POETA, DI PASO
¡Poeta!, ¡di paso los
furtivos besos!...
¡La sombra! ¡Los
recuerdos! La luna no vertía
allí ni un solo rayo…
temblabas y eras mía
temblabas y eras mía
bajo el follaje espeso,
una errante luciérnaga
alumbró nuestro beso,
el contacto furtivo
de tus labios de seda…
la selva negra y
mística fue la alcoba sombría…
en aquel sitio el
musgo tiene olor de reseda…
filtró luz por las
ramas cual si llegara el día,
entre las nieblas pálidas
la luna aparecía…
¡Poeta, di paso
los íntimos besos!
¡Ah, de las noches
dulces me acuerdo todavía!
En señorial alcoba,
do la tapicería
amortiguaba el ruido
con sus hilos espesos
desnuda tú en mis
brazos fueron míos tus besos;
tu cuerpo de veinte
años entre la roja seda,
tus cabellos dorados
y tu melancolía
tus frescuras de
virgen y tu olor de reseda…
apenas alumbraba la lámpara
sombría
los desteñidos hilos
de la tapicería.
¡Poeta, di paso
el último beso!
¡Ah, de la noche trágica
me acuerdo todavía!
El ataúd heráldico en
el salón yacía,
mi oído fatigado por
vigilias y excesos,
sintió como a
distancia los monótonos rezos!
Tú, mustia, yerta y pálida
entre la negra seda,
la llama de los
cirios temblaba y se movía,
perfumaba la atmósfera
un olor de reseda,
un crucifijo pálido
los brazos extendía
y estaba helada y cárdena
tu boca que fue mía!
José Asunción Silva
27 de noviembre de
1865
Bogotá – Colombia

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