Cuando,
infeliz, postrado por el hombre y la suerte,
en mi
triste destierro lloro a solas conmigo,
y agito
al sordo cielo mi grito vano y fuerte,
y,
volviendo a mirarme, mi destino maldigo,
y sueño
ser como otro más rico en esperanza,
tener su
mismo aspecto, gozar sus compañías,
y envidio
el arte de éste, del otro la pujanza,
hastiado
aún de aquello que me daba alegrías;
si en estos
pensamientos mi desprecio me espanta,
pienso en
ti felizmente, y entonces mi consuelo
como una
alondra a orillas del día se levanta
del mundo
oscuro, y canta a las puertas del cielo.
Tal
riqueza me ofreces, dulce amor recordado,
que
desdeño cambiar con los reyes mi estado.
William Shakespeare
26 de abril de 1564
Warwickshire - Inglaterra

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