A UNA POETISA LUSITANA
Pues las pides, en tu
busca
van mis flores
ignoradas,
con su modesto
perfume
y risueñas
esperanzas.
No temas, no, que en
sus hojas
tu labio encuentre al
besarlas,
ni punzadores
espinas,
ni amarga ofrenda de
lágrimas.
No temas, porque han
crecido
bajo el amparo del
alba,
a la margen de mis
ríos,
mirando cielos de nácar.
En sus diversos
colores
y en su pureza sin
mancha,
llevan débiles
reflejos
de los astros de mi
patria.
Son humildes, pero
tienen
infantiles
arrogancias,
cierto orgullo de ser
hijas
predilectas de la
Pampa
y celosas mensajeras
de mi tierra
americana.
Si los vientos de la
Europa,
desdeñosos, sesga el
ala,
no acarician nunca el
seno
de mis pobres
expatriadas,
guárdalas en tu
santuario,
tierna virgen
lusitana,
guárdalas para corona
de tus sienes
inspiradas,
donde, lejos de mi
tierra,
vivan cerca de tu
alma.
Si en las tardes del Montego,
o del Duero en las
mañanas,
estremece tu alma
virgen
tierna música de
cañas,
y del nido de tus
labios
vuela en versos tu
plegaria,
acuérdate del que un
día,
en las márgenes del
Plata,
enseñó tu dulce
nombre
a las cuerdas de su
arpa.
Rafael Obligado
27 de enero de 1851
Buenos Aires –
Argentina

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