jueves, 23 de octubre de 2025

PRIMERA VELADA

 


PRIMERA VELADA

 

Desnuda, casi desnuda;

y los árboles cotillas

a la ventana arrimaban,

pícaros, su fronda pícara.

 

Asentada en mi sillón,

desnuda, juntó las manos.

Y en el suelo, trepidaban,

de gusto, sus pies, tan parvos.

 

-Vi cómo, color de cera,

un rayo con luz de fronda

revolaba por su risa

y su pecho en la flor, mosca,

 

-Besé sus finos tobillos

y estalló en risa, tan suave,

 

risa hermosa de cristal,

desgranada en claros trinos…

 

bajo el camisón, sus pies

-¡Basta, basta!” –se escondieron.

-¡La risa, falso castigo

del primer atrevimiento!

 

Trémulos, pobres, sus ojos

mis labios besaron, suaves:

-Echó, cursi, su cabeza

hacia atrás: “Mejor, si cabe…!

 

Caballero, dos palabras…”

-Se tragó lo que faltaba

con un beso que le hizo

reírse… ¡qué a gusto estaba!

 

-Desnuda, casi desnuda;

y los árboles cotillas

a la ventana asomaban,

pícaros, su fronda pícara.

 

Arthur Rimbaud

20 de octubre de 1854

Charleville – Francia

 

 

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