lunes, 20 de abril de 2026

CANCIÓN AMOROSA



CANCIÓN AMOROSA

 

Cansados ojos míos,

ayudadme a llorar el mal que siento,

hechos corrientes ríos

daréis algún alivio a mi tormento

que tanto me atormenta.

Llora el perdido gusto

que ya tuvo otro tiempo el alma mía,

y el eterno disgusto

en que vive muriendo noche y día;

que estando mi alegría

de vosotros ausente,

es justo que lloréis eternamente.

¡Que viva yo pensando

por quien tanto de amarme se desdeña!;

que cuando estoy llorando

haga tierna señal la dura peña,

y que a su zahareña

condición no la mueven

las tiernas lluvias que mis ojos llueven!

¡Sombras que en noche oscura

habitáis de la tierra el hondo centro,

decidme ¿por ventura

iguala con mi mal el de allá dentro?

Mas ¡ay! que nunca encuentro

ni aún en el mismo infierno

tormento igual a mi tormento eterno.

¿Cuándo tendrá, alma mía,

la tenebrosa noche su ausencia

saldrá el alegre sol de tu presencia?

Mas ¿Quién tendrá paciencia?

Que es la esperanza amarga

cuando el mal es prolijo y ella es larga.

¡Oh tu, sagrado Apolo,

que del alegre oriente al triste ocaso,

el uno y el otro polo

del cielo vas midiendo paso a paso,

¿has descubierto acaso

desde tu sacra cumbre

el hemisferio a quien mi sol da lumbre?

Diráste, si lo esconde

en sus dichosas faldas el aurora,

lo mal que corresponde

a aquesta alma cautiva, que le adora;

y como siempre mora

dentro el pecho mío,

tan abrasado cuando el frío es frío.

Infierno de mis penas,

fiero verdugo de mis tiernos años,

que con fuertes cadenas

tienes el alma presa en tus engaños,

donde los desengaños,

aunque se ven tan ciertos

cuando llegan al alma llegan muertos.

Yo viviré sin verte

penando, si tú gustas que así viva,

o me daré la muerte,

si muerte pide tu piedad esquiva;

bien puedes esa altiva

frente ceñir de gloria

que amor te ofrece cierta la victoria.

Tuyos son mis despojos

adorna las paredes de tu templo;

que tus divinos ojos

vencedores del mundo los contemplo;

ellos serán ejemplo

de ingratitud eterna,

¡Ay ojos, quién os viera!

Que no hubiera pasión tan inhumana

que no se suspendiera

con vista tan divina y soberana.

Quedara tan ufana,

que el pensamiento mío

cobrara nuevas fuerzas, nuevo brío.

Si amor, que me transforma,

quitándome el pesado y triste velo,

me diera nueva forma,

volara, cual espíritu, a mi cielo,

y no abatiera el vuelo,

que yo rompiera entonces

de cualquier imposible duros bronces.

No estuviera seguro

el monte más excelso y levantado,

ni el más soberbio muro,

de ser por mis ardides escalado,

y a despecho del hado,

descendiera, por verte,

al reino oscuro de la oscura muere.

Mil veces imagino

gozando tu presencia, en dulce gloria,

y con gozo divino

renueva el alma su pasada historia;

que con esa memoria

se engaña el pensamiento,

y en parte se suspende el mal que siento.

Mas como luego veo

que es falsa imagen, que cual sombra huye,

aumentase el deseo,

y ansias mortales en mi pecho influye,

con que el vivir destruye:

que amor en mil maneras

me da burlando el bien, y el mal de veras.

Canción, de aquí no pases,

cese tu triste canto;

que se deshace el alma en triste llanto.

 

Cristobalina Fernández de Alarcón

1576 – 1646

Antequera (Málaga)


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