lunes, 17 de noviembre de 2025

ENEMIGO ÍNTIMO - III

 

 


ENEMIGO ÍNTIMO

 

III

Se va el amor de entre las manos con

la prisa de los ríos. Nos paramos

a mirar la corriente

maravillados, como si bebiéramos,

y va ya el agua en el recuerdo solo.

Con su ardiente desorden nos envuelve

el beso sin mañana.

Comenzó ayer apenas, hoy la aurora

sorprende a los amantes desolados.

En exilio vivimos de aquel reino,

inmediato y distante, donde es todo

claridad: no respuesta,

sino entregada ausencia de preguntas.

 

Quiero estar donde estuve.

Resbala deshojada en mi mejilla

la sonrisa de talco de esta hora.

Aquí el amor de hoy ha de inventarse

hoy, y mañana el de mañana.

 

Si los amantes detener pretenden

su candente nevada, han de morir

antes de que el oráculo

triunfe, con el sigilo

de la boca en la boca:

cuando ignoran sus brazos aún el peso

de una carne inservible.

En tanto que haya muerte, habrá esperanza. 

 

Pero ¿morir? ¿Y qué es morir? ¿Nos queda

algo que pueda sernos arrancado

por la muerte?

                       Y así nos resistimos

buscando, sin cesar, de madrugada,

un pretexto cualquiera:

este moroso cuello,

esos ojos oscuros, aquel modo

de abandonar las manos.

 

¿Nuestro universo se derrumba y

no podremos morir? ¿Habrá una nueva

excusa cada día

que nos anime a respirar? Yo pido

tregua para enterrar

a mis muertos, un alba

en que golpee la luz contra unos párpados

indiferentes. Pido

morir, morir, volver, entrar de nuevo,

cerrar los ojos una tarde y ver

cómo se apaga el mundo.

 

Antonio Gala

Cuadro de Edouard Manet

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