miércoles, 8 de abril de 2026

LA ESPERA INÚTIL

 



LA ESPERA INÚTIL

 

Yo me olvidé que se hizo

ceniza tu pie ligero,

y, como en los buenos tiempos,

salí a encontrarte al sendero.

 

Pasé, valle, llano y río

y el cantar se me hizo triste.

La tarde volcó su vaso

de luz ¡y tú no viniste!

 

El sol fue desmenuzando

su ardida y muerta amapola;

flecos de niebla temblaron

sobre el campo. ¡Estaba sola!

 

Al viento otoñal, de un árbol

crujieron los secos brazos.

Tuve miedo y te llamé:

“¡Amado, apresura el paso!

 

Tengo miedo y tengo amor,

¡amado, el paso apresura!”.

Iba espesando la noche

y creciendo mi locura.

 

Me olvidé de que te hicieron

sordo para mi clamor;

me olvidé de tu silencio

y de tu cárdeno albor;

 

de tu inerte mano torpe

ya para buscar mi mano;

¡de tus ojos dilatados

del inquirir soberano!

 

La noche ensanchó su charco

de betún; el agorero

búho con la horrible seda

de su ala rasgó el sendero.

 

No te volveré a llamar,

que ya no haces tu jornada;

mi desnuda planta sigue,

la tuya está sosegada.

 

Vano es que acuda a la cita

por los caminos desiertos.

¡No ha de cuajar tu fantasma

entre mis brazos abiertos!

 

Gabriela Mistral

7 de abril 1889

Vicuña – Chile

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