EN EL CRISTAL DE TU DIVINA
MANO
En el cristal de tu
divina mano
de Amor bebí el dulcísimo
veneno,
néctar ardiente que
me abrasa el seno,
y templar con la
ausencia pensé en vano;
tal, Claudia bella,
del rapaz tirano
es arpón de oro tu
mirar sereno,
que cuanto más
ausente del, más peno
de sus golpes el
pecho menos sano.
Tus cadenas al pie,
lloro al ruido
de un eslabón y otro
mi destierro,
más desviado, pero más
perdido.
¿Cuándo será aquel día
aquel por yerro,
oh serafín, desates,
bien nacido,
con manos de cristal
nudos de hierro?
Luis de Góngora
11 de julio de 1561
Córdoba

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