serán ceniza, mas tendrá sentido;

polvo serán, mas polvo enamorado.

 

Francisco de Quevedo

14 de septiembre de 1580

Madrid

Cuadro: "Melancolía" de Edvard Munch

 

martes, 8 de septiembre de 2026

ME BASTA ASÍ

 


ME BASTA ASÍ

 

Si yo fuera Dios

y tuviese el secreto,

haría

un ser exacto a ti;

lo probaría

(a la manera de los panaderos

cuando prueban el pan, es decir:

con la boca),

y si ese sabor fuese

igual al tuyo, o sea

tu mismo olor, y tu manera

de sonreír,

y de guardar silencio,

y de estrechar mi mano estrictamente,

y de besarnos sin hacernos daño

-de esto sí estoy seguro: pongo

tanta atención cuando te beso;

entonces,

si yo fuese Dios,

podría repetirte y repetirte,

siempre la misma y siempre diferente,

sin cansarme jamás del juego idéntico,

sin desdeñar tampoco la que fuiste

por la que ibas a ser dentro de nada;

ya no sé si me explico, pero quiero

aclarar que si yo fuese

Dios, haría

lo posible por ser Ángel González

para quererte tal como te quiero,

para aguardar con calma

a que te crees tú misma cada día,

a que sorprendas todas las mañanas

la luz recién nacida con tu propia

luz, y corras

la cortina impalpable que separa

el sueño de la vida,

resucitándome con tu palabra,

Lázaro alegre,

Yo,

mojado todavía

de sombras y pereza,

sorprendido y absorto

en la contemplación de todo aquello

que, en unión de mi mismo,

recuperas y salvas, mueves, dejas

abandonado cuando –luego- callas…

(Escucho tu silencio.

Oigo constelaciones: existes.

Creo en ti.

Eres.

Me basta.

 

Ángel González

6 de septiembre de 1925

Oviedo

lunes, 7 de septiembre de 2026

CONTRAPOSICIONES Y TORMENTOS DE SU AMOR

 


CONTRAPOSICIONES Y TORMENTOS DE SU AMOR

 

Osar, temer, amar y aborrecerse

alegre con la gloria atormentarse;

de olvidar los trabajos olvidarse;

entre llamar arder, sin encenderse;

 

con soledad entre la gente verse,

y de la soledad acompañarse;

morir continuamente, no acabarse;

perderse, por hallar con qué perderse;

 

ser Fúcar de esperanzas sin ventura,

gastar todo el caudal en sufrimientos,

con cera conquistar la piedra dura,  

 

son efectos de Amor en mis lamentos;

nadie le llame dios, que es locura;

que más son de verdugo sus tormentos.

 

Francisco de Quevedo

14 de septiembre de 1580

Madrid

Cuadro de Jean Honoré Fragonard

domingo, 6 de septiembre de 2026

EN TI ME QUEDO

 


EN TI ME QUEDO

 

De vuelta de una gloria inexistente,

después de haber avanzado un paso hacia ella,

retrocedo a velocidad indecible,

alegre casi como quien dobla la esquina de la

calle donde hay una reyerta,

llorando avergonzado como el adolescente

hijo de viuda sexagenaria y pobre

expulsado de la escuela vespertina en la que era becario.

Estoy aquí,

donde yo siempre estuve,

donde apenas hay sitio para mantenerse erguido.

 

La soledad es un farol certeramente apedreado:

sobre ella me apoyo.

 

La esperanza es el quicio de una puerta

de la casa que fue desarraigada

de sus cimientos por los huracanes:

quicio-resquicio por donde entro y salgo

cuando paso del nunca (me quisiste) al todavía (te odio),

del tampoco (me escuchas) al también (yo me callo),

del todo (me haces daño) al nada (me lastima).

 

No importa, sin embargo.

 

Los aviones de propulsión a chorro salvan rápidamente

la distancia que separa Tokio de Copenhague,

pero con más rapidez todavía

me desplazo yo a un punto situado a diez centímetros

de mí mismo,

de prisa,

muy de prisa,

en un abrir y cerrar de ojos,

en sólo una diezmilésima de segundo,

lo cual supone una velocidad media de setenta kilómetros a la hora,

que me permite,

si mis cálculos son correctos,

estar en este instante aquí,

después mucho más lejos,

mañana en un lugar sitio a casi mil millas,

dentro de una semana en cualquier parte

de la esfera terrestre,

por alejada que os parezca ahora.

Consciente de esa circunstancia,

en muchas ocasiones emprendo largos viajes;

pero apenas me desplazo unos milímetros

hacia los destinos más remotos,

la nostalgia me muerde las entrañas,

y regreso a mi posición primera

alegre y triste a un tiempo

-como dije al principio:

alegre,

porque sé que tú eres mi patria,

amor mío;

y triste,

porque toda patria, para los que la amamos

-de acuerdo con mi personal experiencia de la patria-

tiene también bastante de presidio.

 

Así,

en ti me quedo,

paseo largamente tus piernas y tus brazos

asciendo hasta tu boca, me asomo

al borde de tus ojos

doy la vuelta a tu cuello,

desciendo por tu espalda, 

cambio de ruta para recorrer tus caderas,

vuelvo a empezar de nuevo,

descansando en tu costado,

miro pasar las nubes sobre tus labios rojos,

digo adiós a los pájaros que cruzan por tu frente,

y si cierras los ojos cierro también los míos,

y me duermo a tu sombra como si siempre fuera

verano,

amor,

pensando vagamente

en el mundo inquietante

que se extiende –imposible- detrás de tu sonrisa.

 

Ángel González

6 de septiembre de 1925

Oviedo

 

AMOR CONTRA AMOR

 


AMOR CONTRA AMOR

 

Me preguntan los hombres: “¿No has dudado?”

¡Cómo pude dudar, pues te sentí!

¡Si fuiste mi tormento exasperado,

si con hierro candente me has sellado

para ti!

 

Te combatí las noches y los días,

quise olvidar tu amor; ¡no lo logré!

Después de cada crisis resurgías.

Inexorablemente me decía:

“Sígueme”.

 

Nadie sospechará lo que he sufrido.

¡Tú lo sabes, Señor!

Nunca quieras echar en el olvido

que todo el drama de mi vida ha sido,

la lucha del amor contra el Amor.

 

Cristina de Arteaga

6 de septiembre de 1902

Zarauz