martes, 30 de septiembre de 2025

ACTO HOMENAJE A JOSÉ GARCÍA


Palabras de Carlos Fernández dirigidas a José García en el acto homenaje realizado el 18 de septiembre en el Colegio Filipenses de Alcalá de Henares. 

 ACTO HOMENAJE A JOSÉ GARCÍA

 

Es tan extraño, hablar y escribir sobre José, un personaje que formó parte de nuestras vidas durante muchos años. Conocí a José y Esther el siglo pasado. Las sensaciones, vivencias, recuerdos, los sentimientos a los que intentamos poner cuerpo, imágenes o palabras serán parciales, no pueden rescatar en su totalidad, la grandeza de un ser, la amabilidad de esa sonrisa mantenida o el latido del abrazo en cada saludo.

 

Sirva este prolegómeno para rememorar, un mes después, tu viaje ignoto del que volver es una quimera que a todos nos cuesta aceptar. Tal vez por el dolor, infinito, profundo, casi insoportable, que nos dejó tu despedida. Un dolor traicionero, imprevisto que generó, en todos los que te conocimos, lágrimas sin destino y la necesidad de encontrarnos para, abrazarnos a ti, una vez más.

 

Los amigos me pidieron que hiciera de portavoz, y traigo el sentir general de los que formaron parte de tu amistad. El vocablo “Amigo” proviene del latín “Amicus, amare”, amar y eso has dejado a los que compartimos tu amistad. La Historia poética, la que da cuenta de la verdad de los pueblos, señala el 18 de agosto como la fecha en la que Federico García Lorca es fusilado, y discúlpenme por la comparación, es otro 18 de agosto donde nuestro rapsoda nos dejó. La Poesía dice que un hombre muere apenas si otros le nombramos, por eso tu voz grabada y filmada, leyendo e interpretando en los escenarios poemas, relatos y teatro, te mantiene presente cada día en nuestra invisible memoria.

 

¿Te acuerdas José? Las finales de Champions con los cuñados y amigos, las escapadas al Santander de la infancia, los viernes por la tarde con los compañeros del trabajo, las excursiones de sólo papás con los hijos, tus viajes por EEUU y latino América… con todo ello disfrutabas y… de lo que estabas orgulloso, especialmente orgulloso fue de Irene y Esther, con ellas fue donde cumpliste dos funciones imposibles de realizar sin tolerancia, sin cierta sabiduría y toneladas de amor con paciencia.

 

Hoy queremos recordarte llevando adelante la tarea más difícil, el oficio más complejo, esa hermosa profesión, que sólo pueden los mejores: ejercer de hombre en cada despedida.

 

¡¡Buen viaje amigo!!

 

Carlos Fernández

TU VOZ SUMA UNA ESTRELLA

 

TU VOZ SUMA UNA ESTRELLA

A nuestro compañero y amigo José García

 

 

¡Qué difícil! ¡qué difícil expresar en unas letras la inmensidad,

la ausencia, la multitud!

¡Qué difícil sostener una sola lágrima

donde se condensa todo un arco iris de estampas

enclavadas en el recuerdo!

Donde suena una voz inolvidable,

capaz de traspasar auditorios sin volumen,

donde una sonrisa siempre puesta en cada verso

lo hacía enaltecer a la muchedumbre,

donde cada gesto abría el corazón

exaltando la limpidez de una alegría oculta.

¡Qué difícil será olvidar cada emulsión de sosiego

trasmitida hasta el último recoveco

de cualquier lugar donde bailaban y ensortijaban

compases y versos entre los presentes y ausentes!

¡Qué difícil se hace compendiar en un poema tantas tertulias y disfraces,

tantas tardes de esperanza y de futuros lanzados sobre la estirpe!

¡Qué difícil sostener la calidez de la cercanía que aseguraba un abrazo!

¡Hay golpes, tan duros, que la letra se emborrona en tanta memoria,

golpes tan despiadados que el aire se congela en el pulmón!

¿Qué será el grito de la miseria cuando tu voz no esté para elevarlo?

¿Qué será la fluidez adolescente,

cuando tu hombro esté ausente

para sostener la vulnerabilidad de un mal pasajero?

¿Qué será de las lágrimas de una mujer

cuando tus labios no estén para borrarlas?

¿Qué será? ¿Qué será de ese futuro,

aún por comenzar la andadura entre repliegos y escaramuzas

a capricho del destino?

¿Qué será de la fuerza que insistías al duelo de un triste devenir?

¿Qué será?

¿qué será el vacío que habrá bajo la luna de bienvenida al estío

en tertulias de trova y balada?

quizá traiga el verso que dejas a medio concluir,

donde tu voz llegue desde el recuerdo.

Tanta interrogación diluye por estos versos como afluye en mi asombro.

Sin tiempo para un adiós, ¿por qué?

 

Gloria Gómez Candanedo

 

18 de agosto de 2025

jueves, 25 de septiembre de 2025

NO ES EL AMOR QUIEN MUERE...

 


NO ES EL AMOR QUIEN MUERE…

 

No es el amor quien muere,

somos nosotros mismos.

 

Inocencia primera

abolida en deseo

olvido de sí mismo en otro olvido,

ramas entrelazadas

¿por qué vivir si desaparecéis un día?

 

Sólo vive quien mira

siempre ante si los ojos de su aurora,

sólo vive quien besa

aquel cuerpo de ángel que el amor levantara.

 

Fantasmas de la pena,

a lo lejos, los otros,

los que ese amor perdieron,

como un recuerdo en sueños,

recorriendo las tumbas

otro vacío estrechan.

 

Por allá van y gimen,

muertos en pie, vidas tras de la piedra,

golpeando la impotencia,

arañando la sombra

con inútil ternura.

 

No, no es el amor quien muere.

 

Luis Cernuda

21 de septiembre de 1902

Sevilla

SI PUDIERA ELEGIR MI PAISAJE

 


SI PUDIERA ELEGIR MI PAISAJE

 

Si pudiera elegir mi paisaje

de cosas memorables, mi paisaje

de otoño desolado,

elegiría, robaría esta calle

que es anterior a mí y a todos.

 

Ella devuelve mi mirada inservible,

la de hace apenas quince o veinte años

cuando la casa verde envenenaba el cielo.

Por eso es cruel dejarla recién atardecida

con tantos balcones como nidos a solas

y tantos pasos como nunca esperados.

 

Aquí estarán siempre, aquí, los enemigos,

los espías aleves de la soledad,

las piernas de mujer que arrastran a mis ojos

lejos de la ecuación de dos incógnitas.

 

Aquí hay pájaros, lluvia, alguna muerte,

hojas secas, bocinas y nombres desolados,

nubes que van creciendo en mi ventana

mientras la humedad trae lamentos y moscas.

 

Sin embargo existe también el pasado

con sus súbitas rosas y modestos escándalos

con sus duros sonidos de una ansiedad cualquiera

y su insignificante comezón de recuerdos.

 

Ah si pudiera elegir mi paisaje

elegiría, robaría esta calle,

esta calle recién atardecida

en la que encamizadamente revivo

y de la que sé con estricta nostalgia

el número y el nombre de sus setenta árboles.

 

Mario Benedetti

14 de septiembre de 1920

Tacuarembó – Uruguay

 

 

DEFINICIÓN DEL AMOR

 


DEFINICIÓN DEL AMOR

 

Es hielo abrasador, es fuego helado,

es herida que duele y no se siente,

es un soñado bien, un mal presente,

es un breve descanso muy cansado.

 

Es un descuido que nos da cuidado,

un cobarde con nombre de valiente,

un andar solitario entre la gente,

un amar solamente ser amado.

 

Es una libertad encarcelada,

que dura hasta el postrero paroxismo;

enfermedad que crece si es curada.

 

Éste es el niño Amor, éste es su abismo.

¿Mirad cuál amistad tendrá con nada

el que en todo es contrario de sí mismo!

 

Francisco de Quevedo

14 de septiembre de 1580

Madrid

lunes, 22 de septiembre de 2025

PARA QUE YO ME LLAME ÁNGEL GONZÁLEZ

 

PARA QUE YO ME LLAME ÁNGEL GONZÁLEZ..

 

Para que yo me llame Ángel González,

para que mi ser pese sobre el suelo,

fue necesario un ancho espacio

y un largo tiempo:

hombres de todo el mar y toda tierra,

fértiles vientres de mujer, y cuerpos

y más cuerpos, fundiéndose incesantes

en otro cuerpo nuevo.

Solsticios y equinoccios alumbraron

con su cambiante luz, su vario cielo,

el viaje milenario de mi carne

trepando por los siglos y los huesos.

De su pasaje lento y doloroso

de su huida hasta el fin, sobreviviendo

naufragios, aferrándose

al último suspiro de los muertos,

yo no soy más que el resultado, el fruto,

lo que queda, podrido, entre los restos;

esto que veis aquí,

tan sólo esto:

un escombro tenaz, que se resiste

a su ruina, que lucha contra el viento,

que avanza por caminos que no llevan

a ningún sitio. El éxito

de todos los fracasos. La enloquecida

fuerza del desaliento…

 

Ángel González

6 de septiembre de 1925

Oviedo

domingo, 21 de septiembre de 2025

A RECORRER ME DEDIQUÉ ESTA TARDE...

 


A RECORRER ME DEDIQUÉ ESTA TARDE…

 

A recorrer me dediqué esta tarde

las solitarias calles de mi aldea

acompañado por el buen crepúsculo

que es el único amigo que me queda.

Todo está como entonces, el otoño

y su difusa lámpara de niebla,

sólo que el tiempo lo ha invadido todo

con su pálido manto de tristeza.

Nunca pensé, creédmelo, un instante

volver a ver esta querida tierra,

pero ahora que he vuelto no comprendo

cómo pude alejarme de su puerta.

Nada ha cambiado, ni sus casas blancas

ni sus viejos portones de madera.

Todo está en su lugar; las golondrinas

en la torre más alta de la iglesia;

el caracol en el jardín; y el musgo

en las húmedas manos de las piedras.

No se puede dudar, este es el reino

del cielo azul y de las hojas secas

en donde todo y cada cosa tiene

su singular y plácida leyenda:

hasta en la propia sombra reconozco

la mirada celeste de mi abuela.

Estos fueron los hechos memorables

que presenció mi juventud primera,

el correo en la esquina de la plaza

y la humedad en las murallas viejas.

¡Buena cosa, Dios mío!, nunca sabe

uno apreciar la dicha verdadera,

cuando la imaginamos más lejana

es justamente cuando está más cerca.

Ay de mí, ¡ay de mí!, algo me dice

que la vida no es más que una quimera;

una ilusión, un sueño sin orillas,

una pequeña una nube pasajera.

Vamos por partes, no sé bien qué digo,

la emoción se me sube a la cabeza.

Como ya era la hora del silencio

cuando emprendí mi singular empresa

una tras otra, en oleaje mudo,

al establo volvían las ovejas.

Las saludé personalmente a todas

y cuando estuve frente a la arboleda

que alimenta el oído del viajero

con su inefable música secreta

recordé el mar y enumeré las hojas

en homenaje a mis hermanas muertas.

Perfectamente bien. Seguí mi viaje

como quien de la v ida nada espera.

Pasé frente a la rueda del molino,

me detuve delante de una tienda:

el olor del café siempre es el mismo,

siempre la misma luna en mi cabeza;

entre el río de entonces y el de ahora

no distingo ninguna diferencia.

Lo reconozco bien, éste es el árbol

que mi padre plantó frente a la puerta

(ilustre padre que en sus buenos tiempos

fuera mejor que una ventana abierta).

Yo me atrevo a afirmar que su  conducta

era un trasunto fiel de la Edad Media

cuando el perro dormía dulcemente

bajo el ángulo recto de una estrella.

A estas alturas siento que me envuelve

el delicado olor de las violetas

que mi amorosa madre cultivaba

para curar la tos y la tristeza.

Cuánto tiempo ha pasado desde entonces

no podría decirlo con certeza;

todo está igual, seguramente,

el vino y el ruiseñor encima de la mesa,

mis hermanos menores a esta hora

deben venir de vuelta de la escuela:

¡sólo que el tiempo lo ha borrado todo

como una blanca tempestad de arena!

 

Nicanor Parra

5 de septiembre de 1914

San Fabián de Alico – Chile

 

ÉSTE ES EL TIEMPO EN QUE LLEGAS



ÉSTE ES EL TIEMPO EN QUE LLEGAS

 

Éste es el tiempo en que llegas

Esposo, tan de repente,

que invitas a los que velan

y olvidas a los que duermen.

 

Salen cantando a tu encuentro

doncellas con ramos verdes

y lámparas que guardaron

copioso y claro el aceite. 

 

¡Cómo golpean las necias

las puertas de tu banquete!

¡Y cómo lloran a oscuras

los ojos que no han de verte!

 

Mira que estamos alerta,

Esposo, por si vinieres,

y esta el corazón velando

mientras los ojos se duermen.

 

Danos un puesto a tu mesa.

Amor que a la noche vienes,

antes que la noche acabe

y que la puerta se cierre.

 

Cristina de Arteaga

6 de septiembre de 1902

Zarauz


miércoles, 3 de septiembre de 2025

LOS VEINTE POEMAS - 7

 


LOS VEINTE POEMAS

 

7

Aquí te amo.

En los oscuros pinos se desenreda el viento.

Fosforece la luna sobre las aguas errantes.

Andan días iguales persiguiéndose.

 

Se desciñe la niebla en danzantes figuras.

Una gaviota de plata se descuelga del ocaso.

A veces una vela. Altas, altas estrellas.

O la cruz negra de un barco.

Solo.

A veces amanezco, y hasta mi alma está húmeda.

Suena, resuena el mar lejano.

 

Este es un puerto.

Aquí te amo.

 

Aquí te amo y en vano te oculta el horizonte.

Te estoy amando aún entre estas frías cosas.

A veces van mis besos en esos barcos graves,

que corren por el mar hacia donde no llegan.

Ya me veo olvidado como estas viejas anclas.

Son más tristes los muelles cuando atraca la tarde.

Se fatiga mi vida inútilmente hambrienta.

Amo lo que no tengo. Estás tú tan distante.

Mi hastío forcejea con los lentos crepúsculos.

Pero la noche llega y comienza a cantarme.

La luna hace girar su rodaje de sueño.

 

Me miran con tus ojos las estrellas más grandes.

Y como yo te amo, los pinos en el viento,

quieren cantar tu nombre con sus hojas de alambre.

 

Pablo Neruda

Veinte poemas de amor

Cuadro: "La sorpresa" de Jean Antoine Watteau