ANTEPASADOS HUÉSPEDES
Todos los caminos
han conducido a mí.
El idilio de las
abuelas
y las lluvias sobre
los estanques
en las lejanas
mañanas perezosas.
Las indiferentes ruecas
de pasadas primaveras
marchitas
y el viento entre
colinas
golpeando el
atardecer.
Las anchas fauces
olvidadas
exhaustas ya de
tierra madre
desorbitadas total
exangües de silencio
y espera.
Aquel que preguntó
el otro que no fue
bien amado
ese que rudamente
habló a Dios
y todos estos que en
legión
más cercana y antigua
sorbieron la humilde gota misteriosa
que nos es ofrecida
por incumplidos
cauces de promesa y de sangre.
Estás allí
atónitos huéspedes
de cada primavera
en desvanecimiento
convertidos ya
absorbidos en el puro
eco
sin respuesta de mis
manos
contemplando el mundo
y los enamorados de
abril.
¡Ah hermanos…
hermanos míos en la
muerte…!
Sagrados emigrantes
hacia la orilla de los Cielos
sobre mi corazón
resbaláis hondamente
como los ciervos
moribundos al caer en la nieve.
Millones de días como
éste
sin sentido reposan
en ceniza
y mis sueños sonríen
quedamente
deslizados por
vuestros ríos secos.
Los pinceles del sol
han esponjado tierra
y de vuestra savia
una sabiduría extraña
su zumo ha cimentado
para nuevas mañanas
con cuello de muchacha
y flores de gacela.
Habéis conducido a mí…
mas yo soy el que
canta
yo sólo… sí… yo sólo…
que contengo un otoño
bajo mis suelas rotas
de vagabundo dios de
las bodegas.
Han desaparecido las
nubes
y diviso las primeras
estrellas
de los rojos
equinoccios de marzo.
Miguel Labordeta
16 de julio de 1921
Zaragoza

No hay comentarios:
Publicar un comentario
poesia