martes, 6 de julio de 2021
PRESENTACIÓN DEL LIBRO "CAMINANTE" - GLORIA GÓMEZ - EN NOTTING HILL CULTURAL DE ALCALÁ DE HENARES.
jueves, 10 de junio de 2021
AHORA MISMO NO SÉ
AHORA MISMO
NO SÉ
Desconozco
y tiemblo al ver un horizonte con el brillo del metal
al
sentir la frialdad entre las sábanas cubriendo el futuro,
al
simular la belleza tras el interruptor
encendiendo
el mecanismo,
el
encontrar solo electrodos en lugar de palabras,
el
no palpitar ante otro cuerpo ardiente en el momento crucial,
el
encontrar un parpadeo mecanizado
en
lugar de la chispa en el mirar.
Tiemblo
al abrir la puerta
y
encontrar el brillo impoluto,
el
asado con exactitud,
el
abrazo milimetrado,
y
la luz verificada sin parpadeo
en
lugar de una huella al candor de la llegada,
un
plato clandestino a deshora,
la
estrechez entre tu cuerpo y el mío
o
el sol radiando la alcoba entre sombras.
Deploro
el futuro en tinieblas al caminar con un desconocido,
la
fría amalgama enredando mis sueños,
se
me eriza la piel
al
pensar un beso confundiendo labios,
tomar
la mano extrañando la rugosidad ferviente
o
caminar a la par del mecanizado vecino.
Desisto
invitar a ese género en mi casa,
que
robe mi intimidad en la noche,
y
se lleve las caricias tras la huella helada,
que
asemeje la lágrima de una despedida
y
escuche una voz digitalizada en mi oído,
sopese
los encuentros en la incertidumbre
sin
conocer la llegada de un abrazo.
Tiemblo
al pensar tu rostro bajo una máscara sincronizada,
tus
dedos tocando la sien con terminaciones polarizadas,
tu
cuerpo contoneándose al ritmo de los iones para la ocasión.
Veo
al tecno en el avance de una brutal encrucijada entre lo real,
lo
superfluo, lo clandestino y lo controvertido,
el
día a día,
instruyendo
nuestros pasos y nuestras vidas,
veo
la lejanía de una voz agitada
al
pronunciar la emoción,
los
extremos articulados
en
vez de las manos que elaboran el pan,
o
recorren mi cuerpo en la calidez de la tarde,
observo
la expresión inexpresiva en la tez
azuzando
entuertos,
provocando
llanto o simulando sonrisas.
Veo
implantar la comodidad del amanecer
en
el manejo de una computadora,
sustituir
el compañero por la articulación autómata
sin
equívoco en cualquier controversia,
asomar
a la ventana
y
ver seres caminando ensimismados
en
el pulso de la clavija
que
dirige el siguiente instante.
Advierto
una juventud
perdiendo
el encuentro de una flor
entre
las páginas de un libro
por
el tecleo de un paraíso inexistente
bajo
el reflecto polarizado entre sus dedos
al
caminar por la alameda
sin
percibir el aroma de una piel apasionada
y
los sueños dibujados en un verso
conmutados
por lo intempestivo
de
una conexión con lo incorpóreo.
Ahora
mismo no conozco la sintonía
que
adereza mi quietud,
desconozco
los sentidos
que
impulsan a escribir este verso,
mas
siento el bosquejo cómo se atraganta en la madrugada
al
pronunciar el deseo y perderse en lo etéreo
dejando
un rastro en la estrechez del pecho.
Ahora
mismo desconozco el final de este poema,
no
sé si algún androide
estará
manejando el teclado
mientras
el sueño hace su entrada en mí
cuando
los dedos acarician la última letra
y
el párpado advierte el caer de la noche sobre mi espalda.
Desconozco
lo impreciso al otro lado del espejo
y
la posible ingratitud
al
dar la vuelta a la hoja del calendario.
Ahora
mismo estas líneas azoran
el
desasosiego de una interrogación.
Gloria
Gómez
domingo, 6 de junio de 2021
AZUL ENTRE LA SOMBRA DE LOS BOSQUES
AZUL ENTRE LA
SOMBRA DE LOS BOSQUES
No
pude ver cómo te apartaban de mí
cuando
en el zaguán
deposité
la llave del adiós,
tras
de ti se iba el encanto de una época,
el
nudo en el pecho retenía una lágrima
condensando
el paso de varios lustros
floreciendo
en cada amanecer.
Tras
de ti se iban las sonrisas
atravesando
paisajes a la velocidad de un lucero,
los
primeros balbuceos
al
comienzo de una etapa sobre ruedas
mirando
la horizontal,
en
tu regazo se acomodaron los abrazos
al
son de acordes de todos los tiempos,
juntos
atravesamos fronteras entre norte y sur,
esbozando
encuentros en distinta dimensión.
Juntos
aprendimos el juego de letras
mientras
me conducías
a
la ventura nuevos amores,
tarareamos
coplas al son de vuelos
y
compartimos duelos
en
distancias cortas y ufanas.
En
tu regazo medró la juventud
que
a mi paso brotaba entre bosques,
luces
y sombras,
sobrepasándome
en valor y osadía,
probando
los primeros pasos,
devaneos,
esbozos
y
los sueños alcanzando libertad.
No
pude advertir cómo parecías recobrar
la
agilidad de otro tiempo,
como
queriendo seguir a la espera
del
próximo recorrido
al
son de nuestra música
y
nuestras confidencias,
abrazando
destinos y enseres,
rubricando
cartas de amor,
trazando
rutas a las estrellas en lo convexo del alma,
acercando
la piel de la distancia
en
pequeños recorridos,
como
en los viejos tiempos.
No
pude contemplar la senda que dejabas
caminando
hacia tu retiro,
llevándote
una parte mí,
una
lágrima contenida
a
punto de echar a correr hacia ti
al
ver de frente el instante
en
que parecías conocer tu destino
como
una pequeña alevosía.
En
ti quedan mis plegarias y alegrías,
la
prisa por llegar
y
la calma de la vuelta a casa
buscando
un lugar de calma para la noche,
en
mí aparece el vértigo,
cada
vez que vuelvo a pasar
por
la misma senda
y
el sol me trae a la memoria
un
tiempo entre la sombra de los bosques.
Gloria
Gómez
Cuadro: Claude Monet
domingo, 16 de mayo de 2021
POEMA, MADRE
POEMA, MADRE
Cuando
aparece el requiebro
y
la noche cae a plomo sobre la mirada,
siento
la necesidad del arrumaco pertinente,
dibujo
el rostro y la palabra precisa,
asomo
al cielo buscando la estrella con tu nombre
y
me visto con la vehemencia de un proferir
señalando
el punto a seguir
como
si fuera el último pétalo
cayendo
en el rastro diseminado
con
el arrojo envuelto en la seda de tus yemas.
Cuando
una voz sobresale de mis venas
clamando
amparo,
el
sentir desnudo,
el
frío erizando la piel,
retomo
el verso que acompasa la tarde
insinuando
tu luz, tu fuerza y tu aliento
cada
vez que el tiempo de ternura lo requiere.
Las
horas envueltas en naipes de la fortuna
recobran
atuendos subyugados al recuerdo
a
veces lejano y otras caminando
entre
los gestos de la mañana
y
los movimientos enlazados a rumbos nocturnos
aludiendo
el último señuelo.
Los
días siguen sin olvidar el olor a pan recién hecho,
sin
sopesar lo ardiente de una sublime caricia
cuando
el retorno al origen envuelve mi silueta.
La
necesidad de un halago
asoma
a la impronta niñez
en
la flaqueza de algún entuerto
tambaleando
el ritmo de mis pasos,
invocando
aquella fuerza emanada
de
la dulzura y firmeza de una justa palabra
como
el arraigo para sobrellevar lo difícil
de
un derrumbe al abismo.
Cuando
el gesto cristalino me rodea
recordando
la desfachatez imberbe,
y
el tiempo va hollando en el esplendor anhelado,
la
símil melancolía ensordece nuevamente la memoria
recobrando
la calma de un regazo,
extendiendo
el brazo
a
circundar la armonía dilucidada
con
la tenacidad aprendida
en
una sílaba de consuelo,
abrazando
a la vez otros cuerpos,
otros
rostros y contoneos
mostrando
la cadencia recibida
en
el intervalo de los días.
A
veces añoro la fortaleza
con
que implorabas al destino una luz suficiente
para
emprender la osadía sustraída,
a
veces al decaer en la fragua del azar,
aludo
en ese verso
rescatando
la quietud para mis venas,
y
la placidez del saber venerado.
Gloria
Gómez
Cuadro: Pierre Renoir
jueves, 13 de mayo de 2021
EL PRINCIPIO
Poema dedicado al medio ambiente, la naturaleza...
EL PRINCIPIO
El silbo del árbol
apacigua la noche,
con el cimbreo engatusa
las tórridas tardes de julio,
apunta vértices a lo
etéreo,
sobrevuela los tejados,
se entrelaza con las ramas
vecinas abriendo caminos,
aportando el frescor a las
almas.
Mas una mañana le visita
el acero
y de un sesgo se cae con
todo el peso de una era,
ya no sombrea el prado,
ya no acompaña el silbido
en la noche,
la luz y el fuego se
enardecen en la sien
el pájaro ya no aposenta
el nido
y el agua rescinde su
caudal.
Así, el amor se desgarra
cuando acude la crueldad
de la indeferencia
extendiéndose en la
almohada
rompiendo la mesura, entre
aquellos
que como el acero quebrantan
la paz.
O aquellos que con los
tambores
golpean sones de contienda
extendiendo el odio entre
la muchedumbre,
alejando padres de hijos,
atravesando los límites de
la cordura,
así el paisaje se
ennegrece carbonizando el aire que respiramos.
No dejemos de alzar el
canto
en pos de la belleza y la
caricia al entorno,
el juego del agua entre la
piel y la tierra
y las manos moldeando
surcos
fluyendo el agua de los
frutos.
Sin desistir en la lucha,
abanderando la dignidad
ante el ocaso y lo adverso,
manteniendo la fluidez en
la osadía del tiempo,
el color vuelve a
enriquecer la campiña tras la ventana.
Igual que la primavera
exalta nuestra savia
despertando otro amanecer
pletórico,
ensalzando nuevos
encuentros,
incitando a la lucha por
el pan;
el silbido del viento
susurrando distintas melodías,
el árbol, los arroyos, el
gorjeo de las aves,
desean la pureza en la
tierra.
Gloria Gómez
Abril 2021
jueves, 15 de abril de 2021
ESTARÁS EN EL RECUERDO
ESTARÁS EN EL RECUERDO
A Sergio
Lidid Céspedes
Estarás
en el recuerdo
cada
vez que alguien piense en don Alonso
como
el enamorado eterno de su propia Dulcinea,
cada
vez que alguien suba al tren
que lleva el recorrido cervantino suscitando la
sonrisa
al
elevar la palabra en forma de lanza
a
los poderosos
en
forma de molino
buscando
ecuanimidad entre correligionarios
de
diferentes mesetas.
Estarás
en el recuerdo
al
pronunciar esos versos lanzados al espacio
rescatando
una pequeña alegría a la mansedumbre
en
sus monótonas horas
mediando
entre la necedad y la cordura
sin
saber si el próximo amanecer el pan llegará a la mesa.
Estarás
en el recuerdo entre versos alocados y tarimas de coliseo entremezclando
albores de la estepa
y
desvelos al silbo de araucaria
extendiendo
haces de otro hemisferio
en
el fondo del océano al brindar por incertidumbres
al
desconsuelo de los aplastados en el fango
o
los osados a romper la barrera del tirano.
Algunos
te recordaremos disfrazado
engalanando
la sencillez de un pueblo a la deriva
buscando
la ternura en la sublimación de esa mirada
trayendo
la serenidad de una sabiduría
albergada
en el correr del tiempo
entre
la adversidad de lejanos continentes.
Recordaremos
los versos alocados de Margarita
y
la solemnidad del poeta al otro lado del océano,
la
placidez de tus palabras
en
una tarde de abril dilucidando futuros
sobre
urnas de cristal avecinando sombras,
el
aplauso reconocido
de
tertulias en las calles las tardes de verano,
el
saber incógnito de una armadura
evocando
el adalid caballero
encarnando
el eterno enamorado de la belleza,
desprendiendo
la sonrisa perdida entre avatares humildes,
sosegando
el tiempo en la serenidad de tu voz.
Gloria
Gómez
Abril
2021
domingo, 11 de abril de 2021
¡QUÉ PENA!
¡QUÉ PENA!
¿Qué pena si este camino fuera de muchísimas leguas
y siempre se repitieran
los mismos pueblos, las mismas ventas,
los mismos rebaños, las mismas recuas!
¡Qué pena si esta vida nuestra tuviera
-esta vida nuestra-
mil años de existencia!
¿Quién la haría hasta el fin llevadera?
¿Quién la soportaría toda sin protesta?
¿Quién lee diez siglos en la Historia y no la cierra
al ver las mismas cosas siempre con distinta fecha?
Los mismos hombres, las mismas guerras,
los mismos tiranos, las mismas cadenas,
los mismos farsantes, las mismas sectas
¡y los mismos, los mismos poetas!
¿Qué pena,
que sea así todo siempre, siempre de la misma manera!
León Felipe
jueves, 8 de abril de 2021
AMOR AMOR
Recordando a Gabriela Mistral en su aniversario
AMOR AMOR
Anda libre
en el surco, bate el ala en el viento,
late vivo
en el sol y se prende al pinar.
No te
vale olvidarlo como al mal pensamiento:
¡le
tendrás que escuchar!
Habla lengua
de bronce y habla lengua de ave,
ruegos tímidos,
imperativos de mar.
No te
vale ponerle gesto audaz, ceño grave:
¡lo
tendrás que hospedar!
Gasta trazas
de dueño; no le ablandan excusas.
Rasga vasos
de flor, hiende el hondo glaciar.
No te
vale decirle que albergado rehúsas:
¡lo
tendrás que hospedar!
Tiene
argucias sutiles en la réplica fina,
argumentos
da sabio, pero en voz de mujer.
Ciencia humana
te salva, menos ciencia divina:
¡le
tendrás que creer!
Te echa
venda de lino; tú la venda toleras.
Te ofrece
el brazo cálido, no le sabes huir.
Echa a
andar, tú le sigues hechizada aunque vieras
¡que eso
para en morir!
Gabriela Mistral
jueves, 1 de abril de 2021
UN AÑO SIN TUS ABRAZOS
UN AÑO SIN TUS ABRAZOS
Vuelve el verdor a
los valles, como hace un año,
y parece que fue
esta mañana, la última despedida,
el almendro vuelve a
dar su fruto,
igual que hace un
año en medio del holocausto,
tus besos se fueron
tras la ventana,
aún sin regreso
como si fuera ayer,
como si solo
hubieran pasado unas horas.
El agua del río
fluye, como si nada,
acaricia otras
flores,
la corriente
adormece la noche como ayer
cuando adormecía
entre tus brazos el tiempo que se fue.
La sombra sigue
cubriendo las almas
y no parece que
hayan pasado largas horas,
se fueron algunas
sonrisas
diluidas en el
viento alejando el eco de la sutil entraña,
los adioses se
disiparon tras el manto del temor,
y el reloj sigue
marcando los minutos
como cada noche sin
tu aroma.
Todo parece igual,
mas el vecino ya no
baja la escalera,
el abuelo no parte
el pan,
el compañero se
llevó la última sonrisa,
la madre ya no acuna
su regazo,
el amigo no acoge en
la desdicha,
el aula sin maestro,
el cartero
desaparece en el camino,
el compadre no baila
con la novia,
y todo parece que no
pasó.
Bailábamos todos,
reíamos todos,
las pieles se tocaban
sin resquemor,
sin apreciar el
valor, el peso de la vida cayó
como un rayo
magnicida sobre la frente,
la tierra tembló y
no por un terremoto,
aún acoge réplicas,
aún seguimos
añorando el ayer,
aún arrastramos lodo
en la mirada,
resquebrajamos la
dignidad del entorno,
y las pequeñas cosas
que alientan nuestra espalda.
Seguimos sin
apreciar la suma del encuentro,
como ayer,
seguimos clavando
espinas en el extraño,
como ayer
vacilábamos entre extender la mano al náufrago
o soltar amarras al
doblar la esquina.
Al principio el
temor aunaba entre contrarios,
las palmas se
extendían haciendo estruendo,
la luz parecía abrir
armonías tras la puerta,
el deseo imponía el
reparto de cordialidad
a encontrarse de
nuevo estrechando distancias,
la esperanza cubría
la desnudez,
mas el ímpetu se
volatiliza al paso de las estaciones
y al igual que ayer
el árbol vuelve a dar fruto,
las aguas siguen su
curso,
el monte otea los
valles,
los campos humedecen
la sombra,
y el valor a la
libertad vuelve a enturbiar los caminos.
Tus abrazos aún sin
regreso,
siguen velados tras
la máscara marcando el límite,
como si hubieran
pasado lustros,
a veces segundos,
a veces un abismo y
otras sin medida
como estaban ayer,
tras otra máscara
marcando otros
límites.
Gloria Gómez Candanedo
Cuadro: La siesta de
Picasso por Carlos Fernández
sábado, 12 de septiembre de 2020
PAN CON CHOCOLATE
PAN CON CHOCOLATE
El romper del agua en
las piedras
fluye el sabor de aquel
corrusco de pan
al salir de clase,
las manos de tinta
queriendo descubrir
horizontes
lejanos a la verja,
el vestido de inocencia
trastabillando
alrededor de los juegos de infancia
rebrotan en la retina.
Mientras las manos sostienen
el trigo,
sueños azoran en la
ilusión
de un mañana prometedor
pero sin dejar el
rosal,
un camino de aventuras
sin olvidar la simiente
y una casita en el ecuador
de la templanza y la pujanza
sostendría el eje del
amor.
El paso del tiempo
se llevó la dulzura
tendida sobre el mantel
y una lágrima sin
querer
despierta otros signos
acompañando éstas páginas
donde pongo la rúbrica
de una odisea
grabada en el pergamino
de la distancia.
Ningún sueño de
aquellos se hizo realidad,
otros nombres y otras
almas
recorren el camino en
el abrir los días a mi ventana,
y desde la distancia
del tiempo
la evocación se adueña
del sosiego.
Al andar el camino vi
guerras distintas
al libro de aventuras,
los pétalos tras la
huída marchitaban
y las espinas dejaban
herida en la piel,
al ver hombres sin
machete dañando vestigios de libertad,
el hambre recorriendo
las calles,
gente durmiendo a la
intemperie,
la soledad enquistada
en la vejez
y el pavor de una mujer
huyendo de su malhechor.
Más, otras vidas
recuerdan los mismos ojos
y las mismas manos que
deletrean
cada grano de azúcar en
mi almohada.
Otras meriendas en otra
distancia
pero con la misma
canción
me estremecen haciendo
sentir la vida,
caligrafiando hojas
nuevas en el eslabón,
uniendo cualquier
concordancia
permaneciendo en la lámina
de este verso.
Gloria Gómez




