Mostrando entradas con la etiqueta Silvina Ocampo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Silvina Ocampo. Mostrar todas las entradas

jueves, 30 de julio de 2026

LAS CARAS

 


LAS CARAS

 

Las caras de los hombres que en mi vida he encontrado

me persiguen y viven adentro de mi espíritu.

Las caras de los hombres que he encontrado en mi vida

me miran y me abruman.

Podría dibujarlas pero nunca me atrevo.

Algunas tienes cuerpos y llevan en las manos

anillos y collares, flores de terciopelo,

algunas son mansiones, son jardines, son ríos,

algunas son un viaje, una playa, un desierto.

Algunas son de mármol, algunas son fenicias,

algunas son romanas, griegas y perniciosas

con los rasgos borrados.

Algunas tienen penas, muchas penas algunas,

y largas cabelleras que lloran en el viento.

Algunas son horribles, casi siempre me advierten

que un peligro me acecha.

Algunas tienen horas marcadas en los ojos

y son como clepsidras,

me despiertan de noche.

Algunas me quisieron

y movieron los labios para decir mi nombre.

Algunas no entendieron nunca lo que les dije

ni supieron por qué las miré largamente.

Algunas son anónimas

llevan frutas y fuentes, manos de terracota,

como las estaciones.

Algunas se arrodillan, buscan algo en la tierra.

Algunas como pájaros siempre estiran el cuello.

Algunas se inclinaron

y escribieron sus nombres sobre mi corazón

sin que yo lo advirtiera.

Algunas fueron mías, algunas se alejaron

y perdieron su sexo, si virtud y su candor;

fueron como la imagen

del infierno en el mundo

que tratamos, en vano, de olvidar.

Algunas fueron deidades

que no olvidaré nunca.

 

Silvina Ocampo

28 de julio de 1903

Buenos Aires – Argentina

martes, 29 de julio de 2025

ENVEJECER

 




ENVEJECER

 

Envejecer también es cruzar untar de humillaciones cada día;

es mirar a la víctima de lejos, con una perspectiva

que en lugar de disminuir los detalles los agranda.

Envejecer es no poder olvidar lo que se olvida.

Envejecer transforma a una víctima en victimario.

 

Siempre pensé que las edades son todas crueles,

y que se compensan o tendrían que compensarse

las unas con las otras. ¿De qué me sirvió pensar de este modo?

Espero una revelación. ¿Por qué será que un árbol

embellece envejeciendo? Y un hombre espera redimirse

sólo con los despojos de la juventud.

 

Nunca pensé que envejecer fuera el más arduo de los ejercicios,

una suerte de acrobacia que es un peligro para el corazón.

Todo disfraz repugna al que lo lleva. La vejez

es un disfraz con aditamentos inútiles.

Si los viejos parecen disfrazados, los niños también.

Esas edades carecen de naturalidad. Nadie acepta

ser viejo porque nade sabe serlo,

como un árbol o como una piedra preciosa.

 

Soñaba con ser vieja para tener tiempo para muchas cosas.

No quería ser joven, porque perdía el tiempo en amar solamente.

Ahora pierdo más tiempo que nunca en amar,

porque todo lo que hago lo hago doblemente.

El tiempo transcurrido nos arrincona; nos parece

que lo que quedó atrás tiene más realidad

para reducir el presente a un interesante precipicio.

 

Silvina Ocampo

28 de julio de 1903

Buenos Aires – Argentina

martes, 30 de julio de 2024

CUANDO PERDIDA VAGO ENTRE SOMBRÍAS...

 


CUANDO PERDIDA VAGO ENTRE SOMBRÍAS…

 

 

Cuando perdida vago entre sombrías

piedras sin luz y sin admiración

llego arrepentida a tu mansión,

a tus secretas y hondas galerías

 

donde me espera lo que me ofrecías.

Allí encuentro tu luz y tu pasión,

allí comprendo sin superstición

que me llenas de dicha y de agonías.

 

Quien no me sigue allí me perderá…

Quien no me busca allí no arrancará,

una sola respuesta de mis labios.

 

En tus rosales de oro, está el futuro,

lo que veneraré, lo que es más puro

porque tus pensamientos son los sabios.

 

Silvina Ocampo

28 de julio 1903

Buenos Aires – Argentina

domingo, 7 de abril de 2024

AL RENCOR

 

 


AL RENCOR

 

No vengas, te conjuro, con tus piedras;

con tu vetusto horror con tu consejo;

con tu escudo brillante con tu espejo;

con tu verdor insólito de hiedras.

 

En aquel árbol la torcaza es mía;

no cubras con tus gritos su canción;

me conmueve, me llega al corazón,

repudia el mármol de tu mano fría.

 

Te reconozco siempre. No, no vengas.

Prometí no mirar tu aviesa cara

cada vez que lloré sola en tu avara

desolación. Y si de mí te vengas,

que épica sea al menos tu venganza

y no cobarde, oscura, impenitente,

agazapada en cada sombra ausente,

fingiendo que jamás hiere tu lanza.

 

Entre rosas, jazmines que envenenas,

¿por qué no te ultimé yo en mi otra vida?

Haz brotar sangre al menos de mi herida,

que estoy cansada de morir apenas.

 

Ocampo, Silvina

28 de julio de 1903

Buenos Aires (Argentina)

 

 

jueves, 6 de abril de 2023

LA LLAVE MAESTRA

 

LA LLAVE MAESTRA

 

 

La luz de su cuarto me habla de él cuando no está,

me acompaña cuando tengo miedo,

y siempre tengo miedo porque soy valiente;

oye su paso sobre los mosaicos de la entrada

va a su encuentro cuando abre la puerta lentamente

cuando lo espero, y siempre lo espero;

lo mismo es para la luz eléctrica que para la luz del sol,

lo mismo para el sol que la luna o la estrella.

Un tapiz forma la luz complicada

es la vida y siempre la vida.

Si me quedara ciega la vería con mis patas

o tal vez con mi frente cuando llega.

El tapiz no lo forma la luz sino su llegada, el sonido

que cambia de oscuro en claro.

El tablero de la luz tiene varias llaves

pero una gobierna el resto:

se llama la llave maestra.

Del mismo modo el tablero de mi luz

tiene una sola llave que gobierna las otras

la llave que está en sus manos.

Apagaría todas las luces si quisiera

pero yo cierro los ojos para no ver

la oscuridad que podría ser

luz para no herirlo.

 

Silvina Ocampo

28 de julio de 1903

Buenos Aires (Argentina)