YO QUISIERA TENER LAS VOCES
Yo quisiera tener las
voces
las que sirven para
decir amor.
La voz de la madre
que desde la ventana
¡adiós! Dice al hijo
que se va al mar.
--Y la voz de la
madre, que desde la puerta,
¡bienvenido seas! Dice
al hijo que viene del mar—
Y también al hombre,
o al amante.
Para decir amor tiene
que haber voces como de bosque
o de río en cascada,
y aun otras
suaves como una piel
suave.
La voz de Francisco
para decir amor a toda cosa
y voces de amor
carnal, casi suspiros.
Y al final, cuando
tuviera todas las voces,
--¡adiós, enamorada mía,
que vas a mondar
arroz a las lagunas;
adiós, dama de Duino
que lloras lágrimas
de oro y encaje de Venecia!—
al final, digo, ser
dueño de esa voz secreta
que solamente un oído
escuche,
que viene como viene
la noche,
sin saber de donde
poniéndose su blusa
de estrellas.
Álvaro Cunqueiro
22 de diciembre de
1911

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