sábado, 20 de junio de 2026

Entrevista para RTVA de Alcalá de Henares


La aventura de Leer, con Gloria Gómez de Grupo Cero 

LAS VOCES PROHIBIDAS

LAS VOCES PROHIBIDAS

 

Más despacio que nunca, casi agónicas,

marchan y duelen estas voces o estrellas.

 

Húmedos pies descalzos, breves pieles,

dulce origen, impío desorden. Voces

que purifican lo que tocan. Voces

todo milagro. Suaves voces de amor.

 

Voces para decir amor toda la vida

y todo el santo día y a la lenta distancia

de una noche de sueño, amor y voces.

 

Cálidas o despiertas, dormidas o ya frías,

estas voces se pegan a los labios

y dicen y se dicen altos, duros misterios,

prohibidos latidos, esbeltos calosfríos.

 

Despaciosas y firmes, llegan como

las bestias, crecen como el encino,

y no hay en ellas nada que no sea verdadero.

 

Pero duelen. Son dardos de amorosa ponzoña

y dan la seca muerte del olvido.

 

No perdonan, no aman,

no son ríos serenos, sino fuego,

ardiente maldición, dolorosa quietud.

 

Vienen así, calladas, caminando caminos

de helado polvo. Son las voces

que ya nunca se dicen.

 

Por eso duelen y por eso ardo

junto a ellas, como al pie de una hoguera.

Ardo y adoro al mismo tiempo

porque nada me callan o no me dicen nada.

 

Asciendo rudas catedrales de miedo

y el vacío es un lago de hambre y sal.

Me maldigo con ellas

pero duermo con ellas.

 

Cuando la sed se haya quemado

en mi garganta,

cuando no tenga paz ni amor,

cuando todo sea voces y no llantos,

una pequeña sombra habrá a mi lado.

 

No la rosa del ansia ni el clavel de miseria,

sino la joven luz del alba

la joven voz del alba mía.

 

Efraín Huerta

18 de junio de 1914

Silao de la Victoria - México


miércoles, 17 de junio de 2026

IV - LO INEVITABLE

IV

LO INEVITABLE

 

“¿Tendrás valor?” –pregunta al joven el anciano--.

En el desierto toda comida amarga;

todo camino es duro; toda hora de penas.

--Como el árbol, erguido, veré la racha.

 

--¿Tendrás valor, mancebo? Para el hombre en exilio

toda diestra de prójima se torna en garra.

El odio, la calumnia te zuzarán sus perros.

--La alquilona traílla no muerde, ladra.

 

--¿Y cuándo entre las brumas del tiempo y del espíritu

recuerdas tus azules bellas montañas;

tu madre; tus hermanos, tus mejores amigos?

--Entornando los ojos veré mi patria.

 

--Cuando en noches de luna, amorosas parejas

mires, que dan al viento risas y charlas,

tu corazón de amante, ¿quedará indiferente?

¿no lanzará un suspiro, no dirá nada?

 

¿No evocará el recuerdo de unos divinos ojos

y de una cabellera longa y castaña?

El mozo no responde. Sus pupilas se nublan.

--Vete, --le dice el viejo--. Ya conoces las lágrimas.

 

Rufino Blanco Fombona

17 de junio de 1874

Caracas – Venezuela


martes, 16 de junio de 2026

CREDO

 

CREDO

 

De pronto uno se aleja

         de las imágenes queridas

amiga

quedás frágil en el horizonte

te he dejado pensando en muchas cosas

pero ojalá pienses un  poco en mí

 

vos sabés

en esta excursión a la muerte

          que es la vida

me siento bien acompañado

me siento casi con respuestas

cuando puedo imaginar que allá lejos

quizá creas en mi credo antes de dormirte

o te cruces conmigo en los pasillos del sueño

 

está demás decirte que a esta altura

no creo en predicadores ni en generales

ni en las nalgas de miss universo

ni en el arrepentimiento de los verdugos

ni en el catecismo del confort

ni en el flaco perdón de dios

 

a esta altura del partido

creo en los ojos y las manos del pueblo

en general

y en tus ojos y tus manos

en particular.

 

Mario Benedetti

Cuadro de Renoir

lunes, 15 de junio de 2026

LA MANCHA DE PÚRPURA

LA MANCHA DE PÚRPURA

 

Me impongo la costosa penitencia

de no mirarte en días y días, porque mis ojos,

cuando por fin te miren, se aneguen en tu esencia,

como si naufragasen en un golfo de púrpura,

de melodía y de vehemencia.

 

Pasa el lunes y el martes y el miércoles… yo sufro

tu eclipse, ¡oh criatura solar! Mas en mi duelo

el afán de mirarte se dilata

como una profecía; se descorre cual velo

paulatino; se acendra como miel; se aquilata

como la entraña de las piedras finas;

y se aguza como el llavín

de la celda de amor de un monasterio en ruinas.

 

Tú no sabes la dicha refinada

que hay en huirte, que hay en el furtivo gozo

de adorarte furtivamente, de cortejarte
más allá de la sombra, de bajarse el embozo

una vez por semana, y exponer las pupilas,

en un minuto fraudulento,

a la mancha de púrpura de tu deslumbramiento.

 

En el bosque de amor, soy cazador furtivo;

te acecho entre dormidos y tupidos follajes,

como se acecha a una ave fúlgida; y de estos viajes

por la espesura, traigo a mi aislamiento,

el más fúlgido de los plumajes:

el plumaje de púrpura de tu deslumbramiento.  

 

Ramón López Velarde

15 de junio de 1888

Jerez de la Frontera – México


sábado, 13 de junio de 2026

EMOCIÓN ALDEANA

 


EMOCIÓN ALDEANA

 

Nunca gocé ternura más extraña,

que una tarde entre las manos prolijas

del barbero de campaña,

furtivo carbonario que tenía dos hijas.

Yo venía de la montaña

en mi claudicante jardinera,

con timidez  urbana y ebrio de primavera.

 

Aristas de mis parvas,

tupían la fortaleza silvestre

de mi semestre

de barbas.

 

Recliné la cabeza

sobre la fatigada almohadilla,

con una plenitud sencilla

de docilidad y de limpieza;

y en ademán cristiano presenté la mejilla…

 

el desconchado espejo,

protegido por marchitos tules,

absorbiendo el paisaje en su reflejo,

era un óleo enorme de sol bermejo,

praderas pálidas y cielos azules.

Y ante el mórbido gozo

de la tarde vibraba en pastorelas,

flameaba como un soberbio trozo

que glorificara un orgullo de escuelas.

 

La brocha, en tanto,

nevaba su sedosa espuma

con el encanto

de una caricia de pluma.

De algún redil cabrío, que en tibiezas amigas

aprontaba al rebaño su familiar sosiego,

exhalaban un perfume labriego

de polen almizclado las boñigas.

 

Con sonora mordedura

raía mi fértil mejilla la navaja.

Mientras sonriendo anécdotas en voz baja,

el liberal barbero me hablaba mal del cura.

A la plática ajeno,

preguntábale yo, superior y sereno

(Bien que con cierta inquietud de celibato),

por sus dos hijas, Filiberta y Antonia;

cuando de pronto deleitó mi olfato

una ráfaga de agua de colonia.

 

Era la primogénita, doncella preclara,

chisporroteaba en pecas bajo rulos de cobre.

Mas en ese momento, con presteza avara,

rociábame el maestro su vinagre a la cara,

en insípido aroma de pradera pobre.

 

Harto esponjada en sus percales,

la joven apareció, un  tanto incierta,

a pesar de las lisonjas locales.

Por la puerta,

asomaron racimos de glicinas,

y llegó de la huerta

un maternal escándalo de gallinas.

 

Cuando, con fútil prisa,

hacia la bella volví mi faz más grata,

su púdico saludo respondió a mi sonrisa,

y ante el sufragio de mi amor pirata,

y la flamante lozanía de mis carrillos,

ví abrirse enormemente sus ojos de gata,

fritos en rubor como dos huevecillos.

 

Sobre el espejo, la tarde lila

improvisaba un lánguido miraje,

en un ligero vértigo de agua tranquila,

y aquella joven con su blanco traje

al borde de esa visionaria cuenca,

daba al fugaz paisaje

un aire de antigua ingenuidad flamenca.

 

Leopoldo Lugones

13 de junio de 1874

Villa de María – Argentina

viernes, 12 de junio de 2026

TODOS MENTIMOS

 


TODOS MENTIMOS

 

Quisimos hacer del mundo un lugar mejor

pero todos mentimos.

Luchamos contra el poder con humildad,

entrega, inteligencia

y la suerte del inocente.

 

Las mentiras del enemigo nos invadieron, su lenguaje

disminuyó nuestras filas,

nos colocaron unos contra otros,

tocaban a los amantes, confundiendo

quiénes éramos y por qué.

 

Y nosotros mentimos sobre ellos, alegando

que eran narcotraficantes y asesinos,

que sus alimentos estaban envenenados

y sus calles no eran seguras.

Después mentimos sobre nosotros mismos

sembrando graves dudas, poniendo trampas terribles.

 

Por supuesto que le mentimos a la CIA

y a los torturadores.

Pero también a nuestros padres, a nuestros hijos

y a todos aquellos que deseaban de nosotros

la verdad.

 

Mentimos por omisión, convencidos de que teníamos

que ocultar las contradicciones.

La verdadera historia solo podía beneficiar

a los que anhelaban destruir el sueño,

a los que nos querían muertos.

Las cuentas saldarían más tarde.

 

Mentimos para proteger a los nuestros y justificar

que no nos protegíamos.

Mentimos a cerca de la necesidad de conocer lo esencial,

repetíamos como papagayos las palabras de nuestros líderes,

incluso cuando fingían no haber cometido ningún genocidio.

 

No cuestionamos la desaparición de él,

las cien puñaladas en el cuerpo de ella,

seguimos a nuestros guías que nos mentían,

y entonces mentíamos a nosotros mismos:

el dolor que cambió nuestras moléculas.

 

Hasta que luego nos convertiríamos en la promesa

que no cumpliríamos, en un fantasma agotado

y destinado a vagar con los ojos huecos:

la mentira que volvería a rondar un sacrificio

demasiado grande para ser nombrado.

 

Margaret Randall

6 de diciembre de 1936

Nueva York - EEUU

jueves, 11 de junio de 2026

FUEGOS

 


FUEGOS

 

Lo mismo ocurre con un perro, con una pantera o con una cigarra. Leda decía:

“Ya no soy libre para suicidarme

desde queme he comprado un cisne”.

 

La muerte es un sacramento del que solo son dignos los más puros: muchos

hombres se deshacen,

pero pocos hombres mueren.

 

No puede construirse una felicidad sino sobre los cimientos de una

desesperación, creo que voy a ponerme a construir.

 

Que no se acuse a nadie de mi vida.

 

No soporté bien la felicidad. Falta de costumbre. En tus brazos, lo único que yo

podía hacer era morir.

 

Existe un plan general para el universo. Sólo salimos en los momentos sublimes.

 

En el avión, cerca de ti, ya no le tengo miedo al peligro. Uno sólo muere cuando

está solo.

 

Existe entre nosotros algo mejor que un amor: una complicidad.

 

Margueritte Yourcenar

8 de junio de 1903

Bruselas – Bélgica

 

lunes, 8 de junio de 2026

DETRÁS DE MÍ



DETRÁS DE MÍ

 

Detrás de mí se cerrarán las aguas,

se quebrará el camino

como una seca rama.

 

Detrás de mí la hierba irá borrando,

implacable,

las tímidas señales

que dejaron mis pasos.

 

Detrás de mí la noche, oh, enemiga,

ahondará sus abismos

para guardar en ellos mi corazón cansado,

secreto recipiente

de soledad, de olvido.

 

Detrás de mí el silencio

subrayará mi nombre

para que nadie

se llame a engaño y piense

que alguna vez brilló sobre los montes

como un astro pequeño

lleno de luz.

 

Detrás de mí tan solo,

señalando mis límites,

un espacio vacío.

 

Aunque tal vez el aire –siempre dulce y amigo—

transmita

el sonido –tan humilde y apenas perceptible—

con el que tantas veces

quise cantar la amanecida.

Y por piedad consienta

ese rastro de sangre

que fui dejando en la alambrada

y aún hoy me atestigua.

 

Y acaso alguien recuerde vagamente

--o descubra de pronto—

que estuve aquí,

soñando.

 

Angelina Gatell

8 de junio de 1926

Barcelona


domingo, 7 de junio de 2026

EL RETRATO DEL ABUELO

 

EL RETRATO DEL ABUELO

 

¡No se pierda aquel carácter!

 

Viejo padre, aún sigues mirando como antes,

cuando gustoso vivías entre los mortales,

solo que más tranquilo y,

como los santos, más sereno,

 

en la casa donde el niño te llama padre,

donde juega sonriente y trastea ante ti,

como los cordero sen el campo,

sobre la alfombra verde que la madre

 

le concede para su juego. Manteniéndose aparte

ella lo mira amorosa, y admira su lenguaje

y joven entendimiento y sus ojos ya florecientes.

 

Y su marido, tu hijo, le recuerda otra época,

la de las brisas de mayo, cuando él suspiraba por ella,

en los días de prometidos,

cuando el orgulloso aprende humildad.

 

Pero pronto cambió; como era más seguro

entre los suyos, es ahora más soberbio,

el doblemente amado,

y saca adelante su labor cotidiana.

 

¡Padre silencioso! También tú viviste y amaste así,

por eso habitas como un inmortal ahora,

entre los niños, y de ti muchas veces,

hombre sereno, se derrama

 

sobre la casa, como del éter callado, vida.

Y se multiplica y madura, cada año más noble,

en modesta felicidad,

lo que plantaste con esperanza.

 

Mira cómo te verdeguean los árboles que criaste

con amor, y abrazan la casa con su ramaje

lleno de dones agradecidos,

ya se entallan más firmes sus troncos,

 

y en la falda del cabezo donde les laboreaste

el soleado suelo, se inclinan y balancean

tus alegres viñas,

ebrias y cargadas de racimos purpúreos.

 

Pero abajo en casa, provisto por ti, reposa

el vino pasado por el lagar. Caro a tu hijo,

que reserva para la fiesta

el viejo fuego decantado.

 

Luego, en la cena, una vez se ha hablado,

entre bromas y veras, con los amigos,

mucho del pasado y el futuro,

y aún resuena el último canto,

 

levanta él la copa, mira tu retrato y dice:

Ahora te recordamos; ¡así sean y queden

honrados los buenos genios

de la casa, ahora y siempre!

 

Y te cantan claros los cristales,

y la madre, hoy por primera vez,

para que sepa que es fiesta,

también le da al niño de tu vino.

 

Friedrich Holderlin

7 de junio de 1843

Lauffen am Neckar –Alemania