LA PUERTA
Golpeo
ahora
-y nadie dentro-
con los
nudillos
hasta
hacerme sangre
-y nadie
dentro-
en estas
puertas donde sé
-¡con qué
certeza!-
que estuvo
la ternura,
que
estuviste tú, amor,
zaguán de
sombra, renovada lumbre,
con el
vestido aquel de cada día,
distinto
siempre,
y suave,
entero, con la luz tejido.
Nada me
importa que ese árbol,
que ahora
se muestra en una frontera
inalcanzable,
no
tuviera ese sabor que hoy siento,
añoro.
Lo que yo
busco, vive
porque
esta en mi deseo,
y ese
deseo sé que es mío, tanto
como lo
perdí,
que no me
pertenece,
que no
puede esperar el desterrado.
Golpeo, y
no contestan las cosas.
Y estaban.
Aquí estábais, labios,
días,
miedos y posesiones
fugaces,
y extremadas razones, presas
de la
inquietud.
Abra
quien
abra,
responda
quien responda,
sé que
nunca será aquella voz,
aquella
la acogida
por donde
todo el día me anegaba
triunfando.
Sé que
otra mano tomará aquel pomo
de la
puerta, otra voz
-que yo
querré encontrar en la memoria-
dirá: “Pasa
aunque es tarde…”
Y entraré
en la penumbra
-¿no dije
antes que en la luz?-
doblando
un poco el cuerpo
para que
no se rompa del todo
la
estrecha división de lo esperado
tanto
tiempo.
Abra
quien
abra,
pecho mío,
ciego de incertidumbre,
sabio y
caliente del refugio probado,
te
precipitarás, porque la noche, fuera,
o el
cegador día del que ahora vienes,
te habrán
herido entre las ruinas
de la
ciudadela abandonada.
Abra
quien
abra,
golpeo
porque el brazo
tiene ya
la costumbre mendicante
que le ya
dado el amor.
los
herrajes hermosos,
la
brillante fimbria de la puerta,
el
asidero dulce del aldabón,
como un
hombro desnudo,
salen al
paso del mendigo, alargan
la
conocida calle del deseo.
Puertas y
puertas. Puertas.
Abra quien
abra.
Llaman lo
puños apretados,
y aúlla,
como un viento desconocido,
nuestra
doliente voz
en la
nevada calle
que se va
prolongando hasta la muerte
con sus
puertas cerradas.
José
García Nieto
6 de
julio de 1914
Madrid

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