NO TENEMOS UN
LENGUAJE PARA LOS FINALES…
No
tenemos un lenguaje para los finales
para la
caída del amor,
para los
concentrados laberintos de la agonía,
para el
amordazado escándalo
de los
hundimientos irrevocables.
¿Cómo
decirle a quien nos abandona
o a quien
abandonamos
que
agregar otra ausencia a la ausencia
es ahogar
todos los nombres
y
levantar un muro
alrededor
de cada imagen.
¿Cómo
hacer señas a quien muere,
cuando
todos los gestos se han secado,
las
distancias se confunden en un caos imprevisto,
las
proximidades se derrumban como pájaros enfermos
y el
tallo del dolor
se
quiebra como lanzadera
de un
telar descompuesto.
¿O cómo
hablarse cada uno a sí mismo
cuando nada, cuando nadie ya habla,
cuando
las estrellas y los rostros son secreciones neutras
de un
mundo que ha perdido
su
memoria de un mundo.
Quizá un
lenguaje para los finales
exija la
total abolición de los otros lenguajes,
la
imperturbable síntesis
de las
tierras arrasadas.
O tal vez
crear un habla de intersticios,
que reúna
los mínimos espacios
entreverados
entre el silencio y la palabra
y las
ignotas partículas sin codicia.
Roberto
Juarroz
15 de
octubre de 1925
Coronel
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