BASTA
Para guardar
silencio,
vaciarse de afanes e
intenciones,
de avisos y
designios,
para dejar, por fin,
de incidir con el
nuestro
en el rumbo de otros,
para no interferir su
libertad,
nada sirve quererlo,
ni decidir aquello o
lo contrario,
o una mezcla amañada
de determinaciones.
Determinar, querer y
decidir
son gesto sobre
gesto,
violencia y compulsión,
ademanes ambiguos
en el viejo tinglado
giratorio.
Sólo cerrar los ojos
bastaría,
contener el respiro y
la memoria,
las manos sobre el
pecho,
decir “me apago aquí”,
y no rebullir más
ya para nadie.
Carmen Martín Gaite

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