MUJERES CONDENADAS
Como bestias
inmóviles tumbadas en la arena,
vuelven sus
ojos hacia el marino horizonte,
y sus pies
que se buscan y sus manos unidas,
tienen desmayos
dulces y temblores amargos.
Las unas,
corazones que aman las confidencias
En el fondo
del bosque donde el arroyo canta,
Deletrean
el amor de su pubertad tímida
Y marcan en
el tronco a los árboles tiernos;
Las otras,
como hermanas, andan graves y lentas,
A través de
las peñas llenas de apariciones;
Donde vio
san Antonio surgir como la lava
Aquellas tentaciones
con los senos desnudos;
Y las hay,
que a la luz de goteantes resinas,
En el hueco
ya mudo de los antros paganos,
Te llaman
en auxilio de su aulladora fiebre.
¡Oh Baco,
que adormeces todas las inquietudes!
Y otras, cuyas
gargantas lucen escapularios,
Que, un látigo
ocultando bajo sus largas ropas,
Mezclan en
las umbrías y solitarias noches,
La espuma
del placer al llanto del suplicio.
Oh vírgenes,
oh monstruos, oh demonios, oh mártires,
De toda realidad
desdeñosos espíritus,
Ansiosas de
infinito, devotas, sastiresas,
Ya crispadas
de gritos, ay deshechas en llanto.
Vosotras,
a quien mi alma persiguió en tal infierno,
¡Hermanas
mías!, os amo y os tengo compasión,
Por vuestras
penas sordas, vuestra insaciable sed
y las urnas
de amor que vuestro pecho encierra.
Charles
Baudelaire
9 de
abril de 1821
Paris –
Francia

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