Dejad que
a voces diga el bien que pierdo,
si con mi
llanto a lástima os provoco;
y permitidme
hacer cosas de loco:
que parezco
muy mal amante y cuerdo.
La red
que rompo y la prisión que muerdo
y el
tirano rigor que adoro y toco,
para
mostrar mi pena son muy poco,
si por mi
mal de lo que fui me acuerdo.
Oiganme todos:
consentid siquiera
que,
harto de esperar y de quejarme,
pues sin
previo viví, sin juicio muera.
De gritar
solamente quiero hartarme.
Sepa de mí,
a lo menos, esta fiera
que he
podido morir, y no mudarme.
Francisco
de Quevedo
14 de septiembre
de 1580
Madrid
Cuadro de Eugene Delacroix

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