DESTIERRO
Es la
noche sin fin, la desvelada
noche,
que con sus filos de cuchilla
implacable
recorta en amarilla
muerte,
nuestra silueta enajenada.
Vivir,
cuando vivir no vale nada,
equivale
a sembrar, con la semilla
infecunda,
el dolor, que tanto humilla;
de una
existencia rota y postergada.
Y el
insomnio repite inexorable
el paso
de la vida irrevocable,
que, sin
dejarse de sentir, se aleja.
¿Dónde
nos llevará, tan sin camino,
tan
juguete irrisorio del destino,
nuestra
razón destartalada y vieja?
Juan José
Domenchina
18 de
mayo de 1898
Madrid

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