jueves, 30 de abril de 2026

A LA ESPERA DE LA OSCURIDAD



A LA ESPERA DE LA OSCURIDAD

 

Ese instante que no se olvida

tan vacío devuelto por las sombras

tan vacío rechazado por los relojes

ese pobre instante adoptado por mi ternura

desnudo desnudo de sangre de alas

sin ojos para recordar angustias de antaño

sin labios para recoger el zumo de las violencias

pedidas en el canto de los helados campanarios.

 

Ampáralo niña ciega de alma

ponle tus cabellos escarchados por el fuego

abrázalo pequeña estatua de terror.

Señálale el mundo convulsionado a tus pies

A tus pies donde mueren las golondrinas

Tiritantes de pavor frente al futuro

Dile que los suspiros del mar

Humedecen las únicas palabras

por las que vale vivir.

 

Pero ese instante sudoroso de nada

acurrucado en la cueva del destino

sin manos para decir nunca

sin manos para regalar mariposas

a los niños muertos.

 

Alejandra Pizarnik

29 de abril de 1936

Avellaneda – Argentina


EL VIEJO

 


EL VIEJO

 

En una esquina del café sonoro de murmullos confusos

un anciano sentado se inclina sobre la mesa,

leyendo un periódico, sin compañía.

 

Y en el ocaso de su miserable senectud

piensa cuán poco gozó en los años

cuando tuvo la fuerza y el verbo y la belleza.

 

Sabe que está muy viejo, y lo siente, y lo ve.

 

Y, sin embargo, le parece que la juventud

fue ayer. ¡Corto intervalo, corto!

 

Y piensa en qué forma lo embaucó la prudencia,

cómo de ella se fió y qué locura

cuando la engañadora le decía: “Mañana.

Tienes todo tu tiempo”.

 

Se acuerda de los impulso que detuvo y cuántas

delicias sacrificó. Ocasiones perdidas

que burla ahora su prudencia insensata.

 

…A fuerza de rumiar pensamientos y recuerdos

el vértigo lo invade. Y se duerme

inclinado sobre la mesa del café.  

 

Constantino Kavafis

29 de abril de 1863

Alejandría – Egipto  

martes, 28 de abril de 2026

LOS EXTRAÑOS RETRATOS

 


LOS EXTRAÑOS RETRATOS

 

Ahora que estamos solos,

infancia mía,

hablemos,

 

olvidando un momento

los extraños retratos

que nos hicieron.

 

Hablemos de lo que tú y yo,

por no tener ya nada,

sabemos.

 

Que esa solitaria noche mía

no ha tenido gracia

del comienzo,

 

y entré en la danza oscura de mi estirpe

como un joven tristísimo

en un lienzo.

 

Mi imagen sucesiva no me habita

sino como un oscuro

remordimiento,

 

sin poder distinguir siquiera

qué de mi pan o de mi vino

invento.

 

En el oscuro cuarto en que levanto

la mano con un gesto

polvoriento,

 

donde no puedo entrar, allí me miras

con tu traje y tu terco

fundamento,

 

y no sé si me llamas o qué quieres

en este mutuo, extraño

desencuentro.

 

Y a veces me parece que me pides

para que yo te saque

del silencio,

 

me buscas en los árboles de oro

y en el perdido parque

del recuerdo,

 

y a veces me parece que te busco

a tu tranquila fuerza

y tu sombrero,

 

para que tú me enseñes el camino

de mi perdido nombre

verdadero.

 

De tu estrella distante, aparecida,

no quiero más la luz tan triste

sino el Cuerpo.

 

Ahonda en mí. Encuéntrame.

Y que tu pan sea del día

nuestro.

 

Fina García Marruz

28 de abril de 1923

La Habana – Cuba

 

ODA A UNA EXTRAÑA MUCHACHA

 


 ODA A UNA EXTRAÑA MUCHACHA

 

No huyas bajo álamos inmantenida

No asumas en el aire tu incendio engacelado

No olvides o no huyas del imán de mi cuerpo

Hay un país que baja de tu voz somniforme

Hay un brillo de espadas en tus ojos topacios.

 

No sabes que te quiero mucho

que dentro de mi imberbe corazón te has movido

rápida voz extraña de muchacha rapaz

líquenes de esperanza navegan por tu manto

Has abierto una ropa con silueta de loto

No sabes que te adoro con inocentes señas.

 

Responde común luz o escúchame mujer

dentro de mis espejos de belleza y deseo

Te has dormido inaudita sobre mi espalda muda

dulce dulcísima cara de criatura

y de sutiles pasos navegante.

 

Te quiero pero no huyas

No quites el tiempo de tu rodilla

No te turbes en lecho de infinito relumbre

Habla debes venir a decirme en qué piensas

 

La mujer se evapora con los labios cerrados

La mujer cuando ama es un vuelo en un sueño

No dejes en mis manos el gamo de tu sombra

Ama como era antaño la fuente de tus penas.

 

Carlos Edmundo de Ory

27 de abril de 1923

Cádiz

lunes, 27 de abril de 2026

UN DÍA, CON EL ALBA, VOLVÍA SOLITARIO...

 


UN DÍA, CON EL ALBA, VOLVÍA SOLITARIO…

 

Un día, con el alba, volvía solitario

de mis cosas de hombre puedo ser hace tiempo.

La claridad nacía del fondo de las calles

como la pena nace del fondo de una copa.

 

Siempre se vuelve solo. No sé por qué las calles

parecen ten vacías cuando el amor termina.

A través de las puertas cerradas, se sentía

vagar los esposos por la humedad del sueño.

 

Nunca pude entenderlo. Nos subimos a un cuerpo

como se sube un niño a la rama más alta.

De pronto, bajo el cielo, el cuerpo, que era todo,

se nos va consumiendo debajo del abrazo.

 

De pronto comprobamos que nos falla la tierra,

que por algún resquicio la vida se derrama.

La plenitud redonda que llegó por el tacto,

por ese mismo tacto regresa y se disipa.

Por campos y tejadas resbalaban los cinco.

Muy cerca, un jazminero debía estar despierto.

Yo volvía cansado, como vuelven los hombres

que han donado su parte para el dolor del mundo.

 

La desnudez de un brazo. Un cuello interminable.

Dos piernas que se alejan buscando una salida.

Una cintura firme donde apoyar las manos

como cuando se vuelca el peso en el arado.

 

Nunca pude entenderlo. Las miradas se enfrentan

como vueltos espejos que en sí mismos acaban.

Delante de los ojos hay láminas opacas

tras las que cada amante disfraza su egoísmo.

 

Ella estuvo muy cerca, aquella vez, de darme

algo que con el tiempo tal vez fuera un recuerdo.

Desde aquí la contemplo, pero no tiene rostro.

No sería más triste si no hubiera existido.

 

Nos tiramos a un cuerpo como al mar, y aprendemos

que el amor, como el agua, no opone resistencia.

Bien poco es lo que queda después, si la ternura

no inventa sus razones para seguir viviendo.

 

Penetramos espacios que no nos pertenecen.

La carne, como el humo, se aleja si se toca.

Hoy ya no me pregunto la razón, y me entrego,

y acepto, y disimulo; pero sé que es chantaje.

 

Aquel día empezaba como todos los días;

porque todos los días empiezan y no acaban,

el alba suavizaba los últimos aleros

y la luz preparaba su primer estallido.

 

Siempre se vuelve solo del amor. Como entonces.

Porque el hombre limita con su piel, y los sueños

sólo cuentan, no siempre, cuando un pecho, entrevisto,

nos revela de pronto nuestra gran desventura.

 

Rafael Guillén

27 de abril de 1933

Granada

 

domingo, 26 de abril de 2026

DESPUÉS DEL AMOR

 


DESPUÉS DEL AMOR

 

Tendida tú aquí, en la penumbra del cuarto,

como el silencio que queda después del amor,

yo asciendo levemente desde el fondo de mi reposo

hasta tus bordes, tenues, apagados, que dulces existen.

Y con mi mano repaso las lindes delicadas de tu vivir

retraído.

Y siento la musical, callada verdad de tu cuerpo, que hace

un instante, en desorden, como lumbre cantaba.

El reposo consiente a la masa que perdió por el amor su

forma continua,

para despegar hacia arriba con la voraz irregularidad de

la llama,

convertirse otra vez en el cuerpo veraz en sus límites se rehace.

 

Tocando esos bordes, sedosos, indemnes, tibios,

delicadamente desnudos,

se sabe que la amada persiste en su vida.

Momentánea destrucción el amor, combustión que

amenaza

al puro ser que amamos, al que nuestro fuego vulnera,

sólo cuando desprendidos de sus lumbres deshechas

la miramos, reconocemos perfecta, cuajada, reciente la

vida,

la silenciosa y cálida vida que desde su dulce exterioridad

nos llamaba.

He aquí el perfecto baso del amor que, colmado,

opulento de su sangre serena, dorado reluce.  

He aquí los senos, el vientre, su redondo muslo, su acabado

pie,

y arriba los hombros, el cuello de suave pluma reciente,

la mejilla no quemada, no ardida, cándida en su rosa

nacido,

y la frente donde habita el pensamiento diario de nuestro

amor, que allí lúcido vela.

En medio, sellando el rostro nítido que la tarde amarilla

caldea sin celo,

está la boca fina, rasgada, pura en las luces.

Oh temerosa llave del recinto del fuego.

Rozo tu delicada piel con estos dedos que temen y saben,

mientras pongo mi boca sobre tu cabellera apagada.   

 

Vicente Aleixandre

26 de abril de 1898

Sevilla

sábado, 25 de abril de 2026

CUANDO EL AMOR



CUANDO EL AMOR

 

Cuando el amor es gesto del amor y queda

vacío un signo solo.

Cuando está el leño en el hogar,

mas no la llama viva.

Cuando es el rito más que el hombre.

Cuando acaso empezamos

a repetir palabras que no pueden

conjurar lo perdido.

Cuando tú y yo estamos frente a frente

y una extensión desierta nos separa.

Cuando la noche cae.

Cuando nos damos

desesperadamente a la esperanza

de que solo el amor

abra tus labios a la luz del día.

 

José Ángel Valente

25 de abril de 1929

Ourense


viernes, 24 de abril de 2026

Y NO OBSTANTE EL AMOR POR SER AMOR



Y NO OBSTANTE EL AMOR POR SER AMOR

 

Y no obstante el amor por ser amor

es bello. Igual llamea reluciente

un gran templo y la hierba. El mismo fuego

arde quemando el cedro y la cizaña.

 

Y el amor es un fuego; y cuando digo

te quiero, oh Dios, te quiero, ante tus ojos

me transfiguro en esplendor y siento

mi cara centelleante que deslumbra.

 

En el amor no puede haber ruindad

aunque amen los más ruines de los seres,

que cuando aman a Dios Él los acepta.

 

Y en la apariencia ruin de lo que soy

refulge el sentimiento y purifica

por ser fruto de amor lo que es de carne.

 

Elisabeth Barrett Brouning

6 de marzo de 1806

Coxhoe – Reino Unido

 


jueves, 23 de abril de 2026

CUANDO, INFELIZ, POSTRADO POR EL HOMBRE Y LA SUERTE...

 


 CUANDO, INFELIZ, POSTRADO POR EL HOMBRE Y LA SUERTE…

 

Cuando, infeliz, postrado por el hombre y la suerte,

en mi triste destierro lloro a solas conmigo,

y agito al sordo cielo mi grito vano y fuerte,

y, volviendo a mirarme, mi destino maldigo,

 

y sueño ser como otro más rico en esperanza,

tener su mismo aspecto, gozar sus compañías,

y envidio el arte de éste, del otro la pujanza,

hastiado aún de aquello que me daba alegrías;

 

si en estos pensamientos mi desprecio me espanta,

pienso en ti felizmente, y entonces mi consuelo

como una alondra a orillas del día se levanta

del mundo oscuro, y canta a las puertas del cielo.

 

Tal riqueza me ofreces, dulce amor recordado,

que desdeño cambiar con los reyes mi estado.

 

William Shakespeare

26 de abril de 1564

Warwickshire - Inglaterra 


miércoles, 22 de abril de 2026

ROMANCE AMOROSO

 




ROMANCE AMOROSO

 

A lágrimas y a silencios

reducida, Elisio, el alma,

modo le falta a la queja,

de referirse mis ansias.

 

No tiene la voz acento,

no encuentra el labio palabras;

toda la pena lo oprime,

todo el dolor lo embaraza.

 

La causa, ¡ay de mí!, es tan triste,

es tan fuerte la desgracia,

que no mata padecida

porque mate imaginada.

 

Los suspiros desde el pecho

tiernísimamente exhalan

fuego, que a los ojos míos

comunica en vivas llamas.

 

Estos de mis sentimientos

verás y extremos declaran;

atiende, Elisio, a mis ojos,

pregúntales lo que pasa.

 

 Mas el corazón te envían,

no saben decirte nada;

no es mucho que aquesta vez

le falten lenguas al agua.

 

Mi afecto, amigo, te explique

la desdicha más extraña,

que si ha de volver al pecho

no importa del pecho salga.

 

No para buscarme alivios,

para negociarme lástimas

dispensa mi mal conmigo;

que en razones mal formadas

 

yo propio, ¡Ay, cielo! Te informe;

valor y aliento me falta,

que expiró, ¡terrible lance!,

la generalmente amada.     

 

Feliciana Enriquez de Guzmán

1569 – 1644

Sevilla

martes, 21 de abril de 2026

SOY COMO SOY

 

 


SOY COMO SOY

 

Soy como soy,

así me hicieron.

Cuando me río,

me río a carcajadas.

Amo al que me ama

y es problema mío

si no amo siempre al mismo.

Soy como soy,

me hicieron así:

¿qué más quieren ustedes

qué más quieren de mí?

 

Me hicieron para gustar

y no ha nada que hacer:

uso los tacos demasiado altos

y mi cintura es demasiado arqueada,

tengo los pechos demasiado duros

¿Qué le vamos a hacer?

Soy como soy,

le gusto a quien le gusto,

¿qué le vamos a hacer?

Sí, a mí me pasó:

me enamoré de alguien

y ese alguien me amó,

como aman los chicos,

que aman y ya está:

que aman y ya está.

¿Para qué cuestionarme

si estoy para gustarles

y no hay nada que hacer?

 

Jacques Prèvert

Cuadro de Camille Pissarro 

 

lunes, 20 de abril de 2026

CANCIÓN AMOROSA



CANCIÓN AMOROSA

 

Cansados ojos míos,

ayudadme a llorar el mal que siento,

hechos corrientes ríos

daréis algún alivio a mi tormento

que tanto me atormenta.

Llora el perdido gusto

que ya tuvo otro tiempo el alma mía,

y el eterno disgusto

en que vive muriendo noche y día;

que estando mi alegría

de vosotros ausente,

es justo que lloréis eternamente.

¡Que viva yo pensando

por quien tanto de amarme se desdeña!;

que cuando estoy llorando

haga tierna señal la dura peña,

y que a su zahareña

condición no la mueven

las tiernas lluvias que mis ojos llueven!

¡Sombras que en noche oscura

habitáis de la tierra el hondo centro,

decidme ¿por ventura

iguala con mi mal el de allá dentro?

Mas ¡ay! que nunca encuentro

ni aún en el mismo infierno

tormento igual a mi tormento eterno.

¿Cuándo tendrá, alma mía,

la tenebrosa noche su ausencia

saldrá el alegre sol de tu presencia?

Mas ¿Quién tendrá paciencia?

Que es la esperanza amarga

cuando el mal es prolijo y ella es larga.

¡Oh tu, sagrado Apolo,

que del alegre oriente al triste ocaso,

el uno y el otro polo

del cielo vas midiendo paso a paso,

¿has descubierto acaso

desde tu sacra cumbre

el hemisferio a quien mi sol da lumbre?

Diráste, si lo esconde

en sus dichosas faldas el aurora,

lo mal que corresponde

a aquesta alma cautiva, que le adora;

y como siempre mora

dentro el pecho mío,

tan abrasado cuando el frío es frío.

Infierno de mis penas,

fiero verdugo de mis tiernos años,

que con fuertes cadenas

tienes el alma presa en tus engaños,

donde los desengaños,

aunque se ven tan ciertos

cuando llegan al alma llegan muertos.

Yo viviré sin verte

penando, si tú gustas que así viva,

o me daré la muerte,

si muerte pide tu piedad esquiva;

bien puedes esa altiva

frente ceñir de gloria

que amor te ofrece cierta la victoria.

Tuyos son mis despojos

adorna las paredes de tu templo;

que tus divinos ojos

vencedores del mundo los contemplo;

ellos serán ejemplo

de ingratitud eterna,

¡Ay ojos, quién os viera!

Que no hubiera pasión tan inhumana

que no se suspendiera

con vista tan divina y soberana.

Quedara tan ufana,

que el pensamiento mío

cobrara nuevas fuerzas, nuevo brío.

Si amor, que me transforma,

quitándome el pesado y triste velo,

me diera nueva forma,

volara, cual espíritu, a mi cielo,

y no abatiera el vuelo,

que yo rompiera entonces

de cualquier imposible duros bronces.

No estuviera seguro

el monte más excelso y levantado,

ni el más soberbio muro,

de ser por mis ardides escalado,

y a despecho del hado,

descendiera, por verte,

al reino oscuro de la oscura muere.

Mil veces imagino

gozando tu presencia, en dulce gloria,

y con gozo divino

renueva el alma su pasada historia;

que con esa memoria

se engaña el pensamiento,

y en parte se suspende el mal que siento.

Mas como luego veo

que es falsa imagen, que cual sombra huye,

aumentase el deseo,

y ansias mortales en mi pecho influye,

con que el vivir destruye:

que amor en mil maneras

me da burlando el bien, y el mal de veras.

Canción, de aquí no pases,

cese tu triste canto;

que se deshace el alma en triste llanto.

 

Cristobalina Fernández de Alarcón

1576 – 1646

Antequera (Málaga)


domingo, 19 de abril de 2026

BAILE DE MÁSCARAS

 


BAILE DE MÁSCARAS

 

Los fantasmas del rumor sueñan con sangre de verbos,

sus cadenas acompañan la melodía de los cuerpos

y atados al viento de las máscaras bailan los paréntesis vacíos.

 

Los fantasmas del temor preñan el vértigo inesperado

del anochecer declamando al piano del amanecer,

los pentagramas sencillos en los huesos del pasado.

 

Los fantasmas del humor madrugan sus espaldas

con besos y caricias en ciudades sin palaciegos

con la virtuosa sombra que yace oculta de pasión.

 

Los fantasmas del clamor no gastan riquezas extrañas

ni los vicios propios usan monedas en su incesante rodar.

Son invisibles como la mirada de una mujer

en los párpados ciegos del hombre dormido.

Viven inhóspitos, sueñan en las tabernas del camino

y pasean sus eslabones de pública subasta

llenando la chistera con la magia de flores silvestres.

 

Los fantasmas del amor frente al espejo desnudan

el pecho cantando lo inolvidable

y después sonríen la blanca tersura del papiro

dejando su rastro bajo la almohada del tiempo.

 

Encontraréis fantasmas burlando la frontera de la razón,

bailando con máscaras y haciendo el amor con palabras.

 

Carlos Fernández del Ganso

17 de abril de 1958

Madrid

Cuadro de Carlos Fernández del Ganso 

ROMANCE AL BUEN EMPLEO DEL TIEMPO


 

 

¡Oh cuánto pierde quien pierde

el preciosísimo tiempo!

¡Oh cuánto gana quien gana

sus instantes y momentos!

 

Toda la plata y el oro

y diamantes de más precio

no valen lo que un instante

que se gasta para el cielo.

 

¡Oh tiempo, riqueza suma

a quien te estima! Yo creo

que ni un solo respirar

no le exhale sin provecho.  

 

¡Oh infelicísima vida

la que he gastado sin miedo

de la cuenta que he de dar

del instante más pequeño!

 

Las coronas y las mitras,

y aun las tiaras, es cierto

que son la misma desgracia

si desperdician el tiempo.

 

¡Oh si licencia les dieran

a los que gastaron, necios,

el tiempo, sin granjear

que volviesen a sus cuerpos!

 

Con provechosa codicia,

divinamente avarientos,

guardarían los instantes

como antes los dineros.

 

Para adquirir y ganar

vivimos este destierro,

y nuestros censos y juros

son los espacios del tiempo.

 

Depende una eternidad

de solo un instante incierto:

¿Pues cómo se pasa instante

sin dar pasos a coeterno?

 

¡Oh si me diesen a mí

tiempo en que llorar el tiempo

que tan sin cuenta he gastado

todo lo mejor del tiempo!

 

De mi tiempo mal gastado,

Dios mío, a aquel tiempo apelo

que dispuso tu piedad

el que yo llegase a tiempo.

 

A sus vanas alegrías

llama el malo pasatiempos,

y tiempos que así se pasan

traerán tristeza a su tiempo.

 

¡Oh si todos entendiesen

el que no es ahora tiempo

de gozar! Que al padecer

sea dedicado este tiempo.

 

Sor Marcela de San Félix

8 de marzo de 1605

Toledo