viernes, 31 de octubre de 2025

VIUDA

 


 

VIUDA

 

Viuda. Palabra que se autoconsumo:

cuerpo, hoja de periódico en el fuego,

por el aire un instante sostenida

sobre la geografía roja y cálida

que arrancará su corazón cual ojo.

 

Viuda. Sílaba muerta, con su sombra

de un eco, abre el resorte en el tabique

del pasado secreto: aire gastado,

recuerdos fétidos, escalinatas

mecánicas que a ningún sitio conducen…

 

Viuda. La amarga araña se sienta

en el centro de sus ejes resecos.

La muerte es su vestido, gorro, cuello.

El rostro del marido, blanco, inválido,

la cerca como a presa que con gusto

 

de nuevo mataría, verle cerca

cual rostro de papel contra su pecho,

como sus cartas conservar solía

tomándolas piel nueva, viva y cálida,

pero ahora ella es papel, y fría siempre.

 

Viuda: ¡estado vacío y grande! Llena

de aire traidor está la voz divina,

los arduos astros fáciles promete,

y el espacio inmortal entre los astros,

no cadáveres, flechas hacia el cielo.

 

Viuda, inclínanse árboles piadosos,

árboles de dolor y soledades.

Como sombras en torno al verde campo

o incluso como bocas negras ciérnense.

La viuda les semeja, es una sombra.

 

Las manos bien cogidas, nada en ellas.

Alma sin cuerpo que otra alma pide

en este aire sereno y no lo nota:

un alma frágil como el humo entra

en otra sin saber por dónde pasa.

 

Es éste su temor: es el temor

de que su alma late aún y late sorda

como el ángel mariano, cual paloma

contra un cristal a todo ciega, menos

al hueco hoyo que mira y mirar debe.

 

Sylvia Plath

27 de octubre de 1932

Boston – EEUU

DE LOS SUSPIROS ALGO NACE...

 


DE LOS SUSPIROS ALGO NACE…

 

De los suspiros algo nace

que no es la pena, porque la he abatido

antes de la agonía; el espíritu crece

olvida y llora:

algo nace, se prueba y sabe bueno,

todo no podía ser desilusión:

tiene que haber, Dios se loado, una certeza,

si no de bien amar, al menos de no amar,

y esto es verdadero luego de la derrota permanente.

 

Después de esa lucha que los más débiles conocen,

hay algo más que muerte;

olvida los grandes sufrimientos o seca las heridas,

él sufrirá por mucho tiempo

porque no se arrepiente de abandonar una mujer que espera

por su soldado sucio con saliva de palabras

que derraman una sangre tan ácida.

 

Si eso bastase, bastaría para calmar el sufrimiento,

arrepentirse cuando se ha consumido

el gozo que en el sol me hizo feliz,

qué feliz fui mientras duró el gozar,

si bastara la vaguedad y las mentiras dulces fueran suficiente,

las frases huecas podrían soportar todo el sufrimiento

y curarme de males.

 

Si eso bastase: hueso, sangre y nervio,

la mente retorcida, el lomo claramente formado,

que busca a tientas la sustancia bajo el plato del perro,

el hombre debería curarse de su mal.

Pues todo lo que existe para dar yo lo ofrezco:

unas migas, un granero y un cabestro.     

 

Dylan Thomas

27 de octubre de 1914

Swansea Gales

 

INVIOLABLE

 

INVIOLABLE

 

El mayor encanto de la mujer de todos

es tener la certeza de que jamás es de nadie;

bajo la tersa frente el espíritu duerme;

nuestras zafias caricias no saben despertarle.

 

La parodia del beso hace amargos besos;

en el alma solloza la risa de la carne,

y al volver del placer, sin querer, nos hallamos

demasiado mezquinos… demasiado cobardes…

 

Pero a pesar del triste regreso del deseo,

el amor caprichoso nos brinda a profanarle;

porque el amor encanto de la mujer de todos

es tener la certeza de que jamás es de nadie.

 

Antonio Espina

29 de octubre de 1891

Madrid

jueves, 23 de octubre de 2025

ETERNO OLEAJE

 


ETERNO OLEAJE

 

Será primero una ola niña

sobre la ciega playa. Luego

una delgada espuma persistente,

más tarde

un redoblar de todo el horizonte

que avanza, que se empuja

para tornar contacto con la orilla.

 

En cada grueso oleaje, en cada arruga

del mar, en cada ojo

de espuma por la arena

de fuego, estará un hombre

por él y por su extensa

cadena de fantasmas. Por las sombras

que no tuvieron cuerpo;

por todos

los que anulados vagan

sin país, sin sepulcro.

 

Con la memoria

de los que fueron olvidados

volverán: “Ya llegamos

a la patria.” Y jamás

será la patria. Siempre

habrá otras olas, y anchos nudos,

gruesas crestas de mar. El hombre

irá pisando playas

de fuego, rocas

que hirieron otros pies,

algas que se enredaron a otras plantas.

Caminará por siempre

-a través de paisajes con recuerdos-,

el sol contra su espalda

y una arruga profunda

en la frente horadada por el viento.

“¿Era ésta mi patria?”

-preguntará de nuevo.

Y pasando de largo,

como un extraño entre los ríos,

regresará a la orilla

de que partió –no la recuerda-

pidiendo paz para sus muertos.

 

Julia Uceda

22 de octubre de 1925

Sevilla

SOMBRAS

 


SOMBRAS

 

Alzad del polvo inerte,

del polvo arrebatad el arpa mía,

melancólicos genios de mi suerte.

Buscad una armonía

triste como el afán que me tortura,

que me cercan doquier sombras de muerte

y rebosa en mi pecho la amargura.

 

Venid, que el alma siente

morir la fe que al porvenir aguarda;

venid, que se acobarda

fatigado el espíritu doliente

mirando alzar con ímpetu sañudo

su torva faz al desencanto rudo,

y al entusiasmo ardiente

plegar las alas y abatir la frente.

 

¿No ves? Allá a lo lejos

nube de tempestad siniestra avanza

que oscurece a su paso los reflejos

del espléndido sol de la esperanza.

 

Mirad cuál fugitivas

las ilusiones van, del alma orgullo;

no como ayer, altivas,

hasta el éter azul tienden el vuelo,

ni a recibirlas, con piadoso arrullo,

sus pórticos de luz entreabre el cielo.

 

¿Cuál será su destino?

Proscritas, desoladas, sin encanto,

en el vértigo van del torbellino,

y al divisarlas, con pavor y espanto

sobre mi pecho la cabeza inclino.

 

Se estremece el alcázar opulento

de bien, de gloria, de grandeza suma,

que fabrica tenaz el pensamiento:

¡bajo el peso se rinde que le abruma!

 

Conmúevese entre asombros,

de la suerte a los ímpetus terribles,

y se apresta a llorar en sus escombros

el ángel de los sueños imposibles.

 

Venid, genios, venid, y al blando halago

de vuestros himnos de inmortal tristeza,

para olvidar el porvenir aciago

se aduerma fatigada mi cabeza.

 

Del arpa abandonada

al viento dad la gemebunda nota,

mientras que ruge la tormenta airada,

y el infortunio azota

la ilusión por el bien acariciada,

y huye la luz de inspiración fecunda,

y la noche del alma me circunda.

 

Mas ¡ah! venid en tanto

y adormeced el pensamiento mío

al sonoro compás de vuestro canto.

¡Meced con vuestro arrullo el alma sola!

Dejad que pase el huracán bravío,

y que pasen del negro desencanto

las horas en empuje turbulento,

como pasa la ola,

como pasa la ráfaga del viento.

 

Dejad que pase, y luego

a la vida volvedme, a la esperanza,

al entusiasmo en fuego:

que es grato, tras la ruda

borrasca de la duda,

despertar a la fe y a la confianza,

y tras la noche de dolor, sombría,

cantar la luz y saludar el día.  

 

Salomé Ureña de Henríquez

21 de octubre de 1850

Santo Domingo –Rep. Dominicana

 

PRIMERA VELADA

 


PRIMERA VELADA

 

Desnuda, casi desnuda;

y los árboles cotillas

a la ventana arrimaban,

pícaros, su fronda pícara.

 

Asentada en mi sillón,

desnuda, juntó las manos.

Y en el suelo, trepidaban,

de gusto, sus pies, tan parvos.

 

-Vi cómo, color de cera,

un rayo con luz de fronda

revolaba por su risa

y su pecho en la flor, mosca,

 

-Besé sus finos tobillos

y estalló en risa, tan suave,

 

risa hermosa de cristal,

desgranada en claros trinos…

 

bajo el camisón, sus pies

-¡Basta, basta!” –se escondieron.

-¡La risa, falso castigo

del primer atrevimiento!

 

Trémulos, pobres, sus ojos

mis labios besaron, suaves:

-Echó, cursi, su cabeza

hacia atrás: “Mejor, si cabe…!

 

Caballero, dos palabras…”

-Se tragó lo que faltaba

con un beso que le hizo

reírse… ¡qué a gusto estaba!

 

-Desnuda, casi desnuda;

y los árboles cotillas

a la ventana asomaban,

pícaros, su fronda pícara.

 

Arthur Rimbaud

20 de octubre de 1854

Charleville – Francia

 

 

sábado, 11 de octubre de 2025

ENCUENTRO

 


ENCUENTRO

 

No me abandones tú, tristeza mía,

sobre el camino

que azota el viento extraño

con su cálido soplo, y cede; cara

tristeza al viento que se extingue; y empujada

por éste hacia la rada,

donde la última voz exhala el día,

viaja una niebla, alta se pliega un ala

de comorán.

 

El tajo al lado del torrente, estéril

de aguas, vivo de piedras y  argamasas;

tajo de humanos actos consumidos,

de mortecinas vidas declinando

más allá del confín

que en círculo se cierra: rostros secos,

manos, caballos en hilera, ruedas

chirriantes: vidas no: vegetaciones

del otro mar que la oleada vence.

 

Se avanza en el camino de cuajado

lodo sin rastro

como una procesión de encapuchados

bajo la rota bóveda, caída

casi hasta reflejar escaparates,

en un aire que envuelve nuestros pasos

denso e iguala los sargazos

humanos fluctuando en las cortinas

de bambú murmurante.

 

Si me abandonas tú, tristeza, único

presagio vivo en este nimbo, siento

que alrededor de mí se extiende

un rumor como de esferas cuando

una hora está próxima a sonar;

y caigo inerte en la apagada espera

del que no teme ya

en esta orilla sorprendida por la ola

lenta, que no aparece.

 

Tal vez vuelva a tener una apariencia:

en la rasante luz

un movimiento que conduce junto

a una mísera rama que en un tiesto

crece sobre una puerta de hostería.

A ella tiendo la mano, hacerse mía

siento otra vida, huella de una forma

que me fue arrebatada; y como anillos

en los dedos no hojas se me enroscan

sino cabellos.

 

Y nada más después. ¡Oh sumergida!:

desapareces como habías venido

y nada sé de ti.

Tu vida es tuya aún: entre las raras

vibraciones del día ya esparcida.

Ruega por mí,

para que yo descienda otro camino

distinto de una calle de ciudad,

en el aire perdido, ante el tropel

de los vivos; que te sienta a mi lado, que

descienda sin ruindad.

 

Eugenio Montale

12 de octubre de 1896

Génova – Italia

viernes, 10 de octubre de 2025

CÓMO MANA TU SAVIA ARDIENTE...

 

CÓMO MANA TU SAVIA ARDIENTE…

 

Nos junta el resplandor en esta hoguera

que tu alabastro transparente y dora,

y en lenguas alegrísimas devora

una viña de muerta primavera.

 

Astros de velocísima carrera

resbalan en tus ojos, y me explora

todo tu ser en ascua tentadora,

el corazón que consumido espera.

 

Armada sin secreto, tan cercana,

veo íntima y abierta, en un ocaso

que hace el sol en ti misma, cómo mana

 

tu savia ardiente bajo limpio raso;

y hago sarmiento de mi amor, que gana

oro para la sed en que me abraso.

 

Dionisio Ridruejo

12 de octubre de 1912

Burgo de Osma (Soria)

jueves, 9 de octubre de 2025

DESPUÉS DEL AMOR

 


DESPUÉS DEL AMOR

 

El zumo de la noche me gotea

con racimos de estrellas en la cara,

y madura mi frente su luz triste,

como una fruta sola sin su rama.

 

He perdido mi tronco; ardientemente

ha tajado el amor en sus entrañas

con un hacha sombría. En otro cuerpo

la ceniza enrojece de mi savia.

 

A solas con la noche me he quedado,

con mi carne tendida, fruta amarga,

y suena el corazón, bajo mi pecho,

con un crudo tañido de campana.

 

José Luis Hidalgo

10 de octubre de 1919

Torrelavega (Santander)

 

lunes, 6 de octubre de 2025

LA NOCHE ANUDABA CUERDAS


 

LA NOCHE ANUDABA CUERDAS

 

La noche anudaba cuerdas

con los montones de algas,

la noche estriada tira

de las proas de las barcas.

La última que vendrá

ha de ser la “Santa Clara”.

Los pies de los pescadores

tienen las uñas de plata,

raíces verdes y frías

de la mar desenterradas.

Negros martillos de hombros

astillan camisas agrias,

nucas hendidas del turbio

marchamo de la jornada.

Bajo el puente desmembrado

de cabezas y de espaldas

galopan pulpas azules

y azabache de caballas.

Largas tijeras de luna

fueron recortando fraguas

de pesca de ojos convulsos

y relucientes entrañas.

Cuatro voces sucesivas

convocaban la subasta.

De todas las que se fueron,

no ha vuelto la “Santa Clara”.

          Pero en la playa de Altea

          no había quien esperara.

Un olor de latitudes

enronquece las gargantas.

 

María Teresa Roca de Togores

7 de octubre de 1919

San Juan de Luz (Vizcaya)


domingo, 5 de octubre de 2025

SALVACIÓN EN EL TIEMPO

 


SALVACIÓN EN EL TIEMPO

 

No quiero retrasar por más que el tiempo retrase

y mienta en números lo que en verdad confiesa.

No quiero quedarme al margen como caña sin dueño

mientras el río canta su eterna maravilla.

 

¿El río muere, el río vive, el río llora, el río ríe?

Yo quiero ser mi río y mis dos orillas.

Irme quedándome.

Agua y cauce,

pez y sauce.

Y melodía y risa y brisa.

 

Pero retraso no. Mi andante justo.

Desde el alba al ocaso

marcando el paso siempre paso a paso.

No hay que hacer caso al tiempo sino al tempo.

 

Oh tempo, en ti me salvo. Te soy fiel.

 

Gerardo Diego

3 de octubre de 1896

Santander

SIN LAMENTOS

 

 


SIN LAMENTOS

 

Sin quejas, ni lamentos ni llantos

como el humo a través del florido manzano

hasta mí llegó la marchitez dorada ç

ya no seré más joven y lozano.

 

Ya no lates con la fuerza de antes

mi corazón tocado por el hielo

y caminar descalzo por el bosque

ya no es una ilusión, no es un anhelo.

 

El deseo de aventura cada vez es menor

y el fuego de los labios ya se ha ido

¡oh mi joven y lejano frescor

mis antaños pletóricos sentidos!

 

Ahora son escasos mis afanes

¿he vivido mi vida o la he soñado?

Es como si en un alba primaveral

galopé sobe un caballo rosado.

 

Nuestro destino es frágil y finito

el cobre de las hojas lento emana

por todos los siglos sea bendito

lo que florece hoy para morir mañana.

 

Seguei Yesenin

3 de octubre de 1895

Konstantinovo – Rusia

ENEMIGO ÍNTIMO

 


ENEMIGO ÍNTIMO

 

Hay tardes en que todo

huele a enebro quemado

y a tierra prometida.

Tardes en que está cerca el mar y se oye

la voz que dice: “Ven”.

Pero algo nos retiene todavía

junto a los otros: el amor, el verbo

transitivo, con su pequeña garra

de lobezno o su esperanza apenas.

No ha llegado el momento. La partida

no puede improvisarse, porque sólo

al final de una savia prolongada,

de una pausada sangre,

brota la espiga desde

la simiente enterrada.

 

En esas largas

tardes en que se toca casi el mar

y su música, un poco

más y nos bastaría

cerrar los ojos para morir. Viene

de abajo la llamada, del lugar

donde se desmorona la apariencia

del fruto y solo queda su dulzor.

Pero hemos de aguardar

un tiempo aún: más labios, más caricias,

el amor otra vez, la misma, porque

la vida y el amor transcurren juntos

o son quizá una sola

enfermedad mortal.

 

Hay tardes de domingo en que se sabe

que algo está consumándose entre el cálido

alborozo del mundo,

y en las que recostar sobre la hierba

la cabeza no es más que un tibio ensayo

de la muerte. Ya está

bien todo entonces, y se ordena todo,

y una firme alegría nos inunda

de abril seguro. Vuelven

las estrellas el rostro hacia nosotros

para la despedida.

Dispone un hueco exacto

la tierra. se percibe

el pulso azul del mar. “Esto era aquello”.

Con esmero el olvido ha principiado

su menuda tarea…

 

Y de repente

busca una boca nuestra boca, y unas

manos oprimen nuestras manos y hay

una amorosa voz

que nos dice: “Despierta.

Estoy yo aquí. Levántate”. Y vivimos.

 

Antonio Gala

2 de octubre de 1930

Brazatortas (Ciudad Real)