ETERNO OLEAJE
Será primero una ola
niña
sobre la ciega playa.
Luego
una delgada espuma
persistente,
más tarde
un redoblar de todo
el horizonte
que avanza, que se
empuja
para tornar contacto
con la orilla.
En cada grueso
oleaje, en cada arruga
del mar, en cada ojo
de espuma por la
arena
de fuego, estará un
hombre
por él y por su
extensa
cadena de fantasmas. Por
las sombras
que no tuvieron
cuerpo;
por todos
los que anulados
vagan
sin país, sin
sepulcro.
Con la memoria
de los que fueron
olvidados
volverán: “Ya llegamos
a la patria.” Y jamás
será la patria. Siempre
habrá otras olas, y
anchos nudos,
gruesas crestas de
mar. El hombre
irá pisando playas
de fuego, rocas
que hirieron otros
pies,
algas que se
enredaron a otras plantas.
Caminará por siempre
-a través de paisajes
con recuerdos-,
el sol contra su
espalda
y una arruga profunda
en la frente horadada
por el viento.
“¿Era ésta mi patria?”
-preguntará de nuevo.
Y pasando de largo,
como un extraño entre
los ríos,
regresará a la orilla
de que partió –no la
recuerda-
pidiendo paz para sus
muertos.
Julia Uceda
22 de octubre de 1925
Sevilla

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