PUEBLO
Pero ¿qué son las
armas: qué pueden, quién ha dicho?
Signo de cobardía
son: las armas mejores
aquellas que
contienen el proyectil de hueso
son. Mírate las
manos.
Las ametralladoras,
los aeroplanos, pueblo:
todos los armamentos
son nada colocados
delante de la terca
bravura que resopla
en tu esqueleto fijo.
Porque un cañón no
puede lo que pueden diez dedos:
porque le falta el
fuego que en los brazos dispara
un corazón que viene
distribuyendo chorros
hasta grabar un
hombre.
Poco valen las armas
que la sangre no nutre
ante un pueblo de
pómulos noblemente dispuestos,
poco valen las armas:
les falta voz y frente,
les sobra estruendo y
humo.
Poco podrán las
armas: les falta corazón.
Separarán de pronto
dos cuerpos abrazados,
pero los cuatro
brazos avanzarán buscándose
enamoradamente.
Arrasarán un hombre,
desclavarán de un vientre
un niño todo lleno de
provenir y sombra,
pero, tras los
pedazos y la explosión, la madre
seguirá siendo madre.
Pueblo, chorro que
quieren cegar, estrangular,
y salta ante las
armas más alto, más potente:
no te estrangularán
porque les faltan dedos,
porque te basta sangre.
Las armas son un
signo de impotencia: los hombres
se defienden y vencen
con el hueso ante todo.
Mirad estas palabras
donde me ahondo y dejo
fósforo emocionado.
Un hombre desarmado
siempre es un firme bloque:
sabe que no es
estéril su firmeza, y resiste.
Y los pueblos se
salvan por la fuerza que sopla desde
todos sus muertos.
Miguel Hernández
Cuadro: "La gallinita ciega" de Francisco de Goya

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