DÉJATE VIVIR
Déjate de
imperialismos atómicos
no des la espalda y
piérdete en lo que celebra
en lo que ordena y da
forma
a la arcilla del muro
que se alista sin contemplaciones.
No temas a las
encrucijadas
a ser alguien más que
una huida del silencio.
Déjate de sofismas y
hollines en los mohines de la tierra,
de lo que ahora
brilla y que fue tenue alguna vez
de la luz que sufre
tras la lámpara
del rubor clandestino
y el soporte en la luna llena.
Déjate vivir, déjate
de ser lo que buscas
de lo menguante y lo
creciente
de acortar distancias
entre lo que debería y lo que es.
No rumies ante esa
zanja, esto es la vida
déjate ya, déjate que
hay padres y niños y cielos giratorios
hay partes y hay
todo, hay nada y herradura.
Pasos, pasos… próximo
y anterior
elevar el pie
ni costilla ni
castillo
déjate vivir, sonríe,
despierta con holguras
déjate diferir. Difiere,
indigéstate y gesta todas tus palabras
sáltalas, aloquécelas,
pertúrbate en sus ansias y en la
copa vacía
déjate despótico y
brutal del fugaz momento
y ve a prisión con
tus acreedores
conversa sobre la
aporía de la libertad con Dostoyevski,
quieren hacer estepa
con el corazón
de todos sus
conciertos,
cultiva un huerto y
ponlo en la circunferencia del mundo.
Atrévete, déjate
vivir.
Si del mar no se
elevase el agua
¿acaso importaría tu
opereta?
Laura López
Del libro: “Cuando el
cuerpo no pesa”.
Poesía Grupo Cero

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