POEMA DE LA
SOLEDAD
Sí, tu
niñez ya fábula de fuentes.
El tren y
la mujer que llena el cielo,
tu
soledad esquiva en los hoteles
y tu
máscara pura de otro signo.
Es la
niñez del mar y tu silencio
donde los
sabios vidrios se quebraban,
es tu
yerta ignorancia donde estuvo
mi torso
limitado por el fuego.
Norma de
amor te di, hombre de Apolo,
llano con
ruiseñor enajenado,
pero,
pasto de ruina, te afilabas
para los
breves sueños indecisos.
Pensamiento
de enfrente, luz de ayer,
índices y
señales del acaso.
Tu cintura
de arena sin sosiego
atiende sólo
rastros que no escalan,
pero yo he
de buscar por los rincones
tu alma tibia
sin ti que no te entiende,
con el dolor
de Apolo detenido
con que he
roto la máscara que llevas.
Allí, león,
allí, furia del cielo,
te dejaré
pacer en mis mejillas;
allí, caballo
azul de mi locura,
pulso de nebulosa
y minutero,
he de buscar
las piedras de alacranes
y los vestidos
de tu madre niña,
llanto de
media noche y paño roto
que quitó
luna de la sien del muerto.
Sí, tu niñez
ya fábula de fuentes.
Alma extraña
de mi hueco de venas,
te he de buscar
pequeña y sin raíces,
¡Amor de siempre,
amor, amor de nunca!
¡Oh, sí! Yo
quiero. ¡Amor, amor! Dejadme.
No me tapen
la boca los que buscan
espigas de
Saturno por la nieve
o castran
animales por un cielo,
clínica y
selva de la anatomía.
Amor, amor,
amor. Niñez del mar.
Tu alma tibia
sin ti que no te entiende.
Amor, amor,
un vuelo de la corza
por el pecho
sin fin de la blancura.
Y tu niñez,
amor, y tu niñez.
El tren y
la mujer que llena el cielo.
Ni tú, ni
yo, ni el aire, ni las hojas.
Sí, tu niñez
ya fábula de fuentes.
Federico
García Lorca
5 de
junio de 1898
Fuente
Vaqueros (Granada)
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