MANERA EN QUE DESCUBRÍ LAS
DOS CLASES DE MUERTE
De pequeña yo tenía
conejos y me gustaban tanto
que en todo el día no
me despegaba de ellos.
Los miraba sin cesar
pero jamás se me ocurrió
que eran unos
animales que comían y así fue
como murieron, yo no
podía comprender por qué
había sucedido siendo
que ello sabían que
yo los quería, para mí
sólo existía un tipo
de muerte y era la de
pena o tristeza.
Después, un tío me
preguntó qué les daba de
comer a los conejos y
yo lo hallé rarísimo.
Le dije que no les
daba nada, preguntaron a
los grandes y todos
contestaron que siendo
míos los animalitos
era de suponer que yo los
alimentaba, gran
conmoción por la muerte de los conejos.
Todos consideraron
que yo era tonta y desnaturalizada.
A mí no me importó,
pero pensé
que de ahora en
adelante le daría comida a
todas las cosas que
me gustaran porque quería
decir que había dos
clases de muerte: la de
hambre y la de pena.
Cecilia Vicuña
1948
Santiago de Chile
(Chile)

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