DESCARRILAMIENTO
Nos hemos despertado,
la máquina hecha
añicos,
disparados miles de
kilómetros,
con este malestar de
madrugada
en un campo sin árboles
entre pavesas frías,
magullados los huesos
y seco el paladar.
¿Cómo pudo ocurrir el
descarrilamiento?
Ahora mismo, hace un
rato,
ya no se si te
acuerdas,
íbamos por el campo
en un tren rojo
de pitidos triunfales
y el aire se metía
por todas las ventanas.
Ahora mismo, hace un
rato,
deja que te lo
cuente,
tuvimos en las manos
palancas, manivelas y
clavijas
de una locomotora que
inventábamos
casi sin darnos
cuenta.
Éramos fogoneros,
viajeros, revisores
en aquel gran tinglado
fulminante
solamente habitado
por nosotros.
“¿Te parece –te dije—
a doscientos por hora?”
Y tú manipulabas allí
gesticulando
a la luz de las
chispas que nacían.
Nos hemos despertado
entre pavesas frías,
magullados los huesos
y seco el paladar
en un paisaje inhóspito.
¿Cómo pudo ocurrir el
descarrilamiento?
Carmen Martín Gaite

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