INVIOLABLE
El mayor encanto de
la mujer de todos
es tener la certeza
de que jamás es de nadie;
bajo la tersa frente
el espíritu duerme;
nuestras zafias
caricias no saben despertarle.
La parodia del beso
hace amargos besos;
en el alma solloza la
risa de la carne,
y al volver del
placer, sin querer, nos hallamos
demasiado mezquinos… demasiado
cobardes…
Pero a pesar del
triste regreso del deseo,
el amor caprichoso nos
brinda a profanarle;
porque el amor
encanto de la mujer de todos
es tener la certeza
de que jamás es de nadie.
Antonio Espina
29 de octubre de 1891
Madrid

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