miércoles, 15 de julio de 2026

ESTA MEMORIA...

 


ESTA MEMORIA…

 

Esta memoria

que se cierne como los gorriones

en la rama más alta de mí misma,

este escuchar la noche

cuando hace sombra y el perfume

persiste en su influencia,

esas costumbres tuyas

en la casa,

húmeda del ensueño y la porfía.

 

La casa donde amabas tu inocencia

sigue guardando

esos primores de ceniza,

sigue con tu respiración flotando. A cuestas

trae los fantasmas pensativos:

está mi padre

rodando entre las cosas

(quería decirme: ¡hija,

al fin nos conocimos!...)

Y han vuelto algunos pétalos

que de un botón remoto habían caído.

Ha vuelto todo el tiempo

que borramos,

en este instante en que repito tu nombre

y sin embargo no es latido.

Telarañas me enseñan donde tengo

olvidada la nuca.

Está sin sábanas el lecho,

en un sillón florece el frío.

¿Cuál es el mago que te trae ahora

y te pone a bruñirme las ojeras,

cuál es el rico

que me da tu cuerpo?

Ya no es posible hallarte en remolinos,

la sorpresa sería

comerte con los ojos.

 

La casa,

la casa enorme con soledades y heliotropos,

lúgubre, vacía,

la casa centenaria sigue goteando

sobre mis heridas.

 

Arrancaré el azogue de todos sus espejos

buscándote.

Arrancaré las cenefas, los umbrales,

buscándote.

Arrancaré los muebles, los mosaicos,

el sol,

la selva que en el patio ha dado un solo paso,

mi insomnio de leona enternecida;

arrancaré el recuerdo

buscándote,

y he de encajar de nuevo en tus costillas.

 

Arrancaré los rincones de la casa,

la casa,

la casa donde nos podrimos.

Ha de quedar algún pedazo tuyo entre raíces,

alguna vibración de tus entrañas,

algún cabello que cayó de pronto

y luego fue un hilo de agonía,

el dejo tu voz entre las horas:

ha de quedar el giro de tu mano, al fin, llamando:

algo espantoso y bello.

Y yo sabré quien eres,

yo te reconoceré

de rodillas ante el grifo del agua,

yo te reconoceré

aunque sea por el gusto del fango;

y te daré por muerto entonces,

devastado este reino;

pero tranquila,

en orden,

porque tendré el consuelo

de imaginarte de los hombres.

 

Carilda Oliver Labra

6 de julio de 1922

Matanzas – Cuba

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