EPITAFIO DE LA
AMADA EN LA VOZ DEL AMANTE
No es,
enterrada bajo sauce mudo,
piedra y
silencio su presencia pura,
la
encuentro en alas de tu voz segura
de vida y
muerte en amoroso nudo.
Su luz
erige tu clamor agudo
y en él
anida su feliz ternura,
puebla
del gozo la florida altura
y de los
llantos el vergel desnudo.
Todo tu
verbo de su pulso nace,
toda tu
tierra se estremece y vive
de ser la
tierra en que su forma yace.
Tu ser
cumplido de su ayer recibe
ese
balido que en sus labios pace
hierba
presente que el mañana escribe.
Dionisio
Ridruejo
12 de
octubre de 1912
Burgo de
Osma

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