CAPRICHO EN
ARANJUEZ
Raso
amarillo a cambio de mi vida.
Los bordados
doseles, la nevada
palidez
de las sedas. Amarillos
y azules
y rosados terciopelos y tules,
y ocultos
por las telas recamadas,
plata,
jade y sutil marquetería.
Fuera breve
vivir. Fuera una sombra
o una
fugaz constelación alada.
Geométricos
jardines. Aletea
el hondo
transminar de las magnolias.
Difumine el
balcón, ocúlteme
la bóveda
de umbría enredadera.
Fuera hermoso
morir. Inflorescencias
de mármol
en la reja encadenada;
perpetua
floración en las columnas
y un niño
ciego juega con la muerte.
Fresquísimo
silencio gorgotea
de las
corolas de la balaustrada.
Cielo de
plata gris. Frío granito
y un
oculto arcaduz iluminado.
Deserten los
bruñidos candelabros
entre
calientes pétalos y plumas.
Trípodes de
caoba, pebeteros
o delgado
cristal. Doce relojes
tintinean
las horas al unísono.
Juego de
piedra y agua. Desenlacen
sus
cendales los faunos. En la caja
de fragante
peral están brotando
punzantes
y argentinas pinceladas.
Músicas en
la tarde. Crucería,
polícromo
cristal. Dejad, dejadme
en la luz
de esta cúpula que riegan
las
transparentes brasas de la tarde.
Poblada soledad,
raso amarillo
a cambio
de mi vida.
Guillermo
Carnero
7 de mayo
de 1947
Valencia

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