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sábado, 24 de enero de 2026

ESPIGA SIN GRANAR

 


ESPIGA SIN GRANAR

 

Nunca me acerco tanto a ser mujer

como cuando abandono mis palabras,

repliego el abanico

tras el que ensayo risas de gioconda,

desciendo del tinglado de mis gestos

por peldaños estrechos y gastados

y me quito en silencio, a oscuras,

los adornos.

 

Alguien está conmigo a quien no veo,

que me recoge el alma como un traje arrugado

y me la va subiendo de los pies a los hombros:

la mujer que seré.

 

No alcanzo todavía a mirar cara a cara

a esa mujer secreta, que apenas si aletea

cuando deja de oírme trajinar

y avizora en la gruta del silencio

inexorables sendas

que algún día tendré que recorrer

y que ella ya conoce, recorre y selecciona

con su dedo de aire

entre la red tupida de señales

de un mapa estrafalario.

Nunca veré sus ojos de sibila.

Ahora porque no llego a ellos, de tan altos,

de tan imprevisibles,

y un día –no sé cuándo—porque serán los míos

--¡qué curioso pensarlo!--,

sustituirán el brillo mendaz de los espejos

y abarcarán muy serios,

bajo un toldo de sombra

--¿por qué pienso tan seria a esa mujer?—

la figura lejana e irisada

de aquella adolescente

que soñaba una vez con conocerla

y le mandaba a ciegas

mensajes como este que ahora escribo.

Dime dónde estarás cuando lo leas,

mujer de la mirada indescifrable,

dónde estaremos cuando lo leamos,

qué habrá sido de mi dentro de ti.

 

Escondo la cabeza entre los brazos

y contengo el aliento.

 

“Espera –espera—espera”,

canta el viento azotando mi guarida

y apagando la llama

del último candil.

Y la palabra espera es un camino

serpenteando incógnito

entre rachas de bruma.

 

Carmen Martín Gaite

domingo, 7 de diciembre de 2025

DESCARRILAMIENTO

 


DESCARRILAMIENTO

 

Nos hemos despertado,

la máquina hecha añicos,

disparados miles de kilómetros,

con este malestar de madrugada

en un campo sin árboles

entre pavesas frías,

magullados los huesos

y seco el paladar.

 

¿Cómo pudo ocurrir el descarrilamiento?

Ahora mismo, hace un rato,

ya no se si te acuerdas,

íbamos por el campo

en un tren rojo

de pitidos triunfales

y el aire se metía por todas las ventanas.

 

Ahora mismo, hace un rato,

deja que te lo cuente,

tuvimos en las manos

palancas, manivelas y clavijas

de una locomotora que inventábamos

casi sin darnos cuenta.

Éramos fogoneros, viajeros, revisores

en aquel gran tinglado fulminante

solamente habitado por nosotros.

 

“¿Te parece –te dije— a doscientos por hora?”

Y tú manipulabas allí gesticulando

a la luz de las chispas que nacían.

 

Nos hemos despertado

entre pavesas frías,

magullados los huesos

y seco el paladar

en un paisaje inhóspito.

 

¿Cómo pudo ocurrir el descarrilamiento?

 

Carmen Martín Gaite

 

jueves, 27 de noviembre de 2025

BASTA

 


BASTA

 

Para guardar silencio,

vaciarse de afanes e intenciones,

de avisos y designios,

para dejar, por fin,

de incidir con el nuestro

en el rumbo de otros,

para no interferir su libertad,

nada sirve quererlo,

ni decidir aquello o lo contrario,

o una mezcla amañada de determinaciones.

 

Determinar, querer y decidir

son gesto sobre gesto,

violencia y compulsión,

ademanes ambiguos

en el viejo tinglado giratorio.

 

Sólo cerrar los ojos bastaría,

contener el respiro y la memoria,

las manos sobre el pecho,

decir “me apago aquí”,

y no rebullir más

ya para nadie.

 

Carmen Martín Gaite