VALS DE ANIVERSARIO
Nada hay tan dulce
como una habitación
para dos, cuando ya
no nos queremos demasiado,
fuera de la ciudad,
en un hotel tranquilo,
y parejas dudosas y
algún niño con ganglios,
si no es esta ligera
sensación
de irrealidad. Algo como
el verano
en casa de mis
padres, hace tiempo,
como viajes en tren
por la noche. Te llamo
para decir que no te
digo nada
que tú ya no conozcas,
o si acaso
para besarte
vagamente
los mismos labios.
Has dejado el balcón.
Has oscurecido el
cuarto
mientras que nos
miramos tiernamente,
incómodos de no
sentir el peso de tres años.
Todo es igual, parece
que no fue ayer. Y este
sabor nostálgico,
que los silencios
ponen en la boca,
posiblemente induce a
equivocarnos
en nuestros
sentimientos. Pero no
sin alguna reserva,
porque por debajo
algo tira más fuerte
y es (para decirlo
quizá de un modo
menos inexacto)
si no es con cierta
imprecisión, y el sábado,
que es hoy, queda tan
cerca
de ayer a última hora
y de pasado
mañana
por la mañana…
Jaime Gil de Biedma
13 de noviembre de
1929
Barcelona

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