sábado, 31 de enero de 2026

IBA UN DÍA CON SU ABUELO

 

IBA UN DÍA CON SU ABUELO

 

Iba un día con su abuelo

paseando un colegial,

y debajo de un peral

halló una pera en el suelo.

 

Mírala, cógela, muerde,

mas presto arroja el bocado

que muy podrida de un lado

estaba y del otro lado, verde.

 

Abuelo, ¿cómo será,

decía el chico escupiendo,

que esta pera que estoy viendo

podrida, aunque verde, está?

 

El anciano con dulzura

dijo, vínole ese mal

por caerse del peral

sin que estuviese madura.

 

Concepción Arenal Ponte

31 de enero de 1920

El Ferrol (A Coruña)

viernes, 30 de enero de 2026

BIENVENIDA LA NOCHE PARA QUIEN VA SEGURO...

 


BIENVENIDA LA NOCHE PARA QUIEN VA SEGURO…

 

Bienvenida la noche para quien va seguro

y con los ojos claros mira sereno el campo,

y con la vida limpia mira con paz el cielo,

su ciudad y su casa, su familia y su obra.

Pero a quien anda a tientas y ve sombra, ve el duro

ceño del cielo y vive la condena de su tierra

y la malevolencia de sus seres queridos,

enemiga es la noche y su piedad acoso.

Y aún más en este páramo de la alta Rioja

donde se abre con tanta claridad que deslumbra,

palpita tan cercana que sobrecoge y muy

en el alma se entra, y a remueve a fondo.

Porque la noche siempre, como el fuego, revela,

refina, pule el tiempo, la oración y el sollozo,

da tersura al pecado, limpidez al recuerdo,

castigando y salvando toda una vida entera.

Bienvenida la noche con su peligro hermoso.

 

Claudio Rodríguez

30 de enero de 1934

Zamora

jueves, 29 de enero de 2026

DE TI Y DE MÍ

 


DE TI Y DE MÍ

 

Si tú eres la montaña,

yo soy la flor, el aire, la llanura,

la fuente limpia y pura,

el río que te baña,

la hondonada,

la cumbre y el paisaje;

el zafiro del cielo y la nube de encaje.

Todo y nada.

 

Tú eres lo duradero,

lo que persiste y queda, 

la verdad de las cosas.

Yo soy como las rosas.

Doy mi perfume y muero.

Tú erres el titán

que a fuerza de constancia perforaste las rocas.

Yo soy una de esas vírgenes locas

que nunca saben donde van.

 

Inconstante y alada,

tan pronto rozo estrellas como me mancha el lodo.

Lo quiero siempre todo,

y nunca tengo nada.

Sí; tú eres el más fuerte

y el más bueno quizás.

Tu sabes dónde vas.

Yo sólo voy donde quiere la suerte.

 

Nos encontramos un extraño día.

Tú el hierro; y la luz,

y nos unimos en una misma cruz

de poesía.

 

Si tú eres la montaña

que aguarda sin temor el vendaval,

yo soy la fuente de cristal

que florece en su extraña.

 

Y no puedes conmigo,

valeroso y profundo monte del Himalaya.

Para no sucumbir, necesitas que vaya

a sembrar en ti mi trigo.   

 

Susana March

29 de enero de 1918

Barcelona

miércoles, 28 de enero de 2026

VIUDA

VIUDA

 

Viuda. Palabra que se autoconsume:

cuerpo, hoja de periódico en el fuego,

por el aire un instante sostenida

sobre la geografía roja y cálida

que arrancará su corazón cual ojo.

 

Viuda. Sílaba muerta, con su sombra

de un eco, abre el resorte en el tabique

del pasado secreto: aire gastado,

recuerdos fétidos, escalinatas

mecánicas que a ningún sitio conducen…

 

Viuda. La amarga araña se sienta

en el centro de sus ejes resecos.

La muerte es su vestido, gorro, cuello.

El rostro del marido, blanco, inválido,

la cerca como a presa que con gusto

 

de nuevo mataría, verle cerca

cual rostro de papel contra su pecho,

como sus cartas conservar solía

tornándolas piel nueva, viva y cálida,

pero ahora ella es papel, y fría siempre.

 

Viuda: ¡estado vacío y grande! Llena

de aire traidor está la voz divina,

los arduos astros fáciles promete,

y el espacio inmortal entre los astros,

no cadáveres, flechas hacia el cielo.

 

Viuda, inclínanse árboles piadosos,

árboles de dolor y soledades.

Como sombras en torno al verde campo

o incluso como bocas negras ciérnense.

La viuda les semeja, es una sombra.

 

Las manos bien cogidas, nada en ellas.

Alma sin cuerpo que otra alma pide

en este aire sereno y no lo nota:

un alma frágil como el humo entra

en otra sin saber por dónde pasa.

 

Es éste tu temor: es el temor

de que su alma late aún y late sorda

como el ángel mariano, cual paloma

contra un cristal a todo ciega, menos

al hueco hoyo que mira y mirar debe.

 

Sylvia Plath

 


martes, 27 de enero de 2026

A UNA POETISA LUSITANA

 


A UNA POETISA LUSITANA

 

Pues las pides, en tu busca

van mis flores ignoradas,

con su modesto perfume

y risueñas esperanzas.

No temas, no, que en sus hojas

tu labio encuentre al besarlas,

ni punzadores espinas,

ni amarga ofrenda de lágrimas.

No temas, porque han crecido

bajo el amparo del alba,

a la margen de mis ríos,

mirando cielos de nácar.

En sus diversos colores

y en su pureza sin mancha,

llevan débiles reflejos

de los astros de mi patria.

Son humildes, pero tienen

infantiles arrogancias,

cierto orgullo de ser hijas

predilectas de la Pampa

y celosas mensajeras

de mi tierra americana.

Si los vientos de la Europa,

desdeñosos, sesga el ala,

no acarician nunca el seno

de mis pobres expatriadas,

guárdalas en tu santuario,

tierna virgen lusitana,

guárdalas para corona

de tus sienes inspiradas,

donde, lejos de mi tierra,

vivan cerca de tu alma.

Si en las tardes del Montego,

o del Duero en las mañanas,

estremece tu alma virgen

tierna música de cañas,

y del nido de tus labios

vuela en versos tu plegaria,

acuérdate del que un día,

en las márgenes del Plata,

enseñó tu dulce nombre

a las cuerdas de su arpa.

 

Rafael Obligado

27 de enero de 1851

Buenos Aires – Argentina

lunes, 26 de enero de 2026

EN EL PRINCIPIO

 

 


EN EL PRINCIPIO

 

De pronto arranca la memoria,

sin fondos de origen perdido;

muy niño viéndome una tarde

en el espejo de un armario

con doble luz enajenada

por el iris de sus biseles,

decidí que aquello lo había

de recordar, y lo aferré,

y desde ahí empieza mi mundo,

con un piso destartalado,

las vagas personas mayores

y los miedos en el pasillo.

Años y años pasaron luego

y al mirar atrás, allá estaba

la escena en que, hombrecito audaz,

desembarqué en mí, conquistándome.

Hasta que un día, bruscamente,

vi que esa estampa inaugural

no se fundó porque una tarde

se hizo mágica en un espejo,

sino por un toque, más leve,

pero que era todo mi ser:

el haberme puesto a mí mismo

en el espejo del lenguaje

doblando sobre si el hablar,

diciéndome que lo diría,

para siempre vuelto palabra,

mía y ya extraña, aquel momento.

Pero cuando lo comprendí,

era ya mayor, hombre de libros,

y acaso fue porque en alguno

leí la gran perogrullada:

que no hay más mente que el lenguaje,

y pensamos solo al hablar,

y no queda más mundo vivo

tras las tierras de la palabra.

Hasta entonces, niño y muchacho,

creí que hablar era un juguete,

algo añadido, una herramienta,

un ropaje sobre las cosas,

un caballo con que correr

por el mundo, terrible y rico,

o un estorbo en que se aludía

a lo lejos, a ideas vagas:

ahora, de pronto, lo era todo,

igual que el ser de carne y hueso,

nuestra ración de realidad,

el mismo ser hombre, poco o mucho.

 

José María Valverde

26 de enero de 1926

Valencia de Alcántara (Cáceres)

domingo, 25 de enero de 2026

CINE DE BARRIO

 




CINE DE BARRIO

 

Lloraba

sórdidamente por mi leve garganta,

por donde resbalaban

tímidamente las palabras húmedas,

las palabras sin nombre todavía.

Respiraba

con lentitud

forzada, para que mi agonía

no se lanzara presurosa al aire,

porque a mi alrededor

había mucha gente. Estaba

en la deshilvanada y familiar cola

de un paqueño cine de barrio: el “Chamberi”

(donde las butacas habían de estar caliente .era de sesión continua-,

donde un vaho maloliente

penetraría

por mis poros

durante más de dos horas,

donde, acaso, una “extraviada” pierna

rozaría la mía

y un taconazo afiladísimo

intentaría hacerle comprender a aquel podrido hueso,

su humana condición

de animal primitivo, donde…),

y me puse a observarla.

Novios, de los que luego parecería estaban ocupando

una sola butaca.

Niños que, mientras daban múltiples puntapiés en el asiento de delante,

irían alfombrando la sala de cacahuetes o pipas.

Hombres y mujeres de una edad ya madura,

pero infantiles, sencillos, que se reirían estrepitosamente

cuando el protagonista, al resbalar y caerse,

se embadurnara la cara

con una tarta de crema, o llorarían

con idéntica facilidad

ante cualquier lance folletinesco, e irían

alternando las carcajadas y el llanto

con un gran bocadillo de tortilla.

 

Sí, allí estaban todos

esperando su turno para tomar la entrada.

Contentos, felices con sus pequeñas aspiraciones

satisfechas. Para ellos

aquel rato de cine

vendría a ser

como una continuidad de lo que llevaban dentro.

Como un esparcimiento honesto

tras una jornada de intenso trabajo.

De pronto me miré, me miré hacia dentro y comprendí

que yo allí desentonaba, ya que mi alma,

no estaba acorde con la levedad del momento,

porque lo único

que iba buscando allí

era

una pequeña muerte de dos horas y pico.  

 

Elvira Lacaci

sábado, 24 de enero de 2026

ESPIGA SIN GRANAR

 


ESPIGA SIN GRANAR

 

Nunca me acerco tanto a ser mujer

como cuando abandono mis palabras,

repliego el abanico

tras el que ensayo risas de gioconda,

desciendo del tinglado de mis gestos

por peldaños estrechos y gastados

y me quito en silencio, a oscuras,

los adornos.

 

Alguien está conmigo a quien no veo,

que me recoge el alma como un traje arrugado

y me la va subiendo de los pies a los hombros:

la mujer que seré.

 

No alcanzo todavía a mirar cara a cara

a esa mujer secreta, que apenas si aletea

cuando deja de oírme trajinar

y avizora en la gruta del silencio

inexorables sendas

que algún día tendré que recorrer

y que ella ya conoce, recorre y selecciona

con su dedo de aire

entre la red tupida de señales

de un mapa estrafalario.

Nunca veré sus ojos de sibila.

Ahora porque no llego a ellos, de tan altos,

de tan imprevisibles,

y un día –no sé cuándo—porque serán los míos

--¡qué curioso pensarlo!--,

sustituirán el brillo mendaz de los espejos

y abarcarán muy serios,

bajo un toldo de sombra

--¿por qué pienso tan seria a esa mujer?—

la figura lejana e irisada

de aquella adolescente

que soñaba una vez con conocerla

y le mandaba a ciegas

mensajes como este que ahora escribo.

Dime dónde estarás cuando lo leas,

mujer de la mirada indescifrable,

dónde estaremos cuando lo leamos,

qué habrá sido de mi dentro de ti.

 

Escondo la cabeza entre los brazos

y contengo el aliento.

 

“Espera –espera—espera”,

canta el viento azotando mi guarida

y apagando la llama

del último candil.

Y la palabra espera es un camino

serpenteando incógnito

entre rachas de bruma.

 

Carmen Martín Gaite

viernes, 23 de enero de 2026

QUÉ FÁCIL ESTE AHORA

QUÉ FÁCIL ESTE AHORA

 

Después de tanto y cuanto, aquí estamos de nuevo

ahorrando las palabras, sabiéndonos el fondo,

porque el silencio dice de nuestra paz ganada.

 

Nos tenemos compactos, casi a renglón seguido:

una página escrita con tu nombre y mi nombre,

encuadernada a pulso de sucesos y tiempo.

 

Qué fácil este ahora, resumen de los días,

y qué nueva tu mano por caricias antiguas

estrenando otra vez la mirada y el beso.

 

Te me vas y te quedas en aire que respiro,

en ausencia y presencia que nada me entorpece,

como un llevarte dentro aladamente en alto.

 

Y te me quedas más, como el hilo en la malla

de un pasar que se anuda, de un quedar avanzando,

de un agua inagotable siempre de cara al cielo.

 

Concha Lagos

23 de enero de 1907

Córdoba


jueves, 22 de enero de 2026

CONVERSACIÓN CON UN AMIGO

 


CONVERSACIÓN CON UN AMIGO

 

Se me ha quemado el pecho, como un horno

por el dolor de tus palabras

y también de las mías.

Hablamos del mundo, y desde el cielo

Descendía su paz a nuestros ojos.

Hay momentos del hombre en que le duele

Amar, pensar, mirar, sentirse vivo,

Y se sabe en la tierra por azar

Solo, inútilmente en ella,

Como si se tratase de algo ajeno

Hablamos de nosotros

Y nos vimos inciertos, unas sombras.

 

Con poca fe, con las creencias rotas

Con un madero en la marea,

Con toda la esperanza naufragando

Porque no es la que llega a nuestra barca,

Sólo la caridad nos redimía

Del mal nuestro de ser.

Mirábamos la calle, rodeados

De luz, de tiempo, de palabras, de hombres.

 

Francisco Brines

22 de enero de 1932

Oliva (Valencia)

AQUÍ PASABA A PIÉ POR ESTAS CALLES

 

AQUÍ PASABA A PIÉ POR ESTAS CALLES

 

Aquí pasaba a pie por estas calles,

sin empleo ni puesto y sin un peso.

Sólo poetas, putas y picados

conocieron sus versos.

 

Nunca estuvo en el extranjero.

Estuvo preso.

Ahora está muerto.

No tiene ningún monumento…

 

Pero

recordadle cuando tengáis puentes de concreto,

grandes turbinas, tractores, plateados graneros,

buenos gobiernos.

 

Porque él purificó en sus poemas el lenguaje de su pueblo,

en el que un día se escribirán los tratados de comercio,

la Constitución, las cartas de amor,

y los decretos.

 

Ernesto Cardenal

20 de enero de 1925

Granada –Nicaragua

 

lunes, 19 de enero de 2026

UN SUEÑO ENTRE UN SUEÑO

 

UN SUEÑO ENTRE UN SUEÑO

 

¡Toma ese beso en la frente!

Y hoy, al partir, te confieso

que con razón me decías:

“-Fueron tus días un sueño”.

Porque si huyó la esperanza,

muerto el sol o el sol naciendo,

fuera visión o no fuera,

¿Ha huido menos por eso?

Cuanto vemos, cuando somos,

no es más que un sueño entre un sueño.

 

En ribera atormentada

por rugiente mar, me encuentro,

granos de arena en mi mano,

de arena de oro oprimiendo.

¡Pocos son! – mas ¡cómo fluyen

al mar, por entre mis dedos-

Mientras lloro – mientras lloro!

 

¡Oh Dios! ¿podré retenerlos

si los oprimo más fuerte,

aún más fuerte entre mis dedos?

¿Podré, de la onda implacable,

salvar uno por lo menos?

Cuanto vemos, cuanto somos,

¿no es más que un sueño entre un sueño?

 

Edgar Allan Poe

19 de enero de 1809

Boston – Estados Unidos

EL PASEO CON MI HIJO

 


EL PASEO CON MI HIJO

 

Porque

nunca más sentiré este pasado próximo

del paseo que tú y yo, hijo, por los pinos

acabamos de dar en la tarde marzo

hundidos en la esencia del tomillo

y en el níscalo que crecen a la sombra de los troncos robustos

me he venido a escribir.

 

Porque

se irá por el olvido, queriéndolo, esta dicha

que todavía siento de haber ido contigo,

viviendo entre los pinos, y en él perecerá

ella que sólo fuera de voz y de latidos

cima leve, levísima, más con fuerza sublime

me he venido a escribir.

 

Porque

si más fuerte que piedra pudo entonces alzar

lo más grande, la dicha de coincidir, difícil,

en el tiempo y en la sangre y el sitio, ese paseo

que dimos y ahora erige sólo ya a aquel suceso

de paz, como a otra paz, de desdén otro templo

me he venido a escribir esta extrañeza, hijo.

 

Francisco Pino

18 de enero de 1910

Valladolid

domingo, 18 de enero de 2026

DOMINIO DEL RECUERDO

 


DOMINIO DEL RECUERDO

 

Un recuerdo –pasado deleitoso-

me ataca y  se apodera

tanto de mí que interna primavera

me somete a su acoso.

 

Aquel amor aún vibra

bajo el impulso de una imagen, mero

fantasma. Pido, quiero,

un imán se me impone fibra a fibra.

 

El espíritu invade mi existencia

con poder soberano.

Espíritu ya es cuerpo. ¿Quién presencia

tal fusión, tal arcano?

 

Amor, que fue tan fuerte

durante aquel minuto fenecido,

saliendo de su nido

mental en sensación se me convierte.

 

Mi memoria ya es carne, ya un placer

-soñado- resucita,

ya la verdad de mi vivir da cita.

¿Alma, cuerpo? Mi ser.

 

Jorge Guillén

18 de enero de 1893

Valladolid

CANCIÓN DE OTOÑO EN PRIMAVERA

 


CANCIÓN DE OTOÑO EN PRIMAVERA

 

Juventud, divino tesoro,

¡ya te vas para no volver!

Cuando quiero llorar, no lloro…

y a veces lloro sin querer…

 

Plural ha sido la celeste

historia de mi corazón.

Era un dulce niña, en este

mundo de duelo y de aflicción.

 

Miraba como el alba pura;

sonreía como una flor.

Era su cabellera obscura

hecha de noche y de dolor.

 

Yo era tímido como un niño.

Ella, naturalmente, fue,

para mi amor hecho de armiño,

Herodías y Salomé…

 

Juventud, divino tesoro,

¡ya te vas para no volver!

Cuando quiero llorar, no lloro…

ya veces lloro sin querer…

 

Y más consoladora y más

halagadora y expresiva,

la otra fue más sensitiva

cual no pensé encontrar jamás.

 

Pues a su continua ternura

una pasión violenta unía.

En un peplo de gasa pura

una bacante se envolvía…

 

En sus brazos tomó mi ensueño

y lo arrulló como a un bebé…

Y le mató, triste y pequeño,

falto de luz, falto de fe…

 

Juventud, divino tesoro,

¡te fuiste para no volver!

Cuando quiero llorar, no lloro…

y a veces lloro sin querer…

 

Otra juzgó que era mi boca

el estuche de su pasión;

y que me roería, loca,

con sus dientes el corazón.

 

Poniendo en un amor de exceso

la mira de su voluntad,

mientras eran abrazo y beso

síntesis de la eternidad;

 

y de nuestra carne ligera

imaginar siempre un Edén,

sin pensar que la Primavera

y la carne acaban también…

 

Juventud, divino tesoro,

¡ya te vas para no volver!

Cuando quiero llorar, no lloro…

y a veces lloro sin querer.

 

¡Y las demás! En tantos climas,

en tantas tierras siempre son,

si no pretextos de mis rimas

fantasmas de mi corazón.

 

En vano busqué a la princesa

que estaba triste de esperar.

La vida es dura. Amarga y pesa.

¡Ya no hay princesa que cantar!

 

Mas a pesar del tiempo terco,

mi sed de amor no tiene fin;

con el cabello gris, me acerco

a los rosales del jardín…

 

Juventud, divino tesoro,

¡ya te vas para no volver!

Cuando quiero llorar, no lloro…

y a veces lloro sin querer…

¡Mas es mía el Alba de oro!

 

Rubén Darío

18 de enero de 1867

Ciudad Darío – Nicaragua

sábado, 17 de enero de 2026

AL VERTE, ¡OH GRAVE PINTURA!...

 


AL VERTE, ¡OH GRAVE PINTURA!...

 

Pintado por mi amigo el Sr. D. Ignacio Suárez Llanos

 

Al verte, ¡oh grave pintura!,

entrar en mis lares hoy

con mi edad y mi figura,

no sé qué vaga tristura

siento al decir: “Así soy.”

 

Tal vez pienso que mañana,

cuando de mi edad lozana

rastros queden solo en ti,

dirá mi vejez ufana

a mis hijos: “¡Así fui!”

 

Tal vez pienso que algún día

(cuando Dios llamarme quiera)

buscará tu compañía

esta dulce esposa mía,

para decir: “¡Así era!”

 

Tal vez pienso que quizá,

al cabo de muchos años,

nadie te conocerá,

y un extraño a otros extraños

dirá al verte: “¿Quién será?”.

 

Y que, al comprarte, atraído

por lo antiguo de tu traje

o por tu buen colorido,

les dirá: “’¡Este personaje

no debe haber existido!”

 

 

Pedro Calderón de la Barca

17 de enero de 1600

Madrid